Luz verde

¿Y si os decimos que, justo antes de que el sol desaparezca tras el horizonte o emerja por el él, emite un breve destello de luz verdosa? ¿No? ¿No cuela?

Pues así es.

Crédito: este colaborador de wikipedia.

¡Pero si he visto cientos de puestas de sol y nunca he presenc…!

Madre mía, ¡¿Te quieres callar?!

El responsable de este fenómeno es la refracción, la desviación que sufre la luz cuando cambia de medio, en este caso, las diferentes capas de la atmósfera,. La refracción puede apreciarse, por ejemplo, alrededor de superficies muy calientes o al meter un objeto en un vaso de agua.

Cuando vemos el sol terminar de ponerse tras el horizonte, en realidad hace rato que el sol ya no es visible por pura geometría, pero las diferentes densidades de las capas de nuestra atmósfera curvan la luz hacia nuestros ojos usando el mismo principio que tiene lugar cuando ocurre un espejismo: desvían la luz de un objeto distante hacia otro lugar, sólo que a gran escala.

Moraleja: todas tus fotos mirando puestas de sol en la playa con aire pensativo te están dejando en evidencia.

Ya habíamos comentado en esta entrada sobre el color de los espejos que la luz está compuesta por diferentes longitudes de onda, y cada longitud de onda es intepretada por nuestros ojos como un color distinto. Según las propiedades de cada tipo de onda, éstas se ven afectadas de manera ligeramente distinta por el fenómeno de la refracción.

Por ejemplo, la componente de color azul de la luz solar es un poco más susceptible a ser curvada por refracción que el verde y el rojo con lo que, cuando el sol ha desaparecido tras el horizonte, el color azul es desviado hacia el suelo mucho antes de llegar a nuestros ojos y, por tanto, no podemos verlo. La luz roja y la verde, en cambio, no se desvían tanto de su camino y son capaces de llegar hasta nosotros.

Imagen original: hyperphysics.hpy-astr.gsu.edu

Pero, desengañémonos: por muy buenas que sean las condiciones de observación, es prácticamente imposible observar los rayos de luz verdes a simple vista.

En la figura anterior hemos representado el fenómeno de manera exagerada porque, si siguiéramos la escala real, los colores están separados por un ángulo tan cerrado que nos resultaría imposible plasmarlo en una imagen (lo hemos intentado). El hecho de que, para poder observar el efecto, tengamos que experimentarlo a escala planetaria lo dice casi todo. Para hacernos una idea, los rayos de luz rojos y los azules, los más distantes entre sí, están separados por un ángulo de tan sólo 0.006 grados.

Que las cosas lleguen tan juntas a nuestros ojos es un problema. En la siguiente imagen simulamos lo que ocurre en el interior del ojo cuando llegan dos rayos de luz de diferentes colores superpuestos.

Nuestra retina está cubierta de pequeños fotorreceptores llamados conos y bastones. Los bastones no nos interesan, porque no son capaces de procesar colores y se encargan de la visión en condiciones de poca luz. Los conos, por su parte, son los encargados de transmitirnos el color de las cosas. Hay tres tipos de conos: los que detectan luz azul, luz roja y luz verde.

En el dibujo hemos representado los conos como una especie de fideos muy juntos.

Cuando llegan rayos de color rojo o verde a un grupo de conos, estos simplemente transmiten la información al cerebro (1) y no hay problema mayor.

Pero, si dos rayos de luz están viajando en un ángulo muy cerrado y terminan impactando sobre un mismo grupo de conos, el cerebro mide la cantidad cantidad de conos de cada tipo que están siendo estimulados por cada color y mezcla la tonalidad resultante en función de ello (2). Para el caso de la puesta de sol, nos llega una mayor cantidad de luz roja que verde, por lo que nuestro cerebro interpreta la luz en tonalidades anaranjadas y amarillas.

Es decir, que prácticamente la única manera de poder observar este fenómeno a simple vista es con unas condiciones de observación óptimas muy poco frecuentes, limitadas a ciertos perfiles topográficos… O con una cámara muy buena.

Una lástima.

Aunque tampoco perdemos nada por intentar fijarnos mejor.
Crédito: apod.nasa.gov.

9 pensamientos en “Luz verde”

  1. quiero ver el sol verde un día, ve buscando las condiciones óptimas de observación poco frecuentes. Pd: también quiero una ardilla japonesa enana voladora. Z.

  2. Hola Ciencia de Sofá! No se si entra dentro de lo que sueles explicar pero hablas de los conos en los ojos… Podrías algún día hablar sobre el porque del Daltonismo y sobre los avances que puede haber en el en un futuro próximo?
    Un abrazo y muchas gracias por todas estas publicaciones… lo creas o no la del Efecto Coriolis me ayudo mucho en un examen!

  3. “El rayo verde”, una novela menor (muy menor) de Julio Verne, trata este tema, acompañándolo con el mito que el que vea un rayo verde sabrá las respuestas a alguna pregunta importante. O algo así era.

  4. Hay un libro de Julio Verne basado en este fenomeno que se llama “El rayo verde”, el cual es una novela romantica basada en una antigua tradicion escocesa (o inglesa) donde dice que si dos personas ven juntos el rayo verde (cosa que es muy dificil) ambas se enamoraran una de otra automaticamente y pueden tener garantias de que su amor sera para siempre…

  5. Mi familia y yo hemos visto el rayo verde en dos ocasiones. La primera desde La Palma, la observamos varias personas de manera totalmente sorpresiva y antes de conocer su existencia. Lo vimos claramente varias personas que exclamamos a la vez por la sorpresa.

  6. Lo vi dos amaneceres consecutivos desde El Campello (Alicante) con unas condiciones atmosféricas muy nítidas, siendo visible apenas 1 segundo antes de aparecer las tonalidades naranjas del sol. El uso de prismáticos facilita verlo.

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