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¿De dónde viene la sal de los océanos?

Hace unos días, mientras agonizaba bajo el sol cubierto de salitre en una cala recóndita, me estuve preguntando por qué el mar es salado. Pero no me preguntaba por qué es salado en el sentido de por qué contiene sales: la incógnita que me corroía por dentro en ese momento era por qué contiene una cantidad tan desmesurada de un tipo de sal en concreto. El cloruro de sodio.

¿Cómo que de un tipo de sal en concreto? ¿Que es lo otro? ¿La sal iodada? ¿Es ese el otro tipo de sal que existe?

No, hombre, voz cursiva, hay muchas clases de sales. De hecho, una sal es cualquier sustancia compuesta por iones positivos y negativos que forman una estructura con carga eléctrica neutra. Algunos ejemplos de sales son el sulfato de potasio (K2SO4), el cloruro de calcio (CaCl2) o el carbonato de calcio (CaCO3). Aunque, para poner un ejemplo especialmente vistoso, ahí van unos cristales de sulfato de cobre (II) (CuSO4):

(Fuente)

O sea que, aunque el cloruro de sodio sea la sal más abundante en los océanos, en realidad está disuelto en el agua junto con otras sales como el sulfato de sodio (Na2SO4), el cloruro de potasio (KCl) y el bicarbonato de sodio (NaHCO2). En esta tabla podéis ver las sales más abundantes en el agua de mar y su concentración:

Pero, ojo, que todas estas sales no están flotando por el océano en forma de pequeños cristales. En realidad, lo que hay en el agua es un batiburrillo de iones diferentes que se unen para formar estas sales cuando el agua se evapora.

¿Lo cualo?

No te preocupes, voz cursiva, vamos a solucionar tu confusión hablando sobre las soluciones.

Alguna vez habréis puesto sal de mesa en un vaso medio vacío de agua y lo habréis removido para disolverla. Si es así, habréis notado que los cristales de sal se van difuminando poco a poco frente a vuestras narices mientras los removéis hasta que desaparecen de vuestra vista cuando se han disuelto por completo. Y es posible que os hayáis preguntado adónde ha ido a parar todo ese material sólido que había en el vaso hace un momento.

Pues resulta que, cuando una sal se disuelve, lo que ocurre en realidad es que los iones positivos y negativos que la componen se han separado. El agua es un compuesto polar, lo que significa que sus moléculas tienen un extremo con carga positiva (el de los dos átomos de hidrógeno) y otro con carga negativa (el de oxígeno), como si fueran pequeños imanes. Por tanto, si metes una sal en el agua, los polos positivos y negativos de las moléculas del líquido separan sus iones, ocupando el espacio entre ellos e impidiéndoles volver a unirse.

(Fuente)

Por supuesto, en este estado los iones no se pueden acercar para formar cristales que se puedan observar a simple vista. De ahí que estas sustancias “desaparezcan” cuando se disuelven.

O sea, que las sales que hay disueltas en el océano no están flotando por ahí en forma de cristales, sino separadas en sus componentes básicos, que sólo se unen entre sí para formar un sólido sólo cuando el agua que los mantiene divididos se evapora.

Como dato extra, también es posible que hayáis notado que la sal deja de disolverse en vuestro vaso de agua si echáis demasiada. Esto se debe a que, llegados a cierto punto, hay tantos iones mezclados entre las moléculas de agua que ya no queda espacio en el líquido para hacer hueco para los iones nuevos. Cuando esto ocurre se dice que la solución está saturada y, si se sigue introduciendo sal, sus iones se separan para formar parte de la solución al mismo ritmo que los que ya están disueltos se unen para formar cristales nuevos. Y es por eso que no se puede disolver más material en un líquido que ya esté saturado.

O sea que, en realidad, cuando se habla de la concentración de sales en una solución, es más correcto referirse a los iones que están disueltos. En ese caso, la tabla de la composición del agua del mar nos queda así:

Vale, pero entonces, ¿de dónde han salido todos esos iones que hay disueltos en el océano? No veo muchos iones a mi alrededor en mi día a día.

