Más asteroides

Anteayer se pusieron de moda los asteroides y Ciencia de Sofá no va a ser menos, así que vamos a profundizar en el asunto. 
Cuando una roca considerablemente grande se acerca a nuestro planeta, en seguida aparecen estimaciones sobre la probabilidad que tiene el objeto de estrellarse contra nosotros. Suele hablarse de una posibilidad de impacto entre muchos miles, una entre cientos, como muchísimo. Pero, ahora que no estamos lejos de contar con la tecnología necesaria para desviar asteroides, ¿Qué probabilidad deberíamos tomarnos en serio para dejar de mirar como pasan lo asteroides y empezar a actuar? 
Se ha apodado NEOs (Near Earth Objects) a los objetos que pasan peligrosamente cerca de la Tierra, y desde 1995 han aparecido varios programas con el fin de catalogar las órbitas de todos y tenerlos más o menos controlados.

 Fuente: neo.jpl.nasa.gov
En el gráfico aparece reflejado el número de asteroides descubierto desde que empezaron los esfuerzos, por semestre y programas de búsqueda, siendo Catalina el más efectivo (no son ningunas siglas extrañas, es el nombre del observatorio, situado en la Sierra de Santa Catalina, Arizona). 
Se han descubierto hasta la fecha unos 10.000 NEOs, de tamaños dispares. De momento, se estima que más del 90% de los objetos de más de un kilómetro de diámetro, los más peligrosos, han sido catalogados.
Fuente: neo.jpl.nasa.gov 
(también conocida como la web con más puntos del mundo)
En el gráfico de aquí arriba, aparece el número de asteroides descubierto según su tamaño. A partir de 100 metros, más o menos, un asteroide empieza a considerarse una amenaza.
Si somos tan listos y tenemos el asunto tan controlado, ¿entonces por qué no vimos venir el meteorito ruso?
Por lo que se sabe hasta le momento, el pedazo de roca que cayó sobre Rusia apenas pesaba 7 toneladas y medía 15 metros de diámetro. En jerga astronómica, es una puñetera broma.
Nuestros sistemas podrían haber detectado algo tan pequeño, porque ya lo han hecho con cuerpos similares, pero es bastante complicado y no sale a cuenta porque el daño que pueden hacernos es mínimo. Por eso, los esfuerzos prefieren centrarse en buscar cosas más grandes que de verdad supongan un riesgo para la Tierra y no perder el tiempo analizando en cielo en busca de pedruscos que de tanto en tanto puedan darnos un susto (menos mal que esto no lo leen muchos rusos).
Meteoritos como el de Rusia simplemente arden al entrar en la atmósfera hasta consumirse y, aunque suele decirse que esto es debido a la fricción del aire, en realidad no tiene nada que ver
Cuando una masa sólida se sumerge muy, muy rápido en un volumen de aire (un asteroide normalito puede viajar fácilmente a 54.000 km/h), el gas que tiene delante tiende a apartarse de la trayectoria a medida que la masa, en este caso un asteroide, lo atraviesa. 
El problema es que, a esas velocidades, el objeto va tan rápido que al aire no le da tiempo a quitarse de en medio, y empieza a amontonarse frente al morro del asteroide, comprimiéndose. Un gas, al comprimirse, se calienta. Si alguien ha intentado inflar vigorosamente las ruedas de una bici con una mancha manual, lo habrá comprobado.
Intentando plasmarlo en imágenes.
El aire alcanza unas temperaturas tan altas, y el meteorito lo empuja con tanta fuerza, que el calor se transfiere muy rápido a la masa de la roca espacial y las altas temperaturas terminan debilitando su estructura.
La caída violenta del asteroide debilitado termina desintegrándolo y toda la energía cinética generada se transfiere al aire que lo rodea, que se expande violentamente al calentarse aún más. Esta expansión descontrolada es la onda expansiva que llega al suelo y revienta los cristales de las casas o hace saltar las alarmas de los coches. 
Ya me he ido por las ramas.
Volviendo a las probabilidades de que terminemos como los dinosaurios, la NASA calcula que un asteroide llamado 2011 AG5 tiene una posibilidad 1 entre 500 de chocar contra la Tierra en el año 2040. Vamos, un 99,8% de posibilidades de pasar sin pena ni gloria. 
Pero un 0,2% no es una cifra que deba desestimarse. Al fin y al cabo, si este pedrusco de 140 metros de diámetro impactara contra la superficie terrestre, liberaría una cantidad de energía equivalente a 100 megatones (o 100.000.000 de toneladas de TNT), pudiendo arrasar un área de unos 160 kilómetros de diámetro.
En principio, parece que no piensa hacerse nada al respecto y esperarán a que 2011 AG5 vuelva a pasar relativamente cerca de la Tierra en Septiembre de este año para salir de dudas. 
Como decía al empezar la entrada, la tecnología necesaria para desviar asteroides está a la vuelta de la esquina. Recordemos que ya estrellamos estrellamos algo contra un asteroide en 2005.

