¿Cómo se ve el sol desde la superficie del planeta Mercurio?

Jossel SC me envió un e-mail (a jordipereyra@cienciadesofa.com) en el que preguntaba qué tamaño tendría el sol en el cielo si lo viéramos desde la superficie del planeta Mercurio. La cuestión le vino a la cabeza a principios de este mes después de ver fotos del tránsito de este planeta por delante del sol. Como esta, por ejemplo:

Mercurio es ese círculo diminuto de la izquierda. (Fuente)

Y es verdad que en este tipo de imágenes puede dar la impresión de que el sol se debería ver tremendamente grande desde la superficie de Mercurio… Pero hay que tener en cuenta que las fotos son representaciones en dos dimensiones de un espacio tridimensional, así que la mayoría de ellas no reflejan con fidelidad las distancias que separan a los cuerpos celestes y, por tanto, tampoco sus tamaños relativos (de hecho, Mercurio es incluso más pequeño en relación al sol de lo que la imagen sugiere).

A efectos prácticos, el cielo es como una gran pantalla bidimensional en la que aparecen proyectadas las imágenes de los cuerpos celestes que nos rodean y, como sabréis, el tamaño aparente de las cosas cambia según lo lejos que estén de nosotros. Es por eso que la Luna es capaz de tapar el sol durante un eclipse: aunque nuestro satélite tiene un diámetro 400 veces menor que el sol (3.474 km contra 1.400.000 km), se encuentra unas 400 veces más cerca (382.000 km contra 150.000.000 km) y, en consecuencia, presenta más o menos el mismo tamaño en el cielo.
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¿Cómo sabemos que la Luna estaba mucho más cerca en el pasado?

La semana pasada compartí en Facebook un artículo corto que escribí para Muy Interesante en el que hablaba sobre cómo ha variado la distancia que separa la Tierra de la Luna a lo largo del tiempo.

En él comentaba que cree que hace unos 4.600 millones de años, en el momento de su formación, la Luna se encontraba a entre 19.000 y 30.000 kilómetros de la superficie de la Tierra, 10 veces más cerca que en la actualidad. Si hoy en día se encontrara a la misma distancia, entonces nuestro satélite aparecería más o menos así en el cielo:

Es una aproximación burda hecha en base al ángulo que abarca mi cámara, tenedlo en cuenta.

El dato suena muy impresionante y, en cierta manera, difícil de creer. Y es normal: hace 4.600 millones de años no había nadie en la Tierra que pudiera comprobar en sus propias carnes si la luna estaba más cerca y, a primera vista, nuestro satélite no deja ninguna marca física sobre nuestro planeta que nos pueda indicar si su posición ha cambiado con el tiempo. Entonces, ¿cómo podemos estar seguros de que la Luna se encontraba tan cerca en el momento de su formación? 

Eso es precisamente lo que preguntó un usuario de Facebook en los comentarios de la publicación y me pareció una cuestión muy interesante, porque así puedo explicar cómo este tipo de datos, que a primera vista parecen sacados de un libro de ciencia-ficción, en realidad están basados en evidencias y no se los sacan los científicos de la manga.

Sin más preámbulos, zambullámonos en la piscina.

Como comentaba en esta entrada en la que explicaba por qué siempre vemos la misma cara de la Luna, la Luna no da vueltas en círculos alrededor de la Tierra sin que ésta se mueva, sino que ambos dan vueltas alrededor de un centro de gravedad común.
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Desde el punto de vista evolutivo, ¿podrían existir los dragones?

A principios del año pasado respondí a una pregunta que le vino a la cabeza a un lector a raíz del infame documental sobre sirenas que Discovery Channel emite de vez en cuando y en el que, después de 80 minutos comiéndote el tarro intentando convencerte de que las sirenas existen, en los últimos 10 segundos de los créditos se toman la gran molestia de añadir un pequeño texto que te advierte de que, bueno, a lo mejor algún detalle del documental podría ser pura ficción.

Discovery Channel siguiendo los pasos de Canal Histeria (no, no es una errata). En esta entrada explico por qué las sirenas no podrían existir, desde el punto de vista evolutivo.

Hoy toca volver a hablar de seres mitológicos, ya que Enrique Raymond me preguntó si existiría alguna posibilidad de que la evolución de alguna especie hubiera producido algo parecido a los dragones. Como cada cultura ha descrito la figura del dragón a su manera a lo largo de la historia, vamos a definir primero de qué tipo de animal estaríamos hablando.
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Respuestas (LXVIII): ¿Qué pasaría si todos los océanos se secaran?

Agustín Lara me mandó un correo electrónico (a jordipereyra@cienciadesofa.com) en el que preguntaba qué pasaría si todos los océanos se secaran. 

Para añadir un poco de realismo este tema tan interesante, primero habrá que aclarar por qué se han secado los océanos en el mundo de Agustín. Por ejemplo, un aumento brutal de la temperatura de la Tierra los podría haber evaporado.

A ver, Ciencia de Sofá, precisamente eso no podría ocurrir nunca. Seamos Sé un poco realista.

Al contrario, voz cursiva. Por mucho cariño que les hayamos pillado a los océanos a lo largo de la historia, en realidad son un bien pasajero que está condenado a desaparecer en algún momento del futuro lejano. El culpable es el sol: la misma estrella que ha posibilitado la vida en la Tierra durante unos 3.500 millones de años  convertirá nuestro mundo en un infierno a medida que vaya envejeciendo, hinchándose y emitiendo cada vez más energía.

Aunque se suele prestar mucha atención a la posibilidad de que el sol se trague la Tierra durante este proceso (en unos 7.600 millones de años), la verdad es que nuestro planeta habrá dejado de ser habitable mucho antes. Dentro de “sólo” 1.000 millones de años, la temperatura media de nuestra atmósfera habrá alcanzado los 70ºC y los océanos se empezarán a evaporar.

El vapor de agua también es un gas de efecto invernadero, así que es posible que la evaporación de toda el agua del planeta haga que la Tierra se precipite en una espiral térmica descontrolada que termine convirtiendo nuestro mundo en algo más parecido a Venus.

Bienvenidos a Venus, espero que os gusten las lluvias de ácido sulfúrico y temperaturas de 465ºC.

Así que ahí tienes tu respuesta, Agustín. Os vuelvo a ver en la próxima entrada que, como siempre, será en algún momento indetermin…

¡Ah, no, no! Mira, sé que tienes sueño y que mañana tienes que ir pronto a hacer cola para renovar el DNI porque perdiste la cita que llevabas un mes esperando, pero tengo la certeza de que la pregunta de Agustín iba más en la línea de “¿y si los océanos desaparecieran mágicamente sin dejar rastro?” y que ahora mismo se siente muy estafado.

Gracias, voz cursiva, debo admitir que a mí también me estaba dejando a medias mi propia respuesta. La buena noticia es que no hace falta recurrir a la magia para que los océanos desaparezcan sin evaporarse.
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