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¿Qué significa realmente el concepto de “universo observable”?

En la última entrada estuve explicando cómo es posible que las galaxias más lejanas se estén alejando de nosotros a velocidades superiores a la de la luz si, en principio, ningún objeto que tenga masa puede igualar o superar esa velocidad. Y, por supuesto, quedaron algunas dudas en el aire que creo que la voz cursiva dejó apuntadas en algún lado.

Sí… Las tengo por aquí… Eh… ¿Cómo podemos detectar una galaxia que se aleja a una velocidad superior a la de la luz? ¿Y qué es eso del universo “observable”? ¿Es que hay partes del universo que no podemos observar? ¿Cómo podemos saber qué tamaño tiene el universo? 

Estupendo. Intentemos resolver el entuerto hablando un poco sobre los conceptos de volumen de Hubble y universo observable.

Como vimos en la entrada anterior, el espacio se expande de tal manera que la velocidad con la que las galaxias se alejan de nosotros aumenta cuanto mayor es la distancia que nos separa de ellas. Y, de hecho, si te alejas lo suficiente en cualquier dirección, terminas encontrando galaxias que se están alejando de nosotros a la velocidades iguales o superiores a la de la luz.

Esto significa que, desde nuestro punto de vista, podemos separar el espacio que nos rodea en dos regiones: una más “cercana” donde las cosas se alejan de nosotros a velocidades inferiores a la de la luz y otra “lejana” en la que lo hacen a velocidades superiores. En la frontera entre las dos se encuentra el llamado límite de Hubble, la franja del espacio en la que las cosas se alejan de nosotros a la misma velocidad que la luz.

Pero, ojo, que aquí llega un dato interesante: no podemos ver la luz emitida actualmente por los objetos que se encuentran más allá de nuestro volumen de Hubble (la esfera delimitada por el límite que tiene el mismo nombre) porque, en esta región, el espacio se expande tan deprisa que ni siquiera la luz es lo suficientemente rápida como para poder avanzar hacia nosotros a través de él. Es como si una persona normal se montara en la cinta de correr de Usain Bolt y le subiera la velocidad al máximo: por muy rápido que corra, la cinta siempre se moverá más deprisa y le arrastrará en la dirección contraria.

Dentro del volumen de Hubble, en cambio, el espacio se expande a velocidades sublumínicas, de modo que la luz que se propaga por su interior se puede sobreponer a esa expansión, avanzar hacia la Vía Láctea y llegar hasta nuestros ojos. Sabiendo esto, se puede concluir que toda la luz que vemos en el cielo ha sido emitida por:

a) Objetos que se encuentran dentro del volumen de Hubble.

b) Objetos que ahora mismo están mucho más allá de límite de Hubble pero que, en algún momento del pasado, estuvieron lo suficientemente cerca de él como para que su luz cruzara la frontera. En este caso, la luz ha podido propagarse por nuestro volumen de Hubble hasta llegar a nuestros ojos, incluso aunque el objeto que la emitió nunca haya estado en él.

No entiendo esta segunda posibilidad. ¿No decías que, más allá de la frontera de Hubble, el espacio se expande tan rápido que la luz no puede abrirse paso hasta nosotros?

Y así es, voz cursiva, pero faltaban un par de detalles por mencionar.

En la entrada anterior comentaba que el universo no surgió a partir de una explosión que desparramó material en todas las direcciones a través de un espacio ya existente. En su lugar, el Big Bang no sólo dio lugar a la energía que se convertiría en las galaxias que vemos hoy en día a nuestro alrededor, sino también al propio espacio que la contiene. Y lo curioso es que la estructura actual del universo ya estaba más o menos determinada durante los primeros momentos de su existencia y, a medida que el espacio se ha expandido, las regiones con una mayor densidad energética simplemente se han separado entre ellas y han evolucionado hasta dar lugar a los grupos de galaxias actuales.

