La señal “Wow!”

El 15 de agosto de 1977, el corazón de Jerry R. Ehman dio un vuelco al recibir este aterrador mensaje:

Ehman trabajaba para el proyecto SETI, una red de antenas dedicada a rastrear el cielo en busca de posibles señales de radio emitidas por alguna civilización extraterrestre. Ese día en concreto, estaba trabajando con el radiotelescopio “Big Ear” cuando de la impresora salió la siguiente tira de papel.

Incapaz de contener la emoción, Jerry cogió su boli rojo, rodeó con pasión aquellas letras y escribió “Wow!” junto a ellas, bautizando el momento sin querer.

Ya, todo esto está muy bien, pero ¿Y qué pasa con 6EQUJ5? 

Ante nada, hay que tener en cuenta que 6EQUJ5 no significa literalmente 6EQUJ5.

El cometido de los radiotelescopios es captar ondas de radio que provienen del espacio, pero éstas no son una especie de código morse que puedes escuchar y descifrar mirando una tabla. Más bien, nos llegan como un amasijo caótico de señales dispares, así que se la propiedad que se analiza es su intensidad.

La tarea es más difícil de lo que parece, ya que muchos fenómenos naturales producen ondas de radio, sobretodo en el espacio. Planetas, galaxias, nubes de gas… Casi cualquier cosa que se precie más allá de la atmósfera parece emitir señales de radio, que no son otra cosa que luz con una longitud de onda muy larga (alguien nos mandará asesinar por esta simplificación). Trataba el tema en esta entrada sobre el color de los espejos.

Por suerte, las ondas de radio nos llegan de manera bastante uniforme desde todas las direcciones del cielo por lo que, con el equipo adecuado, puede desarrollarse un sistema capaz de diferenciar una señal que tenga unas características diferentes a la “media” y, como ya he dicho, ahí es donde entran en juego los radiotelescopios, preparados para detectar ráfagas de radiación más intensas de lo normal.

Para no andarse con tonterías y unidades a la hora de medir la intensidad de estas ondas, en el proyecto SETI usan un código muy simple: miden todo en función de la radiación media recibida. Es decir, que si aparece impreso un número 4 en el papel, quiere decir que se ha encontrado una señal 4 veces más potente que la radiación media que recibimos de fuentes naturales.

Bueno, ¿Y qué? ¿Sólo por recibir una señal algo más potente vamos a pensar que los extraterrestres intentan comunicarse con nosotros?

Echemos un vistazo a los resultados.

Un espacio vacío en el papel corresponde a una señal con un valor de entre 1 y 0. Es decir, no es más que la radiación de fondo promedio de la que hablaba.

Por otro lado, los números del 1 al 10 corresponden a intensidades de hasta 10 veces el valor de la radiación promedio, pero los investigadores del SETI se dieron cuenta de que les faltaban números para poder seguir haciendo su escala, así que asignaron el valor “A” al rango de intensidades entre 10 y 11, “B” entre 11 y 12… Y así para todo el resto del abecedario.

Por tanto, 6EQUJ5 significa que se han recibido 6 señales con las siguientes intensidades: 6, 16, 27, 31, 19, 5.

Otra cosa que hay que tener en cuenta es que, en aquella época, los radiotelescopios del SETI escaneaban el cielo a medida que la Tierra iba rotando, lo que significa que las antenas podían estar enfocadas hacia un punto, como mucho, 72 segundos.

Imaginemos que algo emite una señal inusualmente fuerte en un punto del espacio.

Cuanto más lejos viajen las ondas de radio, más energía van a perder por el camino. Entonces, la señal será más intensa a medida que nos acerquemos al foco de emisión. O, lo que es lo mismo,

La flecha roja representa el recorrido que va analizando el radiotelescopio al tiempo que la Tierra rota.

Siguiendo esta trayectoria, lo primero que debería notar la antena al llegar al punto 1 es un ligero aumento de la señal respecto a la radiación de fondo, que se intensificaría a medida que se acercara hasta el punto 2, donde la intensidad de la señal alcanzaría un máximo por estar justo encima del foco de emisión. Después, a medida que se alejara hacia el punto 3, la señal volvería a debilitarse hasta fundirse de nuevo con la radiación de fondo. Todo durante 72 segundos.