Y tienes razón, voz cursiva, como tienen carga eléctrica, los iones tienden a reaccionar con otros átomos para formar sustancias más complejas que no se pueden volver a separar a menos que alguna otra reacción química los saque de su lugar otra vez. Pero la atmósfera está llena de compuestos que acidifican ligeramente el agua que entra en contacto con ellas. El dióxido de carbono, por ejemplo, el mayor contribuyente en la erosión química de nuestro planeta, se disocia en el agua para formar ácido carbónico. Algunos óxidos de azufre y nitrógeno que están presentes en menor medida en la atmósfera también acidifican el agua al entrar en contacto con ella, dando lugar a ácido sulfúrico y ácido nítrico.

Cuando estos ácidos entran en contacto con las rocas, disuelven en ellos los iones de los minerales que las componen. Con el tiempo suficiente, estos iones disueltos en el agua llegan hasta el océano (por ejemplo, a través de un río) y se acumulan en él… Algo que lleva ocurriendo desde que se formaron los océanos, hace unos 4.400 millones de años.

Pero no me encaja nada de esta explicación. ¿De dónde salen tanto cloro y el sodio acumulados en el océano? Porque, vaya, no veo mucho cloro a mi alrededor en mi día a día, ¿EH?

Pues mira, voz cursiva, si echas un vistazo a esta lista podrás ver los elementos de la tabla periódica ordenados por su abundancia en las rocas de la corteza terrestre y verás que…

¿Ves? ¡El sodio es el sexto elemento más abundante y el cloro el vigésimoprimero! ¿No debería estar el mar lleno de otras cosas como silicio o hierro, mucho más abundantes?

… Sí, esa es precisamente la pregunta que estaba a punto de responder.

Es verdad que los elementos más abundantes de la corteza terrestre son el oxígeno, el silicio, el aluminio, el hierro o el calcio. Por eso no es de extrañar que los minerales más abundantes sean el cuarzo (compuesto por óxido de silicio), los distintos feldespatos (Al, Si, O, combinados con Na, Ca o K), piroxenos (con todo lo anterior y magnesio) y sales como el carbonato cálcico, formadas por seres vivos hace millones de años.

Antes de seguir, volvamos un momento al tema de la solubilidad para saber por qué nuestros océanos no están llenos de óxido de hierro.

La cantidad de una sal que se puede disolver en un líquido dependerá del las propiedades que tengan los iones que la componen. Las fuerzas que unen algunos iones son más débiles que las de otros, por lo que las moléculas de agua pueden separarlos (y disolverlos) más fácilmente. Por otro lado, a las moléculas de agua les cuesta más separar los iones que están unidos formando estructuras más grandes así que, en general, cuanto más débiles sean los enlaces y más pequeñas sean las “moléculas” de la sal, más fácil será disolverla y cabrá un cantidad mayor en un mismo volumen de agua.

Por otro lado, también hay compuestos químicos que no son sales y que ni siquiera son solubles en absoluto…Y eso es precisamente lo que le pasa a los elementos más abundantes que el sodio: las sales y compuestos más comunes que forman el hierro y el aluminio son poco solubles o insolubles, el silicio ni siquiera forma sales y las sales de calcio, como por ejemplo el carbonato de calcio, son muy poco solubles (todo esto lo podéis ver en esta otra lista o en esta tabla interactiva que me ha gustado mucho). Como resultado, cuando este tipo de compuestos llegan al mar no se disuelven en el agua, sino que se precipitan hacia el fondo en forma de sedimentos.

Por tanto, aunque el sodio “sólo” sea el sexto elemento más abundante de la corteza, es el único que se puede disolver en los océanos en grandes cantidades.

Vale, tiene sentido. ¿Y qué pasa con el cl...?

Claro, es que apenas hay minerales que contengan cloro en la corteza terrestre y esto parece contradecir la explicación. Pero, ojo, que aquí viene el quiebro.

Por supuesto, una parte del cloro que hay en los océanos viene de los minerales que componen las rocas. Aunque hay relativamente pocos minerales que contengan cloro, nuestro planeta es suficientemente grande y viejo como para que se hayan podido acumular cantidades significativas de este elemento en el mar por la erosión química del suelo. Pero si hay pocas rocas en la superficie que contengan cloro es porque en condiciones normales, el cloro es un gas. ¿Y de qué lugares suele salir mucho gas, voz cursiva?