En este sentido, la posición relativa entre los grupos de materia que hay dentro de nuestro volumen de Hubble no ha cambiado demasiado con el tiempo… Y tampoco lo ha hecho la posición relativa de las cosas que están fuera de él.

Pero, por otro lado, también hay que tener en cuenta que el volumen de Hubble también se ha estado hinchando mientras el universo se expande. En otras palabras, la distancia a la que las galaxias se alejaban de la nuestra a una velocidad igual o superior a la de la luz era menor en el pasado. Por tanto, aunque nunca podremos ver el aspecto actual  de muchas galaxias porque están demasiado lejos del límite de Hubble, hay cosas que se encontraban lo suficientemente cerca de esa frontera en el pasado como para que la luz que emitían pasara a nuestra región sublumínica del universo en algún momento de la historia.

Y, por supuesto, miles de millones de años después, esa luz llega hasta nosotros en la actualidad para enseñarnos el aspecto que tenían los objetos que la emitieron en el pasado remoto.

Y aquí llega otro dato bonito, voz cursiva.

El universo se volvió transparente unos 300.000 años después del Big Bang y, por primera vez, la luz podía propagarse libremente por el espacio. Mientras el universo se expandía, parte de esa luz primigenia emitida por objetos que se alejaban de nuestra región del espacio a la velocidad de la luz logró cruzar la frontera hacia nuestra creciente esfera de Hubble.

Durante los siguientes 13.800 millones de años, el espacio en expansión ha estado estirando esos rayos de luz mientras se se propagaban a través de él, aumentando su longitud de onda hasta convertirlos en ondas de radio. Y, curiosamente, hoy en día podemos observar esa luz que inundó el espacio 300.000 años después de que tuviera lugar el Big Bang porque, miremos donde miremos, desde todas las direcciones del cielo nos llega esa señal de radio que refleja cómo estaba distribuida la materia cuando el universo se volvió transparente.

Los astrónomos llaman radiación de fondo de microondas a esta señal de radio omnipresente en el cielo y, representada en un mapa en dos dimensiones, tiene esta pinta:

(Fuente)

Vaya… ¿Y qué ha sido de la materia que emitió esa primera luz?

Buena pregunta, voz cursiva: esa materia se ha estado alejando de nosotros a velocidades superiores a las de la luz desde que fue emitida, hace casi 13.800 millones de años, evolucionando por su cuenta y dando lugar a galaxias con sus propias nebulosas, estrellas y planetas.

De hecho, la materia que emitió la radiación de fondo de microondas se ha estado alejando tan deprisa de nosotros que se estima que, en la actualidad, se encuentra a unos 46.500 millones de años luz de distancia.

Espera, eso es…

Justamente lo que piensas, voz cursiva: ese es el radio del llamado universo observable que, como puedes ver, se corresponde con el diámetro del volumen que se cree ocupa en la actualidad toda esa materia que emitió la radiación de fondo de microondas hace 13.800 millones de años y que, aunque no podemos ver su aspecto actual, ha estado convirtiéndose en planetas, estrellas y galaxias.

En este enlace tenéis una versión más elaborada de un esquema parecido.

Vale, creo que empiezo a pillarlo. Pero, ¿cómo sabemos que la materia que emitió el fondo de microondas se encuentra actualmente a esa distancia, si no podemos ver la luz que está emitiendo actualmente?

Pues por el estiramiento que ha sufrido por el camino la luz que emitió en el pasado.

Tomemos el ejemplo de la galaxia GN-z11 que comenté en la entrada anterior. Cuando los astrónomos apuntan sus telescopios más potentes hacia este objeto, ven este churro:

La galaxia GN-z11. (Fuente)

Sabiendo el ritmo al que se expande el espacio con la distancia, se puede estimar el estiramiento que ha sufrido la luz de esta galaxia mientras atravesaba el espacio (su corrimiento al rojo, que explicaba en esta entrada). Con esta técnica se ha calculado que la luz de GN-z11 fue emitida hace 13.400 millones de años, así que en la foto vemos el aspecto que tenía GN-z11 por aquel entonces.