El problema es que salvar a la humanidad sale carísimo, y la comunidad internacional no se quiere gastar un dineral para desviar un asteroide que tiene un 0.2% de probabilidades de estrellarse contra nosotros.

Para evaluar el peligro que representa un asteroide que pasa cerca de la Tierra, se elaboró la escala Torino, que valora del 0 al 10 su nivel de peligrosidad.

Que, en resumidas cuentas, viene a ser:

Nivel 0: no pasa nada.

Nivel 1: no pasa nada.

Nivel 2: no pasa nada.

Nivel 3: hacemos como que pasa algo, pero no pasa nada.

Nivel 4: la probabilidad de impacto es del 1% o mayor, pero no pasa nada.

Nivel 5: seguramente no impacte, pero si faltan menos de 10 años para que venga el asteroide, deberíamos reunirnos para hablar y ver qué hacemos.

Nivel 6: seguramente no impacte, pero es bastante grande y si faltan menos de 30 años para que venga el asteroide, deberíamos reunirnos para hablar y ver qué hacemos.

Nivel 7: algo muy grande pasará muy cerca, seguramente no podremos hacer nada, pero reunámonos para ver si de verdad estamos condenados.

Nivel 8: los suicidios sectarios probablemente maten a más gente que el propio asteroide.

Nivel 9: muere mucha gente.

Nivel 10: fin.

Lo curioso es que la escala lo da todo por perdido del nivel 8 hacia arriba y ni siquiera recomienda qué medidas tomar al respecto, porque probablemente no haya ninguna.

Para los próximos cincuenta años, están previstos encuentros con 56 objetos catalogados como nivel 6, 12 nivel 7 y de nivel 9 hay…

QUE NO, QUE ES BROMA.

Lo más alto que ha llegado a puntuar un asteroide que pase por aquí cerca con regularidad es 4, y luego fue degradado a nivel 0. El que supone un mayor riesgo actualmente, es de nivel 1.

Así que será mejor preocuparse por las cosas que pasan en la superficie de nuestro planeta y dejemos al resto del sistema solar tranquilo.

ACTUALIZACIÓN DEL 22/02/2013.

He encontrado el siguiente vídeo que muestra los efectos de la onda expansiva del meteorito de Rusia, grabado por diversos aficionados y cámaras de seguridad.

Es impresionante cómo es capaz hasta de tumbar puertas de almacenes.

¿Cuánto oro contienen los océanos?

El agua del mar no sólo contiene sal. Tiene disueltas pequeñísimas cantidades de casi todos los elementos, entre ellos el oro: alrededor de 13 milmillonésimas de gramo de oro por cada litro de agua de mar.

Se estima que el volumen de agua de los océanos, en conjunto, es de unos mil trescientos sesenta y ocho millones (1.368.000.000) de kilómetros cúbicos. Con la cantidad de oro por litro de agua que hemos mencionado, podemos calcular que hay 13 kilogramos de oro por kilómetro cúbico de agua por lo que, en total, en los océanos de todo el mundo hay unas 20 millones de toneladas de oro disuelto.

