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Los restos del cometa ISON no representan ningún peligro

Hace un mes, en esta entrada, hablábamos del cometa ISON y su color verdoso relativamente poco habitual. Como viene siendo tradición, aparecieron catastrofistas afirmando que este cometa iba a impactar contra la Tierra, pero el cometa se desintegró al pasar demasiado cerca de la superficie del Sol (hubiera quedado muy bien si le hubieran llamado Ícaro desde el principio) antes de volver hacia el lugar de donde había venido (los confines del sistema solar), como puede verse en esta imagen:

Crédito: ESA/NASA/SOHO/SDO/GSFC.

 

En la imagen aparecen las diferentes fases del cometa después de pasar por detrás del sol. Como se puede observar, después de rodearlo, su brillo va disminuyendo y su cola reduciéndose hasta desaparecer, señal de su desintegración.
Al dejar de brillar, el estudio directo de los pedazos en los que el cometa inicial (de unos 5 kilómetros de diámetro) se dividió resulta un poco complicado y, cómo no, los conspiranoicos han vuelto a frotarse las manos de nuevo al ver que podían inventarse otra mandanga con las que mantener las visitas de sus páginas web.

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Respuestas XXXI: ¿Cómo sabemos si un cometa es peligroso?

Ante nada, quería agradecer a la Agrupación Astronómica de Ibiza, descubridora de 53 asteroides hasta la fecha, su colaboración en este artículo. Podéis ver y seguir su página en Facebook haciendo click sobre este texto en azul o visitar su página web.

El otro día hablaba del cometa verde ISON y, en la sección de comentarios de Facebook, apareció un interrogante relacionado con el método utilizado para saber que un cometa no va a impactar contra nuestra cara (libre interpretación). Es decir, ¿Cómo sabemos que un cometa no representa ningún peligro para la Tierra?

Crédito: Damian Peach.

No se necesitan complejas redes de satélites y mediciones extrañas para deducir la órbita de un cometa. En realidad se usa un método muy simple basado en la observación directa que combina la trigonometría con algunos cálculos basados en principios físicos. Ya sabemos que la palabra trigonometría asusta, pero ahora veréis que no hay por qué temerle. Empezamos por lo básico.

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ISON

El 26 de diciembre el cometa ISON (o C2012/S1) pasará por el punto de su órbita más cercano a nuestro planeta… A 64 millones de kilómetros de nosotros.

Ah, y el cometa brilla de color verde.

Crédito: Adam Block/caelumobservatory.com

¡¿Por qué brilla de color verde?! ¡¿Acaso se trata de una nave extraterrestre que viene desde los confines del espacio para aniquilarnos?!

Eso te podría convenir si el dueño de una página web que cambia el tamaño de las letras sin ninguna razón aparente y quiere aprovechar la conspiración de moda para sacar dinero con las visitas de los asustados ciudadanos que no saben lo que está pasando.

Una cosa que hay que tener en cuenta de los cometas es que vienen del cinturón de Kuiper y la nube de Oort, dos cúmulos de fragmentos de roca y hielo que nos rodean en los confines del sistema solar. Y cuando decimos hielo no nos referimos exclusivamente a hielo de agua: a la temperatura a la que están allí las cosas, cualquier compuesto está congelado.

 

La nube de Oort en comparación con el sistema solar. La órbita de Plutón aparece en amarillo en la imagen  ampliada. (Fuente)

Ocasionalmente, alguno de los pedazos de roca y hielo de la nube de Oort sufre desviaciones en sus órbitas y empieza a caer hacia el sistema solar interior, donde el calor del sol vaporiza el hielo que lo cubre a medida que se acerca y los gases atrapados en su interior escapan al espacio. Es por eso que los cometas tienen una “cola” que no es más que un halo de gas recién descongelado saliendo al espacio a toda velocidad y que brilla  al ser expuesto radiación solar.

¿O sea que el color verde del cometa ISON tiene algo que ver con el gas que contiene?

Sí. Cada gas reacciona de manera distinta al ser sometido a altas temperaturas o radiación intensa. El cloro gaseoso, por ejemplo, tiene una tonalidad entre verde y amarillenta, el hidrógeno es más rojizo y el oxígeno es azul. Eso por no hablar de las luces de neón que contienen gas que brilla al ser excitado con un tono que depende del elemento utilizado: el propio gas neón brilla de color rojo, el helio de color amarillo, el dióxido de carbono luce blanco y el vapor de mercurio, azul.

 

Cloro en estado gaseoso. (Fuente)

En el caso del cometa ISON son el gas cianógeno y el carbono diatómico que escapan de su interior los que brillan con esa tonalidad verdosa al ser expuestos a la radiación ultravioleta del sol. Al parecer, no es ningún fenómeno extraño y se presenta en muchos cometas, pero en el caso de ISON se nota mucho más porque es muy grande (tiene un núcleo de unos 5 kilómetros de diámetro) y desprende muchísimo material.

Tal vez os suene el cianógeno por ser un compuesto muy tóxico que contiene cianuro y el carbono diatómico porque es altamente corrosivo.

¡ESPERA! ¡¿Y si el cianógeno cae a la Tierra cuando ISON pase cerca y nos envenena a todos?!

Resultaría un escenario apocalíptico curioso, porque este gas huele a almendras, así que al menos sería un final relativamente agradable. De hecho, las almendras inmaduras contienen cianuro y pueden resultar fatales ingeridas en cantidades no tan grandes como para resultar surrealistas, así que a lo mejor por eso hacemos esta asociación (no es que el cianuro huela a almendras, es que las almendras huelen a cianuro).

Pero el único olor a almendras el día 26 de diciembre será del turrón del que te habrás atiborrado el día anterior, porque el cometa estará muy lejos (a 64.000.000 de kilómetros, como ya hemos dicho) y porque el gas está demasiado disperso por el espacio como para que nos moleste. Si queréis preocuparos por algo, el sol es una explosión termonuclear constante de 1.400.000 kilómetros de diámetro que de tanto en tanto dispara chorros de plasma incandescente hacia nosotros. Es broma, no tiene que preocuparos el sol, como comentábamos en esta entrada sobre tormentas solares.

De todas maneras, ni siquiera sabemos si el cometa llegará al punto máximo de acercamiento a la Tierra. Actualmente está dirigiéndose hacia el sol para rodearlo, pero tal vez no sobreviva a ese tramo del viaje porque pasará a tan sólo 1.100.000 kilómetros de su superficie. El intenso calor a esa distancia de nuestra estrella podría fundir el cuerpo helado y vaporizarlo, en cuyo caso no volvería hacia la Tierra y no lo veríamos nunca más.

La zona roja es la parte del trayecto durante la cual no podremos ver el cometa y, además, puede fundirse.

Seguramente de aquí al 26 de diciembre encontraréis en internet alguna predicción catastrofista sobre el cometa ISON en páginas del estilo saberocultofractal.wordpress.com, así que desde Ciencia de Sofá os prevenimos: el cometa ISON no va a estrellarse contra la Tierra, ni nos va a intoxicar, ni es en realidad una nave extraterrestre (un análisis muy bien detallado de este último bulo en este artículo de La Mentira Está Ahí Fuera). Existen páginas dedicadas a desinformar a la gente alegando que “el gobierno no quiere que lo sepas” como excusa porque no tienen ninguna prueba. El miedo genera mucho público, y el público conlleva ingresos publicitarios.

¡Eh, pero si vosotros también tenéis publicidad en la web!

Sí, pero en nuestro caso es una prueba de que el gobierno no nos está financiando para que no contemos la aterradora verdad. OJALÁ.