Pero, además, el corrimiento al rojo también permite estimar la velocidad a la que se alejaba de nosotros esta galaxia y, basados en este dato, los astrónomos han podido calcular que, hoy en día, GN-z11 se encuentra a una distancia de unos 32.000 millones de años luz. Y, por supuesto, su forma actual no se parecerá demasiado a la imagen de ella que vemos en el cielo, porque ha estado evolucionado y cambiado durante 13.400 millones de años, igual que todo el amasijo amorfo que aparece en el mapa de la radiación de fondo de microondas.

Vale, vale. Mi concepto del universo está creciendo demasiado rápido pero, aun así, me ha queda una duda. ¿Qué hay tras el universo observable? Es decir, ¿qué hay más allá de esa distancia que ha alcanzado el material más viejo del que tenemos información? 

Agárrate, voz cursiva, porque la respuesta a esta pregunta podría hacer que te cayeras de la silla: más allá de la frontera del universo observable hay… Aún más universo.

Venga, no me tomes el pelo. ¿No hay un vacío inmenso o una barrera energética teórica algo así?

No, no, va en serio: el universo observable sólo es una pequeña fracción del el universo entero, que es aún mayor. Me explico.

Hay que tener en cuenta que el concepto de universo observable no es una medida absoluta, sino que simplemente determina cuál es la mayor distancia de la que tienes alguna información desde una posición determinada del espacio. Y no es una medida absoluta porque, en realidad, todas las galaxias se están alejando de nosotros y entre ellas por igual, por muy lejos que estén. Por tanto, vayas donde vayas, siempre te parecerá que tú estás en el centro del universo observable y que el resto de las cosas se están alejando de ti.

En este vídeo de MinutePhysics (que tiene subtítulos en castellano) explican gráficamente este concepto:

Esto significa que cada punto del espacio tiene su propio universo observable a su alrededor. E igual que, desde nuestro punto de vista, muchas galaxias están tan lejos de nosotros que se alejan a velocidades superiores a las de la luz, somos nosotros quienes se están alejando a esa velocidad desde su perspectiva. De hecho, habrá otras regiones suficientemente lejanas del universo en las que somos nosotros quienes se encuentran más allá de su límite de Hubble y la única señal que tengan de nosotros sea una mota diminuta en su propio mapa de la radiación de fondo de microondas.

O sea que, simplificando, el universo observable es el volumen de espacio que nos rodea del que podemos deducir información sobre su posición actual.

¡AGH! ¿Y QUÉ SIGNIFICA ESO? ¿HAY MUCHO MÁS UNIVERSO TRAS ESA FRONTERA? ¿EL ESPACIO TIENE UN LÍMITE? ¿ES INFINITO? ¡NO ME DEJES CON LA INTRIGA!

Bueno, me temo que esas preguntas habrá que responderlas en otra entrada… Peeeeero, si te has quedado con ganas de más, tengo un par de libros que te pueden interesar.

 

Ciencia de Sofá tiene un libro nuevo, “Las 4 fuerzas que rigen el universo“, en el que hablo sobre cómo las cuatro fuerzas fundamentales dan forma a nuestro universo, su descubrimiento y su efecto sobre nuestras vidas. Por otro lado, el libro “viejo” (“El universo en una taza de café“) va por la tercera edición y ahora vuelvo a ofrecer suscripciones a la revista de National Geographic así que, si os interesa alguna de estas propuestas, podéis acceder a una entrada donde las explico con más detalle haciendo click sobre la siguiente imagen 🙂

Respuestas (LXXIX): ¿Por qué (a primera vista) el universo observable es más grande de lo que su edad le debería permitir?

Hace un par de semanas, Roberto López-Herrero preguntaba por Twitter cómo es posible que el universo observable tenga un radio de 46.500 millones de años luz, si el Big Bang ocurrió hace 13.800 millones de años.

