Glaucus Atlanticus

Pocos animales tienen tan poco merecido su nombre como el glaucus atlanticus, perteneciente al género de las babosas de mar.
Debería llamarse ángel de mar, como mínimo, pero ya estaba pillado por
un animal mucho más cursi e inofensivo.
Esta extraña criatura vive en aguas templadas y tropicales de todo el mundo y aprovecha una bolsa de gas que tiene en el estómago para flotar en la superficie. No sólo eso, sino que flota boca arriba. Es decir, que este colorido mosaico azulado (que le ayuda a camuflarse con la superficie del mar) sería el equivalente a nuestra cara frontal.
Hmmm… ¿Para qué querría una babosa flotar mirando hacia el cielo en medio del mar?

El glaucus atlanticus se alimenta normalmente de medusas. Entre sus presas figuran la carabela portuguesa (physalia physalis), capaz de matar a seres humanos con su picadura, así como las medusas velero (velella velella), las botón azul (porpita porpita) o los caracoles morados (jartinha jartinha).
¿Qué tienen en común sus presas? Todas se pasan la vida flotando a la deriva.
Como las babosas son bastante poco ágiles, flotar boca arriba les da la ventaja de no tener que maniobrar para morder a una presa cuando dan con ella: les basta con empezar a dar mordiscos en la posición en la que están.
Pero, si quedan de espaldas al fondo del mar, ¿cómo se defienden de los peces?
Ningún pez tiene agallas a acercarse (bueno, sí que tienen agallas, pero las usan para respirar).
Esta babosa de mar es inmune al veneno de sus presas. No sólo no le afecta en absoluto, sino que retiene su veneno y lo acumula en la punta de sus extremidades. Mientras se alimenta de una carabela portuguesa, cuya picadura puede resultar mortal para un ser humano, es capaz acumular tal cantidad de toxinas que la picadura de la babosa de mar puede ser incluso más potente que la de su presa.
“Muy pronto llegará vuestra hora, humanos, muy pronto”

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