Y eso es justo lo que vemos en los resultados.

Crédito: Maksim Rossomachin.

Por si no había quedado claro, recordemos que las letras representan en realidad las intensidades de la señal, por lo que “U” alcanza un pico en 31, el máximo jamás registrado en el programa SETI, con mucha diferencia.

Los científicos estaban perplejos, no sólo porque aquella señal era 31 veces más potente que la que cualquier fuente natural puede producir, sino también porque la frecuencia de la onda oscilaba entre 1420.365 y 1420.4556 MHz (1 Hz, o Hertzio, equivale a una oscilación por segundo, por lo que 1420 MHz son 1420 millones de oscilaciones por segundo).

Estos dos números son relevantes ya que, justo en la mitad, a 1420.405 MHz, se encuentra el espectro de emisión del hidrógeno, que es la frecuencia en la que emite ondas de radio este elemento al entrar en resonancia.

El hidrógeno es el elemento más abundante del universo, y tanto le da arremolinarse para formar estrellas como amontonarse en nubes de muchos años luz de largo y formar nebulosas inmensas o combinarse con oxígeno para formar agua. Por esta razón, las emisoras de radio terrestres (y con esto quiero decir “fuentes de emisión de radio”, no “los 40 principales”) tienen prohibido usar esta frecuencia, para que no interfiera con las mediciones astronómicas.

Por eso los científicos no sabían qué pensar. ¿Podrían estar ante una señal extraterrestre que quería demostrar su comprensión de las leyes de la naturaleza y, por tanto, su inteligencia?

Al equipo se le ocurrió luego intentar rastrear de donde provenía la señal, y quedaron aún más intrigados al descubrir que venía de un sitio donde no había absolutamente nada, sólo espacio vacío.

Fuente: wikipedia.

En los meses siguientes, el equipo del SETI rastreó la zona una y otra vez buscando de nuevo la señal, sin éxito, por lo que los científicos decidieron que los resultados eran inconcluyentes.

Jerry R. Ehman estaba tan ofuscado con los resultados que, durante mucho tiempo, defendió que tenía que tratarse de alguna onda de radio reflejada por un pedazo de basura espacial en unas condiciones tan concretas que dejaba de ser descabellado suponer que la señal “Wow!”  era de origen extraterrestre.

Y esta es la historia.

¿Fue realmente una rara casualidad protagonizada por un pedazo de basura espacial? ¿Una fuente natural de radio desconocida? ¿O tal vez una nave extraterrestre mandando sus últimas señales de socorro en medio del vacío interestelar antes de agotar por completo sus reservas de energía?

El tiempo lo dirá, ya sea por medio del silencio o de una horda de naves alienígenas capitaneadas por un grupo de sádicos espaciales dispuestos a esclavizarnos.

11 pensamientos en “La señal “Wow!””

  1. Felicidades por la web.. currada, currada. Con respecto a lo de este tema en cuestión me huele a una EPIC broma como pocas… si aún está entre nosotros que pregunten al informatico que se curro los reporrts, que pregunten, ya verán como se pone colorado xD… creía que no iba a pasar de unas risas y cuando se hizo tan gorda la cosa prefirió callarse… broma LEGEN….DARIA jajaja

  2. Trabajar en el SETI debe ser muy pero que muy frustrante, dedicarte años enteros para no recoger nada. Siempre esperando algo nuevo pero que la realidad se impone y nunca llega. Ya conocía el artículo, y me encanta. P.D Como me gusta tanto la ciencia, la historia, la cultura, etc. Al final he hecho caso al anuncio y me he suscrito a National Geographic. Estoy esperando que me llegue mi primer número. Y todo gracias a Ciencia de Sofá.

  3. No se pero me suena que leí algo o vi algún documental, que decían que se dejaron el microondas que usaban los científicos conectado y por eso detectaron esa señal. Es posible?,, o me lo invente yo…
    O simplemente son malas lenguas para desacreditar.
    Gracies i bona feina amb el blog.
    Sergi de Barcelona.

  4. Muy bien explicado. Ya habia visto esto antes en documentales pero nunca tan comprensible. Q lastima no te hubiera tenido de profe hace 29 años!

Deja un comentario