Fuentes:
http://oceanservice.noaa.gov/facts/gold.html
http://oceanservice.noaa.gov/facts/oceanwater.html

Asteroides y diamantes

Como ya sabréis, un meteorito ha caído sobre Rusia y me ha recordado una historia que leí hace un tiempo. 
Pero primero, hablemos de actualidad. 
Esta madrugada, un meteorito ha entrado en la atmósfera y ha provocado daños las poblaciones rusas  de Cheliabinsk, Sverdlovs y Tyumen

Fuente: BBC.
Casi un millar de personas han resultado heridas, pero no a causa de una lluvia de roca fundida al estilo Hollywood, sino porque el meteorito ha explotado en el aire y la onda expansiva generada ha reventado todos los cristales que ha encontrado en su camino, que luego han caído a la calle, concretamente sobre las cabezas de los que paseaban tranquilamente bajo las ventanas.



Cómo no, he visto que en las redes sociales la gente empezaba a sacar sus teorías (probablemente, ni siquiera eran propias).

Hay quién dice que el meteorito fue interceptado por el sistema de defensa anti-misiles ruso, cosa  que dudo, dado que esta mole de 10 toneladas se movía a 54.000 km/h. Un misil intercontinental tiene suerte si pasa de 2.500 km/h. 

No soy un experto, pero yo lo descartaría.

Otros argumentan que esto no era más que la carta de presentación de un asteroide más grande, 2012 DA14 (que, por cierto, fue descubierto por un equipo amateur español), que pasará muy cerca de la Tierra esta noche, y que ahora viene le gordo. Dos cosas:

– El asteroide viene en dirección opuesta a la que ha caído el meteorito ruso.
– La órbita del asteroide lleva tiempo siguiéndose y se conoce muy bien. Todo indica a que no va a impactar contra nosotros.
EN EL HIPOTÉTICO CASO, que no es el nuestro, de que impactara, es un cuerpo muy pequeño. Mide unos 50 metros de diámetro. Me suena que hace algunos años ya pasó algo parecido con uno más grande, y no hizo más que desintegrarse en la atmósfera. Cuando encuentre algo lo actualizaré, pero ahora tengo prisa porque me van a cerrar el supermercado.

Así que nadie se preocupe, podemos posponer el sacrificio de Bruce Willis unos años más.
Si queréis seguir en directo el paso del asteroide, la NASA lo ha montado para que podáis verlo aquí.

Y la noticia de la que hablaba al principio.

Hace 35 millones de años, un asteroide de verdad impactó al noreste de lo que ahora es Rusia (a saber en aquella época cómo estaban distribuidos los continentes) y el impacto generó un cráter de casi 100 kilómetros de diámetro al que, millones de años después, los rusos llamaron Popigai. Muy mal.

Normalmente, las historias de asteroides terminan así y volvemos a Facebook a ver si durante el minuto que llevamos leyendo ha pasado algo importante. Pero esta es diferente.

Al parecer, el meteorito se estrelló contra un yacimiento de grafito, por lo que el calor y la presión desatados durante el impacto convirtieron grandes cantidades de carbono en diamante. En otra entrada ya hablamos de las diferentes estructuras que puede adoptar el carbono

En fin, que esos diamantes no se han movido del sitio y han permanecido en el mismo lugar durante todos esos millones de años, hasta que un grupo de geólogos rusos lo descubrió en los años 70 y lo archivaron automáticamente como secreto de estado. Recientemente, estos archivos han salido a la luz y Rusia no hace más que chulear porque dicen que pueden abastecer ellos solitos el mercado de diamantes durante 3.000 años.

Teniendo en cuenta que un quilate (o 200 miligramos, hablamos del tema aquí) suele valer alrededor de 2.000$, y teniendo en cuenta que los cálculos apuntan a que en el cráter hay varios billones de quilates enterrados, podemos imaginar cómo crecerá el PIB de Rusia cuando empiece a explotarlo en serio.

Aunque deberían habérselo callado, porque encontrar unas reservas tan grandes no hará más que abaratar los diamantes, ¿no?