De… Los… ¿Volcanes?

Eeequilicuá. Se cree que los volcanes han estado llenando los océanos de iones de cloro durante miles de millones de años, ya sea porque el cloro emitido por los volcanes de la superficie termina fijado en el agua de lluvia, que luego cae al mar, o porque es vertido directamente al mar desde los volcanes submarinos.

En esta tabla tenéis la composición de los gases emitidos (en porcentaje) en tres erupciones volcánicas distintas. Podéis ver que la emisión de los distintos gases, entre los que se encuentra el ácido clorhídrico, varía según la naturaleza de la emisión:

(Fuente)

Sí, todo tiene sentido, Pero también veo que las erupciones emiten muchos iones de sulfatos. ¿Por qué no hay más sulfatos en el mar?

No he podido encontrar una respuesta exacta pero, por un lado, los sulfatos no son tan solubles en el agua como el cloro y, por otro, parece ser que tienden a reaccionar con otros elementos (como el hierro) para terminar fijado en las rocas. Y esa es la razón por la que hay tantísimo cloruro de sodio disuelto en los océanos en vez de otro tipo de sales, vaya.

Total, que me ha parecido curioso que los iones de cloro y sodio que forman la sal de mesa lleguen hasta el océano a través de procesos distintos y sólo se unan cuando el agua que los mantiene disueltos se seca, formando los cristales con los que luego aliñamos nuestros platos.

[modo irónico on] Interesantísimo, sin duda. [modo irónico off]

¿Qué risa, eh, voz cursiva? ¿Sabes qué te va a parecer más interesante?

¡Afff! ¡No, por fav…!

En septiembre de 2015 publiqué un libro en el que hablo sobre la historia de la astronomía con la editorial Paidós y ahora está disponible en librerías tanto en España como en México y a través de internet por todo el mundo.

Así que, si os apetece saber cómo hemos llegado a conocer todo lo que sabemos hoy en día sobre el universo, podéis hacer click sobre la siguiente imagen del libro, “El universo en una taza de café“, para ir a la entrada donde hablo del libro con más detalle:

¿Qué pasaría si la Tierra fuera plana? (2ª Parte)

Es posible que estas últimas semanas os hayáis topado con la “polémica” absurda del rapero que dice que la Tierra es plana y la respuesta del astrofísico Neil DeGrasse Tyson. Además, hace poco colgué este vídeo en el que enseñaba cómo podéis ver la puesta de sol dos veces y cómo este hecho demuestra que la Tierra no es plana. Así que, aprovechando el tirón de la Tierra plana, he pensado que ya va siendo hora de escribir la continuación de la primera parte de una entrada que escribí el 18 de febrero del año pasado llamada “¿qué pasaría si la Tierra fuera plana? (1ª Parte)”.

En resumidas cuentas, en esa entrada hablaba sobre cómo notaríamos la gravedad producida por un planeta plano y por qué, en realidad, la fuerza de la gravedad obliga a los planetas a adoptar formas esféricas (o, como mínimo, de patata). En esta segunda parte hablaré sobre qué pinta tendría la superficie de un planeta plano a grandes rasgos. Por ejemplo, ¿qué pasaría con los océanos?

Bueno, pues que se derramarían por los bordes, obviamente.

Pues, no. Curiosamente, ocurriría lo contrario.

Esto no le pasaría nunca a nadie, ni en una Tierra esférica ni en una plana. (Fuente)

Como habíamos visto en la primera parte, caminar desde el centro de la Tierra plana hacia uno de sus extremos sería como intentar escalar una pendiente cada vez más empinada, aunque el terreno sobre el que nos moviéramos fuera completamente horizontal. Y esto se debe a que cada vez tendríamos más masa por detrás de nosotros, así que la fuerza gravitatoria no sólo tiraría de nuestro cuerpo en un ángulo cada vez más cerrado, sino que lo haría con una fuerza cada vez mayor.

Por eso, si pusiéramos una pelota cerca del borde de la Tierra plana, entonces ésta empezaría a rodar hacia el interior del disco hasta llegar a la zona central… Aunque su superficie fuera completamente lisa y horizontal. Una vez allí, rodeada por la misma cantidad de material en todas las direcciones, no sería estirada en ninguna dirección más que en otra y terminaría por quedar en reposo.