Se trata de una duda que a todos los aficionados a la astronomía nos ha atormentado en algún momento de nuestras vidas: el universo se ha estado expandiendo desde que tuvo lugar el Big Bang pero, incluso suponiendo que las galaxias se hubieran estado moviendo a la velocidad de la luz, sólo podrían haber recorrido 13.800 millones de años luz en cualquier dirección durante todo este tiempo. Por tanto, siguiendo este razonamiento, el diámetro del universo actual no podría superar los 27.600 millones de años luz.

Pero, por supuesto, eso no es así: sabemos que el universo observable tiene un diámetro de 93.000 millones de años luz.

¡Y eso sólo puede significar que el universo se ha estado expandiendo a velocidades superiores a la de la luz! ¡Maldita sea! ¿No  decías hace una semana que es imposible que un objeto se mueva a la velocidad de la luz? ¿Cómo puede ser que haya galaxias que han movido incluso más rápido? ¿No será que el Big Bang no es más que una gran patraña? 

Pues no, voz cursiva, no es una patraña. Para entender lo que está pasando, empecemos por hablar de la expansión del universo.
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¿Se puede destruir un agujero negro?

Como comenté en esta otra entrada, caer en un agujero negro no sería experiencia muy agradable, así que no es de extrañar que la idea de que un agujero negro engulla la Tierra nos ponga los pelos de punta. Pero imaginemos por un momento que se descubre que un agujero negro errante se está acercando hacia nuestro planeta y que, debido a su tremenda masa, es imposible desviarlo con alguna triquiñuela gravitatoria. En este escenario, ¿habría alguna manera de destruir el agujero negro y salvar la Tierra?

Espera, espera. ¿Por qué te ha pegado por hablar de este tema así, sin más? ¿Sabes algo que yo no sé? Porque si de verdad hay algún agujero negro dirigiéndose hacia nosotros, dímelo para que empiece a romper escaparates.

Deja los escaparates tranquilos, voz cursiva, que el escenario del agujero negro hipotético dirigiéndose hacia la Tierra es sólo una excusa para hablar sobre las curiosas propiedades de estos objetos.

Ah, vale, vale. En ese caso, la respuesta es fácil: los agujeros negros están llenos de materia, así que basta con disparar un chorro de antimateria contra él para que se desintegre y nos deje en paz.

Bueno, vamos a ver si esa opción tendría algún efecto.

Un agujero negro no es más que una región del espacio en la que la fuerza gravitatoria es tan intensa que nada puede escapar de ella, ni siquiera aunque se mueva a la velocidad de la luz. Estos objetos extremos se forman cuando una estrella muy masiva agota su combustible y, de repente, sin una explosión termonuclear que la contrarreste, toda la masa de la estrella se precipita hacia el núcleo, compactándolo más allá de cualquier límite imaginable.

Patrañas (XV): Desmontando los argumentos de los defensores de la Tierra plana

Hace poco me topé con un vídeo hecho por un tal Oliver Ibáñez (que tiene un canal de Youtube de “conspiraciones”) que ha acumulado más de 2 millones de visitas en Facebook. El título del vídeo es “La Tierra plana en 10 minutos” y, en él, da una serie de argumentos con los que defiende que nuestro planeta es en realidad un disco plano y no una esfera o globo “como nos han hecho creer”. Y, por supuesto, todos los argumentos en los que se sostiene su hipótesis son mentiras (intencionadas o no) o verdades contadas a medias.

El vídeo ya lleva un par de meses circulando, así que poco se puede hacer para contrarrestar la difusión que ha tenido pero, al menos, tendréis un artículo al que recurrir cuando ese amigo de Facebook utilice estos mismos argumentos el día que le dé por anunciar a los cuatro vientos que ha llegado a la conclusión de que la Tierra es plana. Y, de paso, esta entrada también servirá para ver cómo, irónicamente, estos autoproclamados “portadores de la verdad” mienten y distorsionan la información para convencer al público de que sus ideas merecen alguna credibilidad.

Dicho esto, podemos empezar a desmontar los argumentos del vídeo.