Lo siento, tampoco soy economista.

Especial Mercurio

Íbamos a escribir un especial sobre química, pero con el primer tema nos estábamos alargando tanto que hemos decidido convertirlo en un capítulo sobre uno de nuestros elementos favoritos de la tabla periódica: el mercurio.

De símbolo químico Hg, en alusión a su nombre en latín hidrargium (de hidros, agua y argentum, plata), ha alimentado la curiosidad del ser humano desde su descubrimiento. 


Hablando de alimentación, la curiosidad no es lo único que se ha nutrido de este elemento: el emperador Qin Shi Huang murió en el 210 a.C. por tomar regularmente un brebaje de mercurio que había mandado desarrollar a sus alquimistas, pensando que esta sustancia le otorgaría la inmortalidad


Si es bonito, es sano“, Qin Shi Huang emperador chino y coautor de “La dieta Dunkan”.

Que sea un metal que se encuentra en estado líquido a temperatura ambiente no es la única propiedad curiosa que caracteriza al mercurio. Otra cosa que sorprende de este elemento es su densidad: un litro de material pesa 13.6 kilogramos, (lo que es el equivalente a sufrir una luxación de muñeca al levantar un botellín de Font Vella).


A consecuencia de esto, y como las cosas menos densas flotan sobre las que lo son más, casi todos los elementos que puedan sonarte de algo flotarán en mercurio.
Por ejemplo, una bala de cañón de hierro (densidad, 7.87 kg/litro).



Si contaran con los medios económicos necesarios, en el vídeo podrían haber demostrado cómo otros materiales más densos se hunden en mercurio, como por ejemplo el uranio (18.95 kg/l), el oro (19.3 kg/l), el osmio (22.16 kg/l) o la trilogía de Cincuenta Sombras de Grey.

No nos creemos que la BBC, de donde procede la animación, no pueda permitirse comprar un lingotillo de oro para una demostración rápida, pero en su defensa debo decir que la prueba tampoco sería recomendable, ya que el oro tendería a amalgamarse con el mercurio, liberando una cantidad enorme de calor y… 


¡Eh, para el carro!


¡Calma, ahora lo explico! El mercurio hace cosas muy entretenidas cuando entra en contacto con ciertos elementos. 


Una amalgama es una mezcla fruto de la reacción entre el mercurio y otro metal (menos el hierro). Al echar algún metal sólido dentro de un recipiente con mercurio, el primero se disuelve y ambos pasan a formar un sólo compuesto.

     Amalgama de mercurio y oro. Fuente: aquí.

Se usaba mercurio para amalgamarlo con el oro incrustado en las rocas en minería y así poder extraerlo con facilidad. Por suerte, esto sólo duró hasta que se descubrió que el mercurio es extremadamente tóxico y los residuos que quedaban desataban el caos en los ecosistemas cercanos, aunque seguía siendo demasiado tarde para advertir a Qin Shi Huang sobre los peligros de su particular dieta Dunkan. 

Las amalgamas de plata-mercurio, por ejemplo, se usan en implantes dentales. No nos alarmemos, no son tóxicos porque la mezcla forma un material sólido muy resistente y hace falta mucho desgaste para que una cantidad inofensiva se cuele en nuestro organismo.


Pero no hay que disolver nada en una piscina de mercurio para que la reacción tenga lugar. El mercurio no necesita estar en superioridad numérica para atacar, como demuestra el siguiente vídeo:



¡OMG!

En condiciones normales el oxígeno de la atmósfera reacciona con el aluminio de la superficie formando una fina capa protectora de óxido de aluminio impermeable que impide que el oxígeno penetre en el interior de la pieza y la debilite desde dentro.

Pero el mercurio no es una nenaza como el oxígeno y se infiltra entre la capa de óxido de aluminio, impidiendo que se forme una barrera continua que proteja el resto del material contra el oxígeno y permitiendo que el oxígeno penetre en la estructura. Esto forma nuevas capas de óxido que a la vez son atravesadas por el mercurio y el oxígeno, formando más capas… Y al final acaba todo lleno de grietas y la estructura hecha un desastre.

El mercurio es tan efectivo rompiendo la barrera natural del aluminio que, durante la II Guerra Mundial, los aliados aprovechaban este fenómeno e infiltraban unidades militares en territorio alemán para untar sus aviones con mercurio y dejaban a los nazis con el culo torcido al ver que sus aeronaves caían del cielo sin explicación alguna.

Moraleja: lo único que impide que un avión se estrelle es una capa microscópica de óxido de aluminio.

Hidrofobia

Además de ser una excusa barata para la gente a la que no le gusta demasiado ducharse (es broma, en realidad es un síntoma mortal que padecen los individuos afectados por la rabia), una sustancia hidrófoba es aquella que repele el agua o que no es capaz de mezclarse con ella.
Hoy en día, el uso de la nanotecnología ha permitido llevar el fenómeno al extremo, con resultados que desafían nuestra percepción de la realidad.



El compuesto puede aplicarse también directamente sobre la piel, para conseguir el siguiente efecto.

Pero este fenómeno no se limita a sprays aplicables sobre otras superficies. Existen sustancias sólidas que manifiestan hidrofobia al ser cubiertas por una capa de pequeñas partículas de sílice y sometidas a un baño de vapor de trimetilsilano. El resultado es esta arena hidrófoba, por ejemplo.

Cuando entra en contacto con el agua, el recubrimiento de cada grano tiende a adherirse con el de sus vecinos más cercanos, sellando cualquier hueco por donde pueda colarse el líquido. Pero, ¿Por qué forma churros? Responderemos a eso con un churro de dibujo.

Al depositar la arena sobre una masa de agua, los granos de la capa que entra en contacto directo con la superficie líquida se pegan entre sí, impidiendo la difusión del líquido a capas superiores. De esta manera, el montón de arena quedará flotando sobre una especie de balsa compacta.
Como el centro de nuestro montículo de arena pesa más que el exterior, por el mero hecho de tener una pila más alta de material, la estructura tenderá a hundirse por en medio. Pero, como todo el tinglado está sustentado por una capa compacta e impermeable, la arena no puede atravesarla y hundirse en el agua. En lugar de eso, deforma la balsa impermeable, dándole forma de cúpula inversa.
Si, llegados a este punto, continuamos añadiendo masa (en el gif se deja caer un flujo constante de arena), el peso en el centro del montículo no dejará de aumentar,  por lo que la deformación inicial seguirá acentuándose. La presión del agua, que comprime la masa bajo el agua desde todas las direcciones con la misma fuerza, obliga a la protuberancia a tomar la forma que minimice en mayor grado la superficie de contacto: un cilindro.
Total, que al sacar la arena del agua los granos de arena se separan y, como el agua no había podido colarse en su interior, aparece totalmente seca, en contra de toda intuición.
Ahora sólo falta esperar impacientes el momento en que algún loco resuelva, dejando pruebas documentales, la siguiente ecuación:

El minigolf del Diablo

Esta figura geométrica surgió de la mente de un tal D. Castro, como la respuesta a un interrogante planteado en la década de 1950 por Ernst (los alemanes sólo usan las vocales en caso de emergencia) Strauss: ¿Existe una habitación que, cubierta de espejos, no pueda ser iluminada por una sola vela?



El primero en proponer un contraejemplo que diera una respuesta contundente a esta pregunta fue George Tokarsky en 1995, con una figura geométrica de 26 lados que demostraba que sí, que existen figuras que cumplen esa condición.

Más tarde, el tal D. Castro (de quien asumo que no soy capaz de encontrar el nombre, ya que esto es lo máximo que me he acercado) propuso la figura de 24 lados que aparece en esta entrada.

Si se colocara una vela en el punto A, un observador situado en el punto B no podría ver el reflejo de la llama en ninguno de los espejos que le rodean. Supongo que, por eso, esta figura recibe el sobrenombre de “el agujero negro”, un cuerpo celeste que posee una fuerza gravitatoria tan poderosa que ni la luz puede escapar de ella (aquí faltan matices que espero tratar en entradas futuras).

Con un enfoque más simplista, pasándonos las leyes de la física por el forro, suponemos que:

– Tenemos un palo de golf indestructible.
– Tenemos una bola indestructible.
– No hay aire en la habitación, así que la bola no pierde energía por rozamiento.
– El suelo está hecho de un material mágico que no genera fricción, por el mismo motivo.
– Lanzamos la bola desde el punto A con una fuerza casi infinita.
– Los espejos son indestructibles y transmiten toda la energía del rebote de nuevo a la bola, para evitar que se rompan y que caiga sobre nuestros hombros una eternidad de mala suerte.

“No os preocupéis, lo tengo todo bajo control”

Entonces, dando por hecho que desaparecemos como nenazas cuando la pelota empieza a volar a nuestro alrededor a velocidades cercanas a la de luz, ya puede rebotar la bola para siempre, que nunca va a llegar al punto B.

A grandes rasgos, supongo que algo así quería decir el que acuñó el término “el minigolf del Diablo”.

Especial Química (I)

El primero de un número desconocido de posts que (a mi parecer) recopilarán las reacciones químicas más interesantes que encuentre por internet. Basta de cháchara.

En primer lugar, presentamos la combustión de un gas inflamable en el interior de una botella de cristal
Para explicarlo, tengamos en cuenta la siguiente figura.


En el estado 1, los átomos de combustible (negro) y los de oxígeno (rojo) están mezclados de manera uniforme a lo largo del volumen de la botella. 
Al aplicar una llama (estado 2), el oxígeno y el combustible empiezan a combinarse, dando lugar a nuevos compuestos gaseosos (verde y azul), que ya no son inflamables. Esta reacción libera mucha energía, por lo que estos nuevos compuestos están muy calientes y, como todos hemos experimentado al sacar una pizza del horno, el aire caliente tiende a subir. 
Debido a esta diferencia de temperatura entre los nuevos gases y la mezcla oxígeno-combustible más fría, los diferentes compuestos se separan (estado 3).
Aquí es donde aparece el conflicto.
Al prenderle fuego a la mezcla, el gas que entra en contacto con la llama empieza a arder instantáneamente, y los productos de la combustión, muy calientes, tienden a subir y escapar por la apertura de la botella.
Pero los gases de deshecho ocupan un volumen mayor y la apertura no da abasto para evacuarlo todo al tiempo que se va formando, por lo que éste tiende a acumularse a su alrededor, formando una burbuja cada vez más densa que desplaza el resto de gas inflamable hacia abajo y aumentando la presión en el interior de la botella. 

En una combustión al aire libre, la llama podría propagarse por donde le diera la gana pero, en este caso, impedida por la presión, no le queda más remedio que permanecer en la frontera entre los dos gases.
Al final, cuando la llama ha quemado todo el combustible que contiene la botella, dejan de generarse gases de deshecho y la apertura es capaz de evacuarlos todos de golpe. 
Pero el proceso es tan rápido que la botella queda vacía, y algo de aire de del exterior es succionado a su interior. Este aire contiene oxígeno, que reacciona con el combustible residual, generando una última llama que se expande con fuerza, ya libre del efecto de la presión.

Nuestro segundo invitado en este episodio especial es el tiocianato de mercurio.

Esta reacción, llamada poéticamente “la serpiente del Faraón” (desconozco si tiene connotaciones sexuales), libera gases tóxicos, por lo que es recomendable realizarla en espacios abierto o, mejor incluso, mirarla a través de Youtube.

Solía usarse como material pirotécnico para espectáculos, e incluso podía adquirirse en tiendas de petardos en algunos países, hasta que varios niños murieron por comer el sólido resultante en Alemania y se dieron cuenta de que con todo el asunto del mercurio, deberían haberlo pensado antes.

Nos despedimos con la reacción del veneno de serpiente con sangre humana.