Y, como podéis imaginar, lo mismo pasaría con el agua, que tiende a fluir hacia la posición donde tiene la menor energía potencial.

La energía potencial gravitatoria de un objeto depende de su masa, de la altura a la que se encuentre y de la intensidad del campo gravitatorio a la que esté sometido. En nuestra Tierra esférica, con un campo gravitatorio que es prácticamente constante por toda su superficie, las cosas que se encuentran a una altura mayor tienen una mayor energía potencial y, si no tienen nada sobre lo que apoyarse, caerán hacia lugares donde su energía potencial sea menor. En cambio, sobre la superficie de un planeta completamente plano, aunque un objeto se encontrara siempre sobre la superficie y, por tanto, siempre a la misma altura, la intensidad del campo gravitatorio es mayor en las zonas cercanas al borde del disco y mínima en su centro. Así que todo tenderá a moverse hacia el centro del disco, donde la energía potencial de un objeto será menor… Incluidos los fluidos como el agua o el aire.

O sea que, en un planeta plano, lejos de derramarse por los bordes, toda el agua fluiría hacia el centro del disco, acumulándose allí y formando un “océano” con forma lenticular alrededor de la zona central.

Los habitantes de este planeta plano verían un escenario curioso, desde luego, porque desde cualquier punto del planeta se podría ver el gigantesco bulto de agua asomando en la lejanía… Bueno, asumiendo que no hubiera aire entre sus ojos y el “océano”, claro.

Para que sobre la superficie del planeta plano hubiera habitantes, primero debería existir con una atmósfera. Pero, pese a que no existiría un horizonte propiamente dicho en el mundo plano, el campo de visión de sus habitantes estaría limitado a unos 296 kilómetros porque el aire no es completamente transparente. Así que, por desgracia, el océano lenticular no se podría ver desde cualquier rincón de la Tierra plana.

Al tratarse de un fluido, la atmósfera estaría distribuida de la misma manera que el agua, aunque formaría una “cúpula” más grande debido a su mayor volumen. Probablemente, la densidad del aire sería máxima alrededor del centro del disco y disminuiría en las zonas más cercanas a los bordes.

Por supuesto, en los dos casos la altura y la extensión de las cúpulas de agua o aire dependerán tanto del grosor de la Tierra plana como de la cantidad de agua o aire que haya sobre ella. Pero, eso sí, para que el agua se desparramara más allá de los bordes del disco como en la imagen del principio, habría que añadir suficiente agua sobre la Tierra plana como para que el océano cubriera toda la superficie por completo. O sea, que el planeta entero tendría que estar cubierto por una gigantesca cúpula de agua antes de que ésta empezara a desbordarse hacia los bordes. Curiosamente, lejos de formar una catarata que se vaciara en el espacio, seguramente el agua quedaría retenida sobre el canto del disco hasta cierto punto, donde la gravedad tira de las cosas hacia la superficie del canto, como explicaba en la primera parte. Una vez cruzara el disco, el agua empezaría a caer en la otra cara del planeta plano y a fluir hasta su centro, formando otra cúpula de agua gigantesca.

Las montañas también se comportarían de manera distinta en un planeta plano. En nuestra Tierra redonda, la gravedad tira de todo hacia abajo de manera perpendicular al suelo, así que un montón de materia cualquier no tiene ningún lado preferido hacia el que caer y, con el tiempo, las montañas tienden a adoptar perfiles más o menos simétricos, con laderas parecidas en todos sus lados.

Podéis hacer un experimento vosotros mismos para simular este efecto: coged un puñado de sal y dejadla caer sobre una superficie plana. Os quedará un montículo de este estilo:

Pero, en un planeta plano, la gravedad tira de las cosas que están sobre su superficie en ángulo. Y no sólo eso, sino que el ángulo es mayor cuanto más te alejas del centro. Podéis comprobar vosotros mismos las consecuencias que esto tendría para las montañas haciendo montones de sal sobre superficies con distintas inclinaciones. Al fin y al cabo, un planeta plano donde la gravedad actúa en ángulo y una superficie inclinada donde la gravedad tira hacia abajo son dos situaciones equivalentes.

