La guerra del sandwich

Estamos en 1914, el imperio Austro-Húngaro acaba de anexionarse Bosnia y a sus habitantes eso no les hace mucha gracia la idea. Esperando mostrar su disconformidad, un grupo de jóvenes decide acabar con el heredero al trono y archiduque del imperio, Franz Ferdinand.
No, no vamos a hacer ninguna broma con el grupo de música.
Franz fue invitado a la inauguración de un hospital en la capital de Serbia, Sarajevo, y aprovechó para montar un desfile acompañado por otros 6 coches llenos de aristócratas y policías. Siete jóvenes miembros del grupo Mano Negra (una organización que defendía la unificación de los países colindantes en una gran Serbia que no tuviera nada que ver con el imperio Austro-Húngaro) se colocaron a lo largo de la ruta que el heredero al trono iba a seguir en su coche para atentar contra su vida.

El primer conspirador en actuar, Nedeljko Cabrinovick, lanzó una granada al automóvil del archiduque sin pensar en los 10 segundos que tarda en explotar, así que ésta rebotó contra la carrocería y reventó bajo el siguiente coche del desfile. La explosión hirió a sus ocupantes y la metralla a una docena de espectadores. 
Nos lo pones fácil, Cabronovich.
Para evitar ser detenido e interrogado (y a saber qué más), Cabrinovich tomó una cápsula de cianuro que guardaba en caso de emergencia, la ingirió y se tiró al río con la intención de suicidarse, pero el veneno estaba en mal estado y el río tenía apenas 10 centímetros de profundidad, así que lo único que consiguió fue vomitar y que el agua le arrastrara un poco corriente abajo hasta que la policía le detuvo.
Tras el atentado fallido, el heredero al trono Austro-Húngaro y las autoridades suspendieron el desfile y llevaron a Franz Ferdinand al ayuntamiento, mientras el resto de los integrantes de la organización Mano Negra se dispersaban entre la multitud. A uno de ellos, Gavrilo Princip, le entró hambre (lo normal después de conspirar) y se pasó por a una cafetería cercana a tomar un sandwich
Gavrilo Princip.
En el ayuntamiento, el archiduque insistía en ir a visitar a las víctimas de la explosión al hospital, pese a que el cuerpo policial insistía en que se quedara en un lugar seguro. Al final la policía terminó cediendo, a cambio de que los coches no pasaran por la avenida principal. Franz estuvo de acuerdo, pero se le olvidó comentárselo a su conductor.
Cuando estaban de camino al hospital, el conductor del coche se metió por la calle principal y Franz pareció acordarse y le informó de la decisión. El conductor frenó frente a una cafetería, “Moritz Schiller`s delicatessen”, para dar marcha atrás y coger la calle adecuada. 
¿Y quién estaba casualmente en esa cafetería, comiéndose un sandwich? Gavrilo Princip.
Cuando vio al heredero al trono y su esposa parados en el coche a apenas un metro y medio, dejó su comida a un lado, sacó su pistola y disparó hacia ellos, hiriendo mortalmente a Franz Ferdinand en el cuello y a su esposa en el abdomen al interponerse entre el asesino y su marido tras el primer disparo. Los dos murieron antes de las 11 de la mañana.
La cafetería más importante de la historia. La cruz señala el lugar donde el archiduque y su esposa fueron asesinados.
Gavrilo Princip intentó suicidarse con cianuro como su compañero, pero el suyo también estaba caducado. La policía lo atrapó y lo metió en la cárcel, donde murió de tuberculosis en 1918.
¿Qué más pasó? Bueno, el imperio Austro-Húngaro mandó un ultimátum a Serbia y empezaron a forjarse alianzas que desembocaron en el estallido de la Primera Guerra Mundial, donde murieron 8.5 millones de soldados y fue la precursora de una crisis económica en Alemania, que a su vez provocó que Adolf Hitler fuera elegido presidente, que a su vez desencadenó la Segunda Guerra Mundial y terminó con la explosión de las dos bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki.
Obviamente, este no fue el único detonante del conflicto y, lo más seguro, es que la Primera Guerra Mundial hubiera estallado de todas maneras.

PERO…

Aunque esta es una historia contada por páginas del calibre de Cracked Los Angeles Times, creemos que el relato puede haber sido un poco distorsionado ya que, según el testimonio de la época de un tal Papa Semiz, dueño de una cafetería cercana:

“Lo recuerdo como si fuera ayer. Fue en esa esquina, junto a la ventana, donde Gavrilo Princip se sentaba hace 20 años mientras esperaba  a que mi reloj marcara la hora.


Estaba sentado solo, tomando su café. Fuera, las calles estaban abarrotadas. El griterío nos advirtió de que Franz Ferdinand estaba llegando. Princip se levantó con calma, pagó su cuenta y salió fuera. Quince minutos más tarde, la gente empezó a entrar diciéndome que, mientras Princip estaba esperando tranquilamente apoyado en la barbería de la esquina y había efectuado dos disparos.”

Es decir, que puede que Gavrilo Princip no se encontrara en la cafetería Moritz Schiller’s en el preciso instante en que el coche pasaba. Lo más probable es que estuviera en otra cafetería cercana unos momentos antes y no estuviera comiendo un sandwich (poco propio de la Bosnia de principios del siglo XX), sino simplemente tomando un café.

Sea cual sea la versión real, la historia sigue siendo un buen ejemplo de cómo un acto simple y aleatorio (tomar una calle por error) puede tener consecuencias muy complejas.

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