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¿Qué pasaría si la Tierra tuviera una forma distinta? (de cubo, tetraedro…)

Después de “¿Qué pasaría si la Tierra fuera plana? (1ª Parte)” y “¿Qué pasaría si la Tierra fuera plana? (2ª Parte)“, llega “¿cómo experimentaríamos la gravedad en la Tierra si su forma no fuera ni esferoidal ni plana? de la mano del guionista, escritor, actor, director, y locutor Roberto López-Herrero.

Roberto acompañó esta pregunta con algunas sugerencias desconcertantes como qué pasaría si la Tierra tuviera forma de manzana mordida” o “de diábolo” (¿?). No sé qué estás tramando con estas formas tan extrañamente específicas, Roberto López-Herrero, pero es una idea interesante.

Ante nada, aunque nos podemos hacer una idea de cómo variará la gravedad sobre un objeto buscando sus ejes de simetría y su centro de masas, he encontrado esta herramienta bastante útil con la que podéis simular el campo eléctrico generado por el conjunto de cargas que podéis distribuir como queráis. O sea, que se pueden “dibujar” figuras bidimensionales con las cargas eléctricas que proporciona la página web para descubrir la forma aproximada del campo eléctrico que generarían.

¿Y qué tiene que ver la electricidad con la gravedad de un planeta con una forma rara? ¿Se te ha ido la flapa, Ciencia de Sofá?

Pues no, voz cursiva, la flapa sigue en el lugar que le corresponde. Lo que pasa es que la intensidad de un campo eléctrico, igual que la de un campo gravitatorio, aumenta y disminuye según el cuadrado de la distancia. O sea que, a efectos prácticos, la aplicación está simulando un campo que tiene el mismo comportamiento que un campo gravitatorio.

Bueno, vale, esta patillada te la paso.

Bien, pues vamos a empezar por la situación más normal que Roberto mencionaba en su correo: una Tierra con forma de cubo.
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¿Por qué se mueven tan rápido las estrellas hiperveloces?

Así, en plan general, se puede considerar que una galaxia no es más que una mezcla de gas y estrellas confinada por la gravedad que gira alrededor de un punto del espacio. El número de estrellas contenidas en una galaxia puede variar bastantela galaxia Segue 2 cuenta con sólo 1.000 estrellas, mientras que WISE J224607.57-052635.0 está compuesta por 300 billones de soles.

Exceptuando algunas rarezas aisladas como el Objeto de Hoag, las galaxias se pueden clasificar en tres tipos, según su forma: espirales, elípticas o irregulares.

Un ejemplo de cada tipo, podéis intentar acertar cual es cada uno.

Se cree que las galaxias empezaron a tomar forma después de que el hidrógeno y el helio que se había producido tras el Big Bang comenzara a acumularse en las zonas del espacio donde la densidad de material era mayor. A su vez, los grumos más densos que aparecieron en el interior de estas gigantescas masas de gas terminarían colapsándose bajo su propia gravedad y darían lugar a las estrellas que, por primera vez, arrojarían algo de luz en el universo. A día de hoy, la galaxia más antigua de la que tenemos constancia es EGS-zs8-1, formada “sólo” 670 millones de años después del Big Bang (por cierto, será mejor que os hagáis a la idea de que durante esta entrada no veréis ningún nombre bonito).
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Por qué sabemos que el ser humano ha pisado la Luna (y varias veces)

Desde que facilité mi e-mail para que me enviéis las preguntas que os atormentan (jordipereyra@cienciadesofa.com), me habéis preguntado muchas veces si creo que el ser humano ha llegado a la Luna o no. Visto que llevo demasiado tiempo sin prestar atención a un tema tan solicitado, hoy toca hablar sobre si hay huellas humanas en la superficie de la Luna o no. En realidad, técnicamente no hablaré de “mi opinión” porque, aunque quisiera creer lo contrario, eso sería irrelevante. Es un hecho: hemos pisado la Luna.

¿Pero qué dices, Cienciadesofa? ¿Cómo te puedes fiar de lo que te dicen los medios y los gobiernos? ¿No ves que te están manipulando y...?

A ver, voz cursiva, que la prensa intente maquillar ciertas cosas para inducir a la gente a interpretar los sucesos de una manera distinta no significa que todo lo que está universalmente aceptado sea una mentira. Está bien decir que dudas de todo lo que oyes, pero elegir la versión que más te gusta sólo porque le lleva la contraria a lo que piensan los demás no es una señal de que estés pensando de manera crítica. Lo único que has hecho ha sido cambiar un rebaño por otro.

Pero, bueno, vamos a lo nuestro.
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¿De dónde sale el calor del cuerpo humano?

Ayer repasaba la lista de preguntas que me habéis mandado al e-mail (jordipereyra@cienciadesofa.com) y encontré una que había olvidado por completo, pero que en su día me pareció tan interesante que he pasado la noche autoflagelándome como castigo por haberla olvidado durante meses: ¿De dónde sale el calor que nos mantiene vivos? Es decir, ¿qué parte parte de nuestro cuerpo lo produce?