Haciendo este experimento con sal y una libreta (y luego poniendo la libreta horizontal de nuevo), podéis ver cómo iría cambiando la forma de las montañas cuanto más cerca se encontraran del borde de un planeta plano.

Bueno, en las zonas más cercanas de los bordes directamente no podrían existir montañas, ya que allí la dirección de la gravedad es casi paralela al suelo. Ya veréis que, si inclináis vuestra superficie lo suficiente, entonces la sal simplemente se desparrama y resbala hasta el suelo (o el escritorio lleno de cosas, si os ha pasado a mí, que es más molesto de limpiar).

Y, como podéis imaginar, los edificios también sufrirían las consecuencias de la fuerza gravitatoria inclinada. Los edificios aguantan muy bien los esfuerzos de compresión que resultan de que actúe sobre ellos una fuerza gravitatoria en vertical, pero que no manejan tan bien los esfuerzos tangenciales.

O sea que, si queremos montar una inmobiliaria en un planeta plano, sólo nos quedan dos opciones:

Y creo que hasta aquí llega lo que que puedo afirmar con cierta seguridad sobre los efectos de la gravedad de un planeta plano “sobre la vida diaria”. Si se os ocurren otros fenómenos interesantes que creéis que ocurrirían en un mundo plano (como el clima), no dudéis en dejar vuestras ideas en los comentarios. Quién sabe, tal vez al final reunamos suficientes ideas para una tercera parte. Aunque no prometeré ninguna fecha, por si acaso.

Bonus track: como ha mencionado Petyr Andreu Baelish en los comentarios, los defensores de la teoría de la Tierra plana solucionan el problema de que la gravedad no hace que aparezca una gigantesca burbuja de aire en el centro del planeta diciendo que la Tierra está acelerando constantemente hacia arriba a 9,8 metros por segundo cada segundo, lo que crearía una “falsa gravedad” en dirección vertical idéntica a la que notamos.

Esto no tiene ningún sentido porque, suponiendo que partiéramos de una Tierra plana en reposo, tardaría sólo 354 días en alcanzar la velocidad de la luz… Algo que obviamente no ocurre, porque entonces estaríamos muertos.

Ningún objeto con masa puede alcanzar la velocidad de la luz. Y, aunque la Tierra se desplazara a esa velocidad en algún mundo fantasioso donde nada es imposible, cualquier trocito de polvo espacial que se encontrara en nuestro camino impactaría contra el planeta con una energía tremenda. Si el impacto de un micrometeoroide que se mueve a “sólo” unos pocos kilómetros por segundo puede llegar a hacer esto en el fuselaje de una nave espacial, imaginad qué haría estrellándose contra la Tierra a casi 300.000 km/s. De la misma manera, los átomos de hidrógeno que hay sueltos por el espacio lloverían sobre la superficie de la Tierra de manera constante en forma de mortífera radiación altamente energética.

Y eso por no decir que esta excusa no explica por qué otros planetas, como Júpiter, tienen satélites dando vueltas a su alrededor.

 

¡Pero no os vayáis, que aquí llega vuestra parte preferida de la entrada!

National Geographic dice que si eres fan de Ciencia de Sofá y te gustaría suscribirte a la revista durante un año a un precio irrisorio (23,88€) y encima recibir varios regalos sólo por ser tú, puedes hacer click sobre la siguiente imagen que te llevará a la entrada donde te explico la oferta con más detalle.

¿Por qué siempre vemos la misma cara de la Luna?

El otro día Joan Misram preguntaba por Facebook “¿por qué no podemos ver un lado de la Luna?“. Para que nadie se confunda, técnicamente esta pregunta es la misma que “¿por qué siempre vemos la misma cara de la Luna desde la Tierra?“. La respuesta es bastante interesante, pero antes vamos a dejar claro de qué cara estamos hablando.

La cara que vemos siempre (izquierda) y la que no vemos nunca (derecha). (Fuente)

Bueno, obviamente siempre vemos la misma cara porque la Luna no rota sobre sí misma. Duh.

Ah, craso error, voz cursiva. Si ese fuera el caso, llegaría un momento en el que la cara “visible” de la Luna se encontraría apuntando en la dirección opuesta a la Tierra y, por tanto, terminaríamos por ver la cara “oculta” en algún momento.

En realidad siempre vemos la misma cara de nuestro satélite porque la Luna tarda lo mismo en rotar una vez sobre sí misma que en dar una vuelta alrededor de la Tierra (un poco más de 27 días). El resultado es que siempre apunta hacia nosotros la misma parte de nuestro satélite, tal y como podéis ver en la parte izquierda de esta animación.

Así que, nada, ya lo sabéis. Hasta aquí la entrada de hoy, espero que os haya gus…

¡EH, EH, NO TAN DEPRISA! ¡Tú no te vas de aquí hasta que me digas cómo han llegado la Tierra y la Luna hasta esta situación!

Vaaaale, vaaaale, ya va…
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Respuestas (LXIV): ¿La Tierra gana o pierde masa con el tiempo? ¿Cuánto ha cambiado su masa desde que se formó?

Nuria Lozano me ha enviado una pregunta (a jordipereyra@cienciadesofa.com) que me pareció muy interesante: ¿Está la Tierra entradita en carnes o más bien flaqui? Ese era el “asunto” del e-mail, en el cuerpo especificaba que le gustaría saber si la masa de nuestro planeta ha ido aumentando o ha disminuido desde que se formó, ya sea debido al bombardeo por meteoritos o cualquier otra causa.

Es un tema interesante, pero antes de empezar tenemos que grabarnos a fuego una cifra en la cabeza: la Tierra tiene una masa de 6 cuatrillones de kilos. El número en sí tiene este aspecto: 6.000.000.000.000.000.000.000.000.

Teniendo esto presente, ya podemos empezar.

En primer lugar, lo obvio. Aunque construimos edificios, la población aumenta, las rocas se erosionan con el agua o los ríos sueltan material en sus desembocaduras, ninguno de estos procesos hace que la masa de nuestro planeta cambie porque simplemente se trata de mover la materia que ya contiene de un lado a otro.

¿De verdad tenías que aclarar eso?

Bueno, a todos se nos va la pinza de vez en cuando y siempre aparece algún despistado en la sección de comentarios. O sea, que lo que hace que la masa de la Tierra aumente es la caída de nuevo material sobre ella desde el espacio. Como bien dice Nuria en su e-mail, los meteoritos que caen a la Tierra cada día añaden masa a nuestro planeta.

Cuando hablamos de meteoritos no sólo nos referimos a pedruscos espaciales inmensos en plan Armaggedon. Meteoritos mucho más pequeños entran constantemente en la atmósfera terrestre. Algunos de ellos, como el meteorito de Chelyabinsk, son especialmente llamativos. Caído el 15 de febrero de 2013, no sólo fue capturado en vídeo por un montón de cámaras, sino que además explotó en el aire y su onda expansiva reventó los cristales de los edificios en un radio de varias decenas de kilómetros.

Patrañas (XI): La teoría de la Tierra en expansión

Hacía tiempo que no colgaba nada en el apartado de patrañas y, teniendo en cuenta que ya escribí sobre la teoría de la Tierra hueca, ahora le toca a la teoría de la Tierra en expansión.

Desde que los seres humanos adquirimos cierta capacidad de raciocinio, empezamos a hacernos preguntas sobre la naturaleza de las cosas que nos rodean. ¿Por qué hay montañas? ¿Y valles? ¿Y acantilados? En definitiva, ¿por qué la superficie de la Tierra tiene esta forma precisamente y no cualquier otra?

Por supuesto, en las primeras explicaciones que se nos ocurrieron aparecían involucrados muchos fenómenos sobrenaturales: una o varias divinidades habían creado el mundo de esta manera y… Bueno, ya está, no hacía falta hacerse más preguntas. Por suerte, a medida que nuestra comprensión de la naturaleza avanzaba, hubo gente un poco más curiosa decidió empezar a pensar en otras alternativas.

A partir del siglo XV, con el descubrimiento de América, la aparición de mapas cada vez mejores despertaron la intriga de los cartógrafos. Cosas como la costa este de América del Sur, que parece encajar con la costa oeste de África casi como dos piezas de un puzzle, podían hacer que te plantearas si esa coincidencia había sido realmente fruto de la casualidad o si, por el contrario, realmente existía alguna razón tras ella.

