Icebergs

A todos nos gustan las fotos de los polos congelados de la Tierra: colores azules cristalinos y blancos impolutos, repartidos de manera más o menos uniforme, bañados por el sol en un día claro.

Sí, todo eso está muy bien. Pero a veces, cuando ya has asimilado la belleza de ese orden aparentemente imperturbable, aparece esto.

Fuente: amusingplanet.

¡Pero si está hecho de hielo! ¡Y el hielo no tiene esos colores! ¿No…? 🙁

No, claro, el hielo en sí, no tiene una gama muy amplia (a parte de una tonalidad azul en ciertas condiciones).

La mayoría del hielo que cubre los polos es un amasijo de capas de nieve compactadas bajo su propio peso. Entre copo y copo siempre quedan pequeños espacios ocupados por aire que, al comprimirse y fusionarse esta en un bloque de hielo, queda atrapado en su interior.

Es un efecto parecido al de la espuma: cuando el agua se llena de burbujas muy pequeñas, tan sólo vemos una masa blanca e irregular que desvía la luz en todas direcciones, impidiendo que podamos ver su interior. El hielo de un iceberg es más o menos lo mismo, aunque en estado sólido y por debajo de la temperatura de congelación.

Una consecuencia curiosa de esto es que, al fundirse el hielo, este aire atrapado a presión queda liberado repentinamente y emite un sonido similar al de una pastilla efervescente mientras el iceberg se deshace, de la misma manera que hace la espuma al disiparse.

Vale, vale, pero háblame ya de los colores.

A veces parte del iceberg puede fundirse, ya sea por un cambio temporal de las temperatura o por un aumento de la salinidad, formando charcos o depósitos de agua algo menos salada sobre el hielo. Cuando vuelven a bajar estas temperaturas y el agua se congela de nuevo, ya no hay pequeñas burbujas de aire atrapadas dentro del agua y se forma un bloque macizo de hielo más o menos transparente. Entonces quedan cosas como esta…

En este caso, el agua que llenaba la grieta se ha congelado. Fuente: amusingplanet.

… o esta.

En este otro, eeeh… Magia (no, supongo que filtraciones). Fuente: amusingplanet.

Pero el azul no es la único tono del catálogo helado.

Como ya tenemos más o menos asimilado, un iceberg es un pedazo de hielo de una placa mucho mayor que se desprende y cae el mar, un proceso mucho menos bonito de que la descripción podría sugerir.

Muchas veces, la temperatura de la superficie del hielo es mucho menor que la del agua sobre la que cae, por lo que el agua marina se congela instantáneamente al tocar la superficie del recién formado iceberg.

Es entonces cuando todo el pláncton, bacterias y vida microscópica general, que había flotando en el agua queda fijado en el hielo (ya sea en su superficie o en el interior de las grietas), confiriéndole al iceberg una tonalidad de este estilo.

Perdón por la calidad, pero hay un tipo de lechuga que se llama “iceberg” y la búsqueda en Google degeneraba muy rápido.
Fuente: amusingplanet.

Pero aún podemos ir un paso más allá: el hielo de la placa inicial puede estar anclado al suelo rocoso e ir resbalando poco a poco hacia el mar, arrastrando consigo sedimentos que pueden ser de cualquier color, dependiendo del tipo de roca que tengan debajo. Cuando, por fin, el hielo cae al mar y oficialmente se convierte en un iceberg, una capa de agua se congela sobre su superficie, fijando todo el sedimento que arrastraba el hielo en su estructura.

Ese sería el caso de la imagen expuesta al principio.

El mismo iceberg, desde dos ángulos diferentes. Fuente: amusingplanet

Y nada, la entrada termina con tres rompehielos apartando un iceberg del canal de acceso a la base McMurdo, en la Antártida, en 29 de diciembre de 1965, porque no tenía ni idea de que esto podía hacerse sin perder a la mitad de la tripulación.

Fuente: history.navy.mil.

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