Tristán de Acuña

Nos gusta muchísimo Google Earth y, haciendo el tonto en medio del Océano Atlántico (método infalible para encontrar cosas curiosas), hemos terminado aquí.

Poco dice la imagen a parte de que, mires en la dirección que mires alrededor de estas islas, no se puede ver ni rastro de Tierra, pero sí la curvatura de la superficie terrestre (aunque, para ser sinceros, tampoco sabemos si Google la exagera). 
Activando las etiquetas, hemos visto que esto es el archipiélago de Tristán de Acuña, compuesto por tres islas de las cuales sólo una contiene un asentamiento permanente y resulta ser el lugar habitado más remoto del planeta

La población más cercana está a 2454 km, en la isla de Santa Elena, que tiene la mitad de superficie y casi 16 veces más habitantes. Eso no impide que unos 271 residentes vivan en esta isla de 201 kilómetros cuadrados que pertenece al Reino unido y cuya capital (y único poblado) es “Edimburgo de los Siete Mares”.
¡Déjate de Google Earth y enséñanos fotos reales!

No hay demasiadas fotos de Tristán de Acuña en internet en las que se pueda apreciar claramente la topografía de la isla. Estas son una vista aérea y otra desde el mar.

Y, sí, como seguramente hayáis deducido de las imágenes, la isla es en realidad un volcán. De hecho, en 1963 entró en erupción y su población tuvo que ser evacuada al Reino Unido durante un tiempo. Fue entonces cuando ocurrió algo curioso.
Algunos habitantes de la isla enfermaron de cosas como gripe, una enfermedad que en Tristán de Acuña no existe debido a su aislamiento y algunos ancianos murieron a causa de ello. Pudo estudiarse un poco a la población refugiada y se encontró que la incidencia de enfermedades genéticas (como el asma o el glaucoma) era mucho más alta de lo normal entre ellos porque… Bueno, 271 personas en medio del mar… Al final todo el mundo es, como mínimo, primo de alguien. Ya sabéis lo que queremos decir.
De hecho, las 80 familias que viven en Tristán de Acuña se reparten sólo 8 apellidos: Glass, Green, Hagan, Laverello, Repetto, Rogers, Swain y Patterson. 
Parece un poblado idílico, sí, pero de media cada habitante 

La cuestión es que casi todo el mundo volvió a Tristán de Acuña después de la erupción pero, al llegar a sus casas, encontraron que esta había afectado al poblado. Los perros, sueltos por la isla durante ese tiempo, habían matado a su ganado y, por si esto fuera poco, incluso los piratas habían saqueado la isla. Pese a todo, todo el tinglado fue reconstruido y hoy en día sigue siendo la colonia más remota del mundo gracias al comercio con langostas y pescado y su gestión del limitado terreno (de uso común) a la hora de cultivar y mantener al ganado.
Hasta hace poco, la única vía de comunicación con el resto del mundo que tenía Edimburgo de los Siete Mares era un teléfono/fax y un barco que visitaba el lugar una vez al año con medicinas, revistas, provisiones y artículos variados.
Y, ahora que están empezando a instalar servicios decentes de internet, tenemos la esperanza de que alguno de sus habitantes llegue hasta esta entrada, no la entienda, la pase por el Google Translator, se haga una idea aproximada, se ponga en contacto con nosotros y nos empiece a mandar fotos de Tristán de Acuña a mansalva.

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