Respuestas (LXIV): ¿La Tierra gana o pierde masa con el tiempo? ¿Cuánto ha cambiado su masa desde que se formó?

Nuria Lozano me ha enviado una pregunta (a jordipereyra@cienciadesofa.com) que me pareció muy interesante: ¿Está la Tierra entradita en carnes o más bien flaqui? Ese era el “asunto” del e-mail, en el cuerpo especificaba que le gustaría saber si la masa de nuestro planeta ha ido aumentando o ha disminuido desde que se formó, ya sea debido al bombardeo por meteoritos o cualquier otra causa.

Es un tema interesante, pero antes de empezar tenemos que grabarnos a fuego una cifra en la cabeza: la Tierra tiene una masa de 6 cuatrillones de kilos. El número en sí tiene este aspecto: 6.000.000.000.000.000.000.000.000.

Teniendo esto presente, ya podemos empezar.

En primer lugar, lo obvio. Aunque construimos edificios, la población aumenta, las rocas se erosionan con el agua o los ríos sueltan material en sus desembocaduras, ninguno de estos procesos hace que la masa de nuestro planeta cambie porque simplemente se trata de mover la materia que ya contiene de un lado a otro.

¿De verdad tenías que aclarar eso?

Bueno, a todos se nos va la pinza de vez en cuando y siempre aparece algún despistado en la sección de comentarios. O sea, que lo que hace que la masa de la Tierra aumente es la caída de nuevo material sobre ella desde el espacio. Como bien dice Nuria en su e-mail, los meteoritos que caen a la Tierra cada día añaden masa a nuestro planeta.

Cuando hablamos de meteoritos no sólo nos referimos a pedruscos espaciales inmensos en plan Armaggedon. Meteoritos mucho más pequeños entran constantemente en la atmósfera terrestre. Algunos de ellos, como el meteorito de Chelyabinsk, son especialmente llamativos. Caído el 15 de febrero de 2013, no sólo fue capturado en vídeo por un montón de cámaras, sino que además explotó en el aire y su onda expansiva reventó los cristales de los edificios en un radio de varias decenas de kilómetros.

El curioso aislamiento evolutivo de la cima del Monte Roraima

Sobre una planicie a 2.810 metros de altura, en la frontera entre Brasil, Venezuela y Guyana, se encuentra el monte Roraima: una meseta de 31 kilómetros cuadrados de superficie, rodeada de acantilados verticales de 400 metros de caída… Y sobre la que ya había hablado hace más de dos años en este blog, pero considero que me traté el tema tanto por encima que merecía la pena rescatar esa entrada y reescribirla por completo.

El único punto de acceso a la cima que no requiere súper poderes está en la frontera Venezolana, una especie de pendiente llena de vegetación que recorre una parte de los acantilados hasta su cima y que permitió al explorador Sir Everard Im Thurn llegar a la cima por primera vez en 1884. Eso sí: el lugar había sido descubierto mucho antes, en 1596, por Sir Walter Raleigh, pero vio de lejos las paredes verticales y decidió que tampoco tenía sentía una urgencia extrema por explorar la cima.

¿Por qué se dice que “el alma pesa 21 gramos”? ¿Tiene algún sentido esta cifra?

Hace un tiempo Alfonso CS me preguntó si de verdad el alma pesa 21 gramos. Se trata de un dato que todos hemos escuchado alguna vez e incluso alguna película la adoptado en su título pero, ¿por qué 21 gramos?

Antes de empezar, aclaro una cosa: no voy a entrar en el debate de si existe o no el alma. El objetivo del artículo es ver de dónde sale esta cifra y si, en este caso concreto, la persona que la “descubrió” encontró realmente una evidencia de que existe. Así que pongámonos manos a la obra.

Advertencia: no suele pasar mucho en este blog, pero la entrada de hoy no contiene imágenes. De todas maneras, me parece que la historia es suficientemente interesante como para mantener la atención del lector hasta el final.