1. [minuto 00:04] La Tierra debe ser plana porque, por mucho que te eleves, nunca llegas a ver la curvatura del planeta.

VEREDICTO: Incorrecto.

Las siguientes imágenes fueron grabadas desde la Estación Espacial Internacional (ISS, por sus siglas en inglés), que da vueltas alrededor de la Tierra a una altura de unos 400 km. Como podéis ver, la curvatura del horizonte se aprecia a la perfección (igual que en cualquier otro vídeo grabado desde el espacio, vaya).

Y eso por no hablar de la gran cantidad de fotos tomadas en el espacio en las que se puede ver la curvatura de la Tierra con total claridad.

¡Sí, venga, POR FAVOR! ¡Todo el mundo sabe que los satélites no existen y que esas imágenes están hechas por ordenador para mantenernos engañados! Lo que el vídeo quiere decir es que no hay fotos en las que se aprecie la curvatura del planeta desde un altura a la que pueda acceder la gente normal, como por ejemplo desde un avión.

En primer lugar, voz cursiva, es absurdo proclamar que los satélites no existen en cuanto ves fotos hechas desde el espacio que contradicen tus argumentos. Es obvio que hay satélites dando vueltas alrededor de la Tierra porque, de lo contrario, nuestros móviles no tendrían GPS, no habría televisión por satélite (capaz de transmitir señales entre caras opuestas del planeta) y no existirían los modelos meteorológicos que nos permiten predecir el tiempo con precisión, por citar algunos ejemplos.

De hecho, estás sugiriendo que los centenares de miles de personas que tienen trabajos relacionados con estos ámbitos están compinchadas para ocultar “la verdad”. Entre ese gran grupo de gente de todos los países habría tanto cargos públicos como privados, desde las empresas que fabrican la electrónica necesaria para construir y mantener la infraestructura hasta los profesores de las carreras de telecomunicaciones. En otras palabras: habría tantos conspiradores tan mezclados entre la población que el secreto no tardaría en salir a la luz (y más aún si realmente hubiera pruebas irrefutables de que la Tierra es plana).

Si estas pruebas indirectas de la existencia de los satélites no te convencen, deberías saber que a menudo se puede ver cómo cruzan el cielo e incluso hay páginas web que marcan su trayectoria en directo para que puedas verlos con tus propios ojos cuando pasan por tu localización. A simple vista sólo verás unos puntos brillantes, por supuesto, pero también hay gente que se dedica a sacarles fotos a través de sus telescopios, consiguiendo imágenes como esta de la vieja estación espacial MIR con el transbordador Atlantis acoplado:

Respuestas (LXXVI): ¿Cómo colonizaríamos diferentes cuerpos del sistema solar?

Hace unos días, la NASA anunciaba que se podría convertir Marte en un planeta más habitable protegiéndolo con un “escudo magnético. Esta noticia me ha recordado que la colonización de diferentes cuerpos de nuestro sistema solar es un tema recurrente en las consultas que me mandáis por correo electrónico (a jordipereyra@cienciadesofa.com), así que he pensado que podría matar varios pájaros de un tiro respondiendo a una sola pregunta: ¿qué posibilidades nos ofrecen los diferentes cuerpos del sistema solar de cara a su colonización?

Empecemos hablando de Marte, que suele ser el destino más popular.

Ya había hablado sobre la terraformación de Marte (la idea de alterar el planeta rojo para que se parezca más al nuestro) en esta entrada y esta otra. En resumen, incluso si nuestra intención es simplemente construir un par de bases en el planeta sin convertirlo en algo parecido a la Tierra, hay un pequeño detalle que nos impediría vivir cómodamente sobre su superficie: Marte no tiene una atmósfera densa.