Sin más dilación, empecemos por poner algo de contexto.

Todos hemos oído alguna vez que el cuerpo humano funciona de manera óptima cuando se encuentra a una temperatura de entre 36,1ºC y 37,2ºC (o algo parecido). ¿Por qué precisamente ese rango de temperaturas y por qué nuestra vida empieza a peligrar cuando nos alejamos de estos valores?

Oye, estás muy preguntador hoy, ¿eh? No sé si te has olvidado que aquí soy yo quién se encarga de cuestionar las cosas.

Ay, sí, perdona, voz cursiva, la próxima te la dejo hacer a ti.

Pues resulta que los seres vivos estamos hechos de materia (notición). Pero, al contrario que la materia inerte en general, nuestros cuerpos cuentan con una variedad tremenda de moléculas distintas y muy complejas.

Esto se debe a que, al contrario que la materia inerte, los seres vivos nos pasamos el día dando vueltas por ahí, buscando comida, procesando esa comida para asimilarla, orientándonos por el mundo, renovando constantemente los distintos tejidos que nos componen, reaccionando a los estímulos que ocurren a nuestro alrededor o codificando nuestra información genética en nuestro ADN, por poner unos pocos ejemplos. Cada uno de estos procesos distintos necesita moléculas diferentes para llevarse a cabo que, además, sean compatibles entre sí.

De ahí que el carbono, un elemento capaz de formar una mayor variedad de moléculas que el resto de la tabla periódica junta, sea el elemento básico para la vida. Y no sólo eso, sino que además el carbono también permite la formación de moléculas tremendamente grandes y complejas.

Un proteasoma: una proteína grande encargada de degradar otras proteínas dañadas o no necesarias. Una obra del carbono. Crédito: molekuul.be
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¿Es posible construir una “máquina de movimiento perpetuo”?

Muchas veces me habéis sugerido que hable sobre las llamadas “máquinas de movimiento perpetuo“, aparatos que parecen funcionar de manera ininterrumpida sin combustible ni ayuda de ninguna fuente externa de energía después de darles un pequeño empujón inicial. Hay un porrón y medio de vídeos en Youtube donde aparecen supuestas máquinas de este tipo pero, ¿realmente pueden existir estos dispositivos? ¿ha construido alguien alguna que funcione de verdad? Por desgracia existen mucha charlatanería e ideas equivocadas entorno a este tema, así que he pensado que sería buena idea escribir una entrada sobre ello e intentar separar la realidad de los engaños.

En primer lugar, el movimiento perpetuo como tal no existe.

¡ENTONCES QUÉ ME DICES DE LOS PLANETAS Y…!

Calma, voz cursiva, caaaaaaaaalma. Deja que me explique.
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La “megaestructura extraterrestre” y las esferas de Dyson

Nuevo artículo para la sección de Teknautas de El Confidencial.

¿Recordáis que hace unas semanas los medios hablaban sobre una supuesta “megaestructura extraterrestre” alrededor de una estrella que presentaba unos patrones de luz extraños? Bueno, pues la comunidad científica barajaba que simplemente se trataba de una nube de polvo y cometas dando vueltas alrededor de la estrella, algo que encaja con el hecho de que el proyecto SETI ha apuntado sus radiotelescopios hacia la estrella y no ha detectado señales de radio. El análisis del SETI ha tenido lugar después de que mandara el artículo a El Confidencial, así que no pude incluirlo en el texto.

Pese a todo, el tema de las megaestructuras extraterrestres nos permite plantearnos una pregunta muy interesante: ¿cómo se las apañaría una civilización muy avanzada para satisfacer su creciente demanda energética? Una de las posibilidades es construir una gigantesca esfera alrededor de una estrella que captura toda la energía que esta emite. Ese es el concepto de la esfera de Dyson  y es sobre lo que hablo en el artículo al que podéis acceder haciendo click sobre la siguiente imagen:

Crédito: Adam Burn/deviantArt

 

¡Y recuerdo que hasta el viernes se puede votar por Ciencia de Sofá como candidato a “Mejor Blog de Educación y Ciencia” en los premios Bitácoras 2015! La última semana el blog ha bajado a la tercera posición y sólo se clasifican para la final los tres primeros, así que hace falta la mayor cantidad de votos posible para llegar a la final. Si queréis echarme un cable, explico cómo votar al blog en la entrada a la que podéis acceder haciendo click sobre este texto verde.
¡Muchísimas gracias!

¿Qué pasa si envuelvo la Tierra en una cuerda y tiro de ella?