Por suerte, no todos los venenos de serpiente van a hacerte eso. El que es usado en este gif es veneno hemotóxico de una serpiente de cascabel de Mojave, que produce un potente agente coagulante que… Bueno, ya lo vemos.

Lo más sorprendente de este caso es que, si te da tiempo a llegar a un hospital, es muy probable que te salves.

De todas maneras, a menos que viváis cerca del río Mississippi, en principio no hay de qué preocuparse.

EN PRINCIPIO…

La Gran Mancha Roja

Una tormenta de nubes rojizas lleva soplando sin descanso desde hace más de 300 años y nadie se da cuenta, pero no hay que preocuparse: igual que el volcán más grande del sistema solar, este fenómeno no se encuentra en la Tierra.

En un alarde de originalidad sin precedentes, su descubridor recurrió a sus instintos más básicos y bautizó lo que estaba viendo a través del telescopio como la Gran Mancha Roja.

Nuestro corresponsal en Júpiter nos cuenta la historia.

Júpiter es el planeta más grande del sistema solar, con unos 140.000 kilómetros de diámetro (frente los 12.756 de nuestro planeta). Está compuesto, casi por completo, por gas (75% de hidrógeno, 24% de helio) y, de hecho, si tuviera una masa 10 o 12 veces mayor, su núcleo estaría sometido a la presión suficiente como para encenderse y convertirlo en una estrella.

Uno de los rasgos que nos puede resultar menos familiar de Júpiter es que no tiene una superficie sólida. En lugar de eso, su atmósfera va volviéndose más densa a medida que nos vamos acercando al núcleo (y hasta ahí hay un rato de camino), donde las presiones son tan altas que se especula sobre la existencia de hidrógeno metálico. En otras palabras: presiones tan altas que consiguen que un gas se comporte como un metal.

Por cierto, ¿He comentado ya que la tormenta de la que hablábamos al principio mide 20.000 km de largo por 12.000 de ancho? No, ¿Verdad?

Pero, en la Tierra las tormentas más grandes duran como mucho unos días, quizás semanas… ¿Por qué la Gran Mancha Roja lleva – al menos – 300 años activa?

Uno de los factores que hay que tener en cuenta es que la Tierra tiene una superficie sólida, por lo que una tormenta va perdiendo potencia a medida que el viento transmite la energía al suelo. En Júpiter, una bola de gas de diferentes densidades, una tormenta puede desplazarse perdiendo muy poca energía a causa del rozamiento.Otra razón, y quizás la más significativa, es el llamado efecto Coriolis.

Profundicemos.

Si la Tierra no rotara sobre su eje, además de una notable diferencia de bronceado entre sus habitantes, el aire tan sólo circularía de norte a sur. Esto es porque la temperatura se transmite de los focos calientes a los más fríos, y el aire caliente del ecuador, que recibe más radiación solar, tendería a desplazarse hacia los polos y viceversa, sin más efecto.

Básicamente.

Pero cuando entra en juego la rotación, la cosa cambia.

Como la atmósfera no está “anclada” a la superficie igual que un objeto sólido que descanse sobre ella, cuando el planeta rota hacia un lado, las capas de aire alejadas del suelo tienden a quedarse un poco rezagadas. El mismo efecto que tiene lugar cuando pasamos la mano por el agua: el líquido que se encuentra en contacto directo, o muy cerca, de la piel es capaz de igualar la velocidad que lleva la mano. Pero, en puntos más alejados, vemos que el fluido va mucho más lento. En un punto suficientemente lejano, el agua ni se ha movido.

Total, que, contando el efecto Coriolis, la atmósfera se convierte en esta locura.

(Fuente: www.astronomynotes.com)

Por si eso no fuera suficiente, el último dato a considerar, es que por algún motivo que no está del todo claro, Júpiter emite el doble de energía del que recibe del Sol. El flujo de calor proveniente del núcleo del planeta podría, en teoría, estar alimentando la tormenta desde las capas más bajas de la atmósfera.

Con todo lo dicho, tengamos en cuenta entonces dos factores:

1) Su diámetro es casi 11 veces el de la Tierra.