La historia empieza en 1907 de la mano de Duncan McDougall, un médico que publicó un artículo titulado “Hypothesis concerning soul substance together with experimental evidence of the existence of such substance” (Hipótesis relativa a la sustancia del alma junto con evidencia experimental de la existencia de tal sustancia). En este artículo describe cómo colocó varios pacientes moribundos sobre una báscula con el objetivo de medir si en el momento de su fallecimiento la báscula marcaba un peso diferente. En su opinión, si la masa de la persona disminuía en el instante de su muerte podía tratarse de una evidencia de que el alma acababa de escapar de su cuerpo. Siempre y cuando, como él mismo dijo, pudiera encontrar ninguna otra explicación racional.
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Charla en la UIB: “El cambio”

La semana pasada di una charla en la Universitat de les Illes Balears (UIB) y la puedo compartir con vosotros aquí gracias a la labor de grabación y edición de mi amigo Yaroslav Prokhorov (cuyo Flickr podéis ver en este enlace).

Hablé sobre los fenómenos que van cambiando lentamente el mundo, pero que pasan desapercibidos ya sea porque apenas se notan sus consecuencias o porque ocurren en escalas de tiempo demasiado largas para apreciarlos durante el transcurso de una vida humana. Escucharéis hablar sobre plátanos, ríos, pirámides, libélulas gigantes… Y un par de cosas sobre astronomía extraídas del libro que he escrito para Ediciones Paidós y salió a la venta el 15 de septiembre: “El universo en una taza de café”.

La charla empieza en el minuto 3:50.

Respuestas (LXIII): ¿Qué tendría que pasar para que el sol diera vueltas alrededor de la Tierra?

Jon Koldo me comentó que hace un tiempo había leído esta noticia en la que se habla de un clérigo saudí que ha “echado abajo” la teoría heliocéntrica. El vídeo original se ha borrado, pero podéis ver sus argumentos en este otro. Básicamente, este señor dice dice que si la Tierra rotara nunca podrías llegar a China en avión (desde el oeste), porque la rotación del planeta estaría alejando el país de ti constantemente. Como sí que somos capaces de llegar a China en avión, la única conclusión lógica es que en realidad la Tierra está quieta y es el universo el que da vueltas a su alrededor.

Por supuesto, esto no tiene ningún sentido. Si su planteamiento fuera correcto cada vez que dieras un salto el suelo pasaría a toda leche por debajo de tus pies y, muy probablemente, acabarías estrellado contra algún muro o un árbol. En el ecuador, donde la superficie terrestre se mueve más deprisa, caerías a 464 metros del lugar desde el que te hubieras impulsado para saltar (suponiendo que pasaras un segundo en el aire y que no te estampas contra algo antes de caer). La marcha olímpica ganaría popularidad porque salir a correr resultaría una experiencia de los más extraña.

La cuestión es que esta afirmación no tiene ninguna validez e ignora de manera muy eficiente la física más elemental. Pero, aún así, a Jon Koldo le ha entrado la curiosidad y me ha preguntado (versión resumida de la pregunta): ¿cuánta masa debería tener la Tierra para que el sol diera vueltas a su alrededor? ¿qué consecuencias tendría esto para la vida en la Tierra?

Respuestas rápidas: 1) mucha, 2) no demasiado buenas.

Respuesta lenta: primero habrá que definir cuándo una cosa da vueltas alrededor de otra.
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Lanzamiento del libro de Ciencia de Sofá: “El universo en una taza de café”

Amigos sofámaníacos… No, cienciadesofadictos… Tampoco… ¡Estimados lectores!

Hoy sólo vengo por aquí para anunciar la causa por la que he pasado la primera mitad de este año prácticamente sin actualizar: el proyecto súpersecreto en el que había estado trabajando era un libro que me encargó la Editorial Paidós (Grupo Planeta) sobre astronomía. Y el resultado es “El universo en una taza de café”, que está a la venta tanto en papel como en formato electrónico. Podéis preguntar por él en librerías o comprarlo a través de Amazon en cualquiera de los dos formatos haciendo click sobre este texto verde.

¡Necesito más información!

No te ralles, voz cursiva, los de márketing (a parte de poner el título) me pidieron que hiciera un vídeo viral para promocionar el libro. No sé cómo se hace un vídeo viral, pero entiendo mucho de vídeos absurdos (a su observación y estudio dedico el 80% de mi tiempo). Gracias a los conocimientos técnicos audiovisuales de Yaroslav Prokhorov y las abrumadoras capacidades interpretativas mías y de mi hermano, os presento el “tráiler” del libro:

Con suerte, Mark Zückerberg compartirá este vídeo sin querer y se volverá viral.

¡Necesito aún más información!

Claro: se trata de un libro sobre historia de la astronomía o, dicho de otra manera, sobre cómo los humanos hemos llegado a conocer todo lo que sabemos hoy en día sobre el universo. Haciendo click sobre este texto verde podéis ver la ficha del libro que incluye un PDF en el que podéis leer nada más ni nada menos que las 25 primeras páginas. Y en este otro enlace de El Confidencial podéis leer la introducción.

Espera, espera, ¿yo salgo en el libro? Porque no sé si te habrás dado cuenta, pero el 85% de los lectores siguen tu endiablado blog gracias a mí.

Pues, claro, voz cursiva. Te he recreado sin tu permiso en el libro a sabiendas de que sin ti iba a ser un absoluto fracaso. ¿QUÉ TE PENSABAS?

¡Entonces reclamo un 70% de los beneficios!

¡0,1%!

No acepto. Al menos enséñame la portada del libro en una imagen JPEG con una resolución alta, pero tampoco mucho.

Eso sí que te lo puedo conceder.

De momento, el libro está en librerías tanto en España como en México. La buena noticia es que, gracias a internet, se puede pedir el libro desde el resto de latinoamérica tanto en formato papel como en e-book a través de Amazon, de nuevo, haciendo click aquí.

Muchas gracias a todos por seguir Ciencia de Sofá porque, sin vuestro apoyo, nada de esto hubiera sido posible 🙂

¿Qué es el supervacío de Eridanus?

He estado repasando el correo y he visto me habíais pedido un porrón de veces que hablara sobre un lugar muy interesante: el supervacío de Eridanus. El Eridanus supervoid, que queda bastante más malote en inglés.

¿Pero qué dices de un súpervacío, Ciencia de Sofá? ¡La nada es la nada! ¡No hay nada más pequeño que nada! ¿Es que no actualizar el blog durante casi dos semanas te ha dejado el cerebro aplatanado?

Eh, eh, eh, para el carro, voz cursiva. No pensaba que hubieras acumulado tanta tirria durante estos días de inactividad como para saltar tan rápido.

El espacio exterior no está completamente vacío. Lo está en mayor o menor medida, según donde mires.

Por ejemplo, la Estación Espacial Internacional (ISS, por sus siglas en inglés) da vueltas alrededor de nuestro planeta a 400 kilómetros de la superficie terrestre. Pero la atmósfera terrestre no es una capa de gas con un grosor concreto que, de repente, da paso al espacio. La atmósfera va volviéndose cada vez menos densa con la altura, difuminándose en el espacio mientras se adentra en él cientos de kilómetros.

Es por eso que, incluso a 400 kilómetros de altura, aún queda suficiente aire en la órbita de la ISS como para que genere fricción a su paso. La fricción hace que estación espacial pierda velocidad y, a medida que pierde velocidad, su órbita se acerca hacia la superficie terrestre. Es por eso que la ISS tiene que dar un pequeño impulso de vez en cuando ganar velocidad y recuperar altura o de lo contrario terminaría cayendo de nuevo hacia la Tierra.

La altura a la que orbitan distintos satélites que, en proporción, no parece mucho.

Por supuesto, cuanto más nos alejemos de la Tierra, más vacío estará el espacio que nos rodea… Pero nunca estará vacío del todo.
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