Fernando Hernández me ha mandado un e-mail muy interesante. Quiere saber qué pasaría si rodeara el planeta con una cuerda y luego dos personas tiraran de sus extremos. ¿Cómo quedaría la cuerda? ¿Tocaría el suelo en algún momento? ¿Se despegaría de la superficie alrededor de todo el planeta y quedaría flotando en el aire? Esta última opción es la que le resulta especialmente atractiva a Fernando, que me mandó una ilustración que venía a representar esto:

Muchos os habréis hecho esta misma pregunta en algún momento de vuestras vidas y se os habría olvidado sin darle más importancia. Rescatadla de lo más profundo de vuestra memoria, porque vamos a empezar a analizar el problema hablando del horizonte.
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¿Por qué hacen falta las esferas más perfectas jamás creadas para definir qué es un kilogramo?

El otro día el más esloveno de mis compañeros de piso se preguntaba de dónde salen las unidades que utilizamos en nuestro día a día. ¿Qué es realmente un metro? ¿Y un segundo? ¿Y un kilogramo? Resulta que fijar todos estos conceptos es crucial para que nuestra civilización no se vaya al traste.

Te has levantado con el pie exagerado hoy, ¿eh?

Bueno, vale, voz cursiva, no es para tanto. Pero es importante. Y además el caso del kilogramo es bastante interesante, así que voy a dedicar la entrada de hoy a este tema.

Imagina que somos vendedores de tierras lejanas, recién llegados a una ciudad en pleno siglo… Yo que sé… IV o V. Los dos usamos balanzas y contrapesos para medir la cantidad de material con el que queremos negociar, pero resulta que en nuestros respectivos lugares nativos cada uno utiliza unos contrapesos distintos como referencia. Yo utilizo unos pequeños cubos de piedra a los que llamo Joaquines y tú unas bolas de metal de diferentes tamaños llamados Migueles. O sea, que cuando nos encontramos para realizar nuestros turbios negocios nos encontramos con un grave problema: no hay manera de que nos entendamos porque cada uno usa unos contrapesos distintos y nadie está familiarizado con los del otro.

¡Ciencia de Sofá os necesita (un año más)!

Queridos lectores,

Como cada año (desde hace dos años, tampoco es una tradición milenaria) me presento a los premios Bitácoras, en los que ya tuve el honor de quedar finalista en 2013. En 2014 no llegué a la final. Culpa mía: no fui lo suficientemente insistente con los votos. Por suerte, eso no impidió que la Tierra siguiera girando y aquí estoy mendigando vuestros votos un año más.

Yo quedando finalista en 2013.

Os explico cómo funciona el asunto.

El ganador de la convocatoria se decide en dos fases: primero tiene lugar un mes y medio de votación popular y luego un jurado elige al ganador entre los tres blogs más votados para cada categoría. A mí me toca participar “Mejor blog de Educación y Ciencia” (extrañamente). Este año ya empiezo mal porque me he acordado de la convocatoria dos semanas después de que empezara.

Excusas a parte, lo que quiero decir es: si os gusta Ciencia de Sofá, creéis que es un blog digno de merecer el título este año, y queréis echarme un cable difundiendo mi trabajo y el de la voz cursiva y, además, no queréis que os venga a dar la vara el año que viene con la misma historia, os explico cómo lo podéis votar.

Entrad en http://bitacoras.com/premios15/votar (podéis hacer click encima del texto verde directamente).
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¿Qué es el supervacío de Eridanus?

He estado repasando el correo y he visto me habíais pedido un porrón de veces que hablara sobre un lugar muy interesante: el supervacío de Eridanus. El Eridanus supervoid, que queda bastante más malote en inglés.

¿Pero qué dices de un súpervacío, Ciencia de Sofá? ¡La nada es la nada! ¡No hay nada más pequeño que nada! ¿Es que no actualizar el blog durante casi dos semanas te ha dejado el cerebro aplatanado?

Eh, eh, eh, para el carro, voz cursiva. No pensaba que hubieras acumulado tanta tirria durante estos días de inactividad como para saltar tan rápido.

El espacio exterior no está completamente vacío. Lo está en mayor o menor medida, según donde mires.

Por ejemplo, la Estación Espacial Internacional (ISS, por sus siglas en inglés) da vueltas alrededor de nuestro planeta a 400 kilómetros de la superficie terrestre. Pero la atmósfera terrestre no es una capa de gas con un grosor concreto que, de repente, da paso al espacio. La atmósfera va volviéndose cada vez menos densa con la altura, difuminándose en el espacio mientras se adentra en él cientos de kilómetros.

Es por eso que, incluso a 400 kilómetros de altura, aún queda suficiente aire en la órbita de la ISS como para que genere fricción a su paso. La fricción hace que estación espacial pierda velocidad y, a medida que pierde velocidad, su órbita se acerca hacia la superficie terrestre. Es por eso que la ISS tiene que dar un pequeño impulso de vez en cuando ganar velocidad y recuperar altura o de lo contrario terminaría cayendo de nuevo hacia la Tierra.

La altura a la que orbitan distintos satélites que, en proporción, no parece mucho.

Por supuesto, cuanto más nos alejemos de la Tierra, más vacío estará el espacio que nos rodea… Pero nunca estará vacío del todo.
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