Incluso aunque el aire del planeta no contenga oxígeno, una atmósfera densa es importante porque nos protege de la radiación cósmica que bombardea constantemente el sistema solar. Al nivel del mar, en la Tierra estamos expuestos a unos 0,2 Sieverts (Sv) de radiación cósmica cada año (un Sievert equivale a la cantidad de radiación que aumenta las probabilidades de sufrir cáncer a lo largo de tu vida en un 5%). Unos astronautas que se encontraran ahora mismo sobre la superficie de Marte, en cambio, recibirían alrededor de 1 Sv cada 500 días, una dosis de radiación que les podría causar todo tipo de problemas de salud a corto y medio plazo.

Por otro lado, una atmósfera densa retiene el calor del sol y, a través de la circulación del aire, distribuye la energía entre la cara iluminada del planeta y la que no lo está, disminuyendo la diferencia de temperaturas entre el día y la noche.

Pero,  ¿tanto se nota el efecto de un poco de aire sobre la superficie?
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¿Cómo sabemos qué forma tiene la Vía Láctea?

Hoy os traigo un vídeo nuevo en el que explico cómo podemos saber que la Vía Láctea es una galaxia espiral barrada a partir de las estrellas que vemos en el cielo. El vídeo lo colgué ayer originalmente, pero lo borré para arreglar unos problemas de audio que no había notado.

¡Perdón por las molestias y espero que os guste!

¿Por qué las estrellas parpadean en el cielo (y los planetas no)?

Después de un par de semanas de ausencia ultimando los detalles del proyecto súpersecreto que comentaba a finales del año pasado, vuelvo a tener tiempo para el blog y esta vez os traigo un vídeo en el que explico por qué las estrellas parpadean (o titilan) en el cielo, pero los planetas no lo hacen.

¡Espero que, como mínimo, os entretenga!

¿Cómo sabemos la edad de la Vía Láctea?

En la última entrada estuve hablando sobre las estrellas enanas blancas y, entre otras cosas, mencioné que en nuestra galaxia se han encontrado algunas que llevan brillando entre 11.000 y 12.000 millones de años. A raíz de este dato, la voz cursiva me susurró:

Mucho hablar de astronomía, pero nunca te has preguntado cuál es la edad de la Vía Láctea.

Así que busqué la información y parece ser que los astrónomos estiman que nuestra galaxia se empezó a formar hace unos 13.600 millones de años, lo que significa que la existencia de la Vía Láctea se remonta a los primeros años del universo (que, recordemos, tiene unos 13.800 millones de años).

Ah, vale, entonces caso cerrado. Nos vemos en la siguient…

Para el carro, voz cursiva, que se me hace raro que aceptes un dato como este con tanta facilidad. ¿No te parece una cifra muy loca? ¿Cómo sabes que los astrónomos no se la han sacado de la manga?

¡Tienes razón! ¡Casi caigo en tus sucias trampas! ¿Cómo se supone que pueden saber cuándo se formó la galaxia?

Me alegra que lo preguntes.

La Vía Láctea no es más que un gran grupo de estrellas unidas por su atracción gravitatoria, así que el primer paso para descubrir la fecha de nacimiento de nuestra galaxia es descubrir cuál es la edad de las estrellas más viejas que se conocen.

Todas las estrellas, sin importar su tamaño, empiezan su vida de la misma manera: convirtiendo el hidrógeno que contienen en sus núcleos en helio a través de los procesos de fusión nuclear. Pero aquí se acaban las similitudes porque, de ahí en adelante, la evolución de cada estrella es muy distinta dependiendo de su masa.

Por ejemplo, las estrellas gigantes azules pueden tener masas más de 100 veces superiores que la del sol. El peso de todo este material sobre su núcleo genera unas condiciones de calor y presión tan extremas que, aunque tengan unas reservas mucho mayores de hidrógeno que las de nuestra estrella, agotan su combustible en unos pocos millones de años. Parece mucho tiempo pero, como veréis en breves, se trata de una vida extremadamente corta para una estrella.

Una estrella súpergigante comparada con parte de nuestro sistema solar. (Fuente)

Respuestas (LXXIV): ¿De dónde procede el calor de las estrellas enanas blancas?

Raúl González me mandó la siguiente pregunta a jordipereyra@cienciadesofa.com: “¿cómo puede una enana blanca tener una temperatura mayor que la superficie del sol, si estas estrellas ya no producen su propia energía? ¿De dónde procede semejante calor?

He mencionado por encima las estrellas enanas blancas en otras entradas (como esta y esta otra) pero, para entender de dónde sale el calor que las hace brillar, primero tendremos que ver cómo se forman estos curiosos objetos.

“Primero tendré que irme por las ramas”, querrás decir.

Exactamente. Pero es un mal necesario, voz cursiva.

Como sabéis, las estrellas brillan gracias a la energía liberada por las reacciones de fusión nuclear que tienen lugar en sus núcleos, donde las condiciones extremas de calor y presión obligan a los átomos de hidrógeno a unirse entre ellos, formando un elemento más pesado, el helio, y emitiendo los rayos gamma que calientan la masa de la estrella hasta la incandescencia.

(Fuente)

En el caso del sol, por ejemplo, los 15.000.000ºC que reinan en su núcleo se traducen en una temperatura superficial de unos 6.000ºC… Que puede parecer muy baja en comparación, pero hay que tener en cuenta que el calor del núcleo se tiene que repartir por todo el volumen de nuestra estrella, que básicamente es una bola de gas de 1,4 millones de kilómetros de diámetro.

Pero, como bien ha señalado Raúl, la superficie de una enana blanca puede alcanzar temperaturas muy superiores a la de cualquier estrella convencional sin que en su interior exista ningún tipo de mecanismo que produzca energía.

Pues ya me dirás tú qué clase de estrella rara no produce su propio calor. 

Bueno, es que, para empezar, las enanas blancas no son estrellas propiamente dichas, sino los restos de otras estrellas que han agotado su combustible.
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Respuestas (LXXIII): ¿Qué haría falta para ver (desde la Tierra) un programa emitido en directo desde Marte?

Últimamente me estoy poniendo al día con la sección de Respuestas y he encontrado varias preguntas inspiradas por Mars One, el proyecto que pretende haber establecido una colonia permanente en Marte en el año 2032.

Una de las maneras con las que se propuso cubrir los costes del proyecto fue la retransmisión de un reality show desde el planeta rojo en el que los terrícolas podríamos ver las experiencias diarias de nuestros nuevos vecinos marcianos desde la comodidad de nuestros salones. Y, como habréis deducido por el título de la entrada, algún lector de Ciencia de Sofá se ha preguntado si se podría retransmitir un programa en directo desde Marte.

¡Pues claro que no! ¿No ves que las señales de Marte tardarí…?

Calma, voz cursiva, no adelantes acontecimientos.

En primer lugar, abordemos lo obvio: Marte está muy lejos de la Tierra así que, pese a que se propague a la velocidad de la luz (300.000 km/s) la información que se emita desde el planeta rojo tardará un rato en llegar hasta nosotros. Como la distancia que separa los dos planetas varía entre 54.600.000 km y 401.000.000 km, según la posición en la que se encuentre cada uno, las señales del reality show marciano tardarían desde 3 hasta 23 minutos en alcanzar nuestro planeta tras su emisión.

O sea que, a menos que alguien desarrolle una tecnología que nos permita comunicarnos a velocidades superlumínicas, recibiremos las imágenes de Marte minutos después de que las acciones que aparecen en ellas hayan tenido lugar.

¿Ves? Entonces el programa nunca podría ser “en directo”. Fin de la entrada.

Te equivocas, voz cursiva, porque un programa es en “en directo” cuando “la emisión se produce al mismo tiempo que se realiza. Que recibiéramos el programa con unos minutos de retraso es irrelevante, porque no cambiaría el hecho de que se estuviera emitiendo sobre la marcha.

Dicho esto, una pregunta más adecuada para la entrada de hoy sería: ¿cómo podríamos retransmitir vídeo en directo desde Marte y verlo desde la Tierra sin interrupciones?

Bueno, vale, doy mi beneplácito a este nuevo planteamiento.
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