2) Tiene el periodo de rotación (el “día”) más corto de todo el sistemas solar, tardando sólo 9,9 horas en dar una vuelta sobre su eje.

Y teniendo en cuenta que el efecto Coriolis se intensifica cuanto mayores son el radio y la velocidad de giro,  no debería extrañarnos la existencia de una tormenta de 20.000 kilómetros de largo con vientos de hasta 400 km/h.

Así que pensémoslo dos veces antes de colapsar Facebook porque está lloviendo un poco.

Temperatura mínima

Medimos la temperatura con escalas que tienen sentido, como las escala ideada por Anders Celsius, que tomó como referencia los puntos de congelación y de ebullición del agua, dividió el intervalo entre 100 y obtuvo acuñó lo que llamamos ahora 1ºC.

Existen además los grados Réaumur, Rømer, Newton y Delisle, que ni sabía que existían hasta que me he puesto a buscar información para este artículo.

Pero hay una que es especialmente aberrante para la lógica: la condenada escala de Gabriel Fahrenheit, que decidió porque a él le daba la gana que la temperatura corporal media del cuerpo humano son 96ºF y que la temperatura más baja a la que podía enfriar una mezcla de agua, hielo y sal que tenía tirada por su laboratorio equivaldrían a 0ºF. Luego se dio cuenta de que, con esta escala el agua sin aditivos se congelaba a los 32ºF, y decidió usar este nuevo dato como referencia para calibrar un sistema sin sentido que arrastraría su odiado apellido por la historia: la escala Fahrenheit. 

¿Cómo puede ser que alguien utilice este sistema hoy en día? Cómo no, los estadounidenses, aunque no debería extrañarnos teniendo en cuenta su caótico sistema de unidades.

Me he tomado la libertad de hacer un par de gráficos para exponerlo de manera más visual.

Dejando a EEUU a un lado, y volviendo a lo que nos concierne, en 1848 William Thompson, o lord Kelvin, decide que es necesario un sistema que no tenga como referencia los estados de una sustancia cuyo punto de fusión y ebullición están sujetos no sólo a cambios en la temperatura, sino también a otros factores ambientales. 
En centrales térmicas, por ejemplo, hay tuberías que conducen agua a 400ºC en fase líquida, porque la presión impide que ésta se evapore. Es decir, que dos escalas Celsius tomadas en diferentes condiciones climáticas probablemente serían ligeramente diferentes debido a leves cambios en la presión atmosférica.
En el caso de los Fahrenheit probablemente no importaría, dado que el sistema es una mierda de todas maneras.
(Fuente: Google)
Dejando al cabrón de Fahrenheit de lado, el caso es que a Lord Kelvin se le ocurrió elaborar su escala basándose en la temperatura mínima que es capaz de alcanzar cualquier tipo de materia. Y aquí es donde por fin el post se pone interesante.
A nivel atómico, el fenómeno que percibimos como calor no es más que la velocidad a la que los electrones orbitan alrededor del núcleo atómico. Cuanto más rápido se muevan los electrones, con más fuerza vibrarán los átomos y, por tanto, se generará más fricción entre ellos. Esta cantidad de fricción es la que interpretamos como “temperatura”. 
Con lo explicado como referencia, es lógico pensar que la mínima temperatura posible será alcanzada cuando los electrones que giran alrededor del núcleo atómico se detengan por completo, y este fue el punto que Lord Kelvin definió como 0ºK (-273ºC), para más tarde adoptar los mismos incrementos de un grado que existen en la escala Celsius.

Bismuto

A primera vista, el bismuto puede parecer un material aburrido. Es el elemento número 83 de la tabla periódica. De color gris blanquecino cuando está en estado puro (como casi todos los demás metales), se funde a una temperatura relativamente baja (271 ºC), no es especialmente escaso o valioso, y sus propiedades mecánicas lo convierten en un material muy utilizado para… nada.

“Meh.”

Pero no, ¡Esperad! ¡No dejéis de leer, os juro que esto mejora!
Seguir leyendo Bismuto

Divulgación científica para mentes distraídas.

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