(Fuente)

Una vez más la humanidad tenía el misterio servido y, con el tiempo, fuimos encontrando las pistas que nos ayudarían a resolver el enigma.
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¿Cómo es en realidad el interior del planeta Tierra?

Parece que, en general, tenemos la concepción de que la Tierra es una especie de corteza sólida rellena de magma líquido. Al fin y al cabo, el simple hecho de que existan lugares como la caldera del monte Nyiragongo (que aparece en el siguiente vídeo junto con un vulcanólogo demasiado intrépido) parece apoyar esa idea.

Pero hoy vengo a desafiar algo que habíamos dado por sentado hasta el momento: el interior de nuestro planeta es prácticamente sólido. Y digo prácticamente porque hay una parte líquida, pero no se encuentra donde la mayoría pensamos.
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Respuestas (LII): ¿Y si me tiro por un agujero excavado a través de la Tierra?

Alguien me preguntó hace tiempo qué ocurriría si pudiera hacer un agujero de punta a punta del planeta y saltara a través de él.

Olvidándonos de que el planeta está relleno de magma y todas las dificultades técnicas que esto supondría para construir un túnel, vamos a analizar el problema. También supondremos que sacamos todo el aire del interior del túnel.

Como la Tierra está dando vueltas alrededor de su propio eje constantemente, lo que pasará al saltar por un túnel que atraviese el planeta dependerá de la orientación del propio agujero. Puedes agujerear el planeta entre dos puntos del ecuador o de norte a sur.

¿Se están invirtiendo los polos magnéticos de la Tierra?

El otro día colgué en Facebook una entrada antigua en la que respondía a la pregunta ¿Cuándo desaparecerá el campo magnético terrestre? y recordé que me habéis preguntado varias veces cómo podría afectar a nuestras vidas la infame (y supuestamente inminente) inversión de los polos magnéticos del planeta. Gracias, prensa sensacionalista, por darme trabajo.

El campo magnético del planeta aparece a partir del movimiento del hierro fundido que rodea el núcleo sólido de la Tierra (explicaba el proceso en esta entrada) y se extiende formando una “burbuja” magnética invisible a nuestro alrededor de 1.600.000 kilómetros de radio. Esto convierte el planeta en un imán gigantesco, aunque no demasiado potente, que ejerce su influencia sobre cualquier cosa cargada eléctricamente que se le acerque lo suficiente.

Un imán espolvoreado con partículas de hierro desvela la forma de su campo magnético. El de la Tierra es igual.

¿Y sirve para algo el campo magnético o está ahí sólo para ayudar a los pájaros durante sus migraciones?

¿Debería preocuparnos el supervolcán de Yellowstone?

A principios de este mes salió una noticia alarmista de la mano de Actualidad RT (para variar) a raíz de una sucesión de pequeños temblores de tierra que tuvieron lugar en el parque nacional de Yellowstone y de un vídeo en el que aparecen unos bisontes corriendo por la carretera.

Si el vídeo hubiera sido grabado en cualquier otro lugar del mundo, no hubiera reunido los más de dos millones de visitas que ahora tiene. Pero, claro, esto es el parque nacional de Yellowstone, el lugar que contiene una caldera volcánica tan grande que se diceque su erupción podría proyectar suficiente ceniza a la atmósfera como para sumir nuestro planeta en una era glacial, extinguir a la humanidad y destrozar parte de E.E.U.U, ya de paso. El fin del mundo, vaya.
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Respuestas XL (40): ¿Cuándo desaparecerá el campo magnético terrestre?

Albert Saenz estuvo leyendo que la rotación del planeta mantiene en funcionamiento el campo magnético que nos protege de la radiación proveniente del espacio exterior, así que le surgió una pregunta: ¿Cuánto tardará el núcleo en dejar de rotar y desaparecerá el campo magnético que nos protege?

Como me gusta mucho dar rodeos, remontémonos 4.500 millones de años en el pasado, cuando la Tierra aún era una bola de magma incandescente.

El panorama no era muy esperanzador para la vida en aquella época. (Fuente)
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