Lo prometido es deuda y aquí está el primero de los vídeos en los que hablo sobre la geología del Islandia, aprovechando que estuve por ahí de viaje a principios de este mes (spoiler: hay muchos paisajes volcánicos).
¡Espero que os guste!
Jordi Pereyra Marí (Ibiza, 1990). Graduado en Ingeniería Mecánica por la Universidad Politécnica de Catalunya e interesado en… Bueno, en cualquier tema que le ayude a entender mejor el mundo en el que vivimos. En 2013 empezó Ciencia de Sofá con la intención de despertar el interés por la ciencia entre el público que está menos familiarizado con ella, usando el humor y un lenguaje cercano, una fórmula que lo ha colocado entre los blogs de ciencia en castellano más populares.
Lo prometido es deuda y aquí está el primero de los vídeos en los que hablo sobre la geología del Islandia, aprovechando que estuve por ahí de viaje a principios de este mes (spoiler: hay muchos paisajes volcánicos).
¡Espero que os guste!
NOTA: si habéis estado siguiendo a Ciencia de Sofá en Instagram (@cienciadesofa) o en Facebook durante estos días, sabréis que he estado de viaje en Islandia. Vi muchas cosas interesantes y terminé grabando bastantes vídeos, así que es probable que durante las próximas semanas cuelgue más de un vídeoblog del viaje en el canal de Youtube… Por si os queréis suscribir a él y tal (guiño, guiño).
Acabada la campaña chapucera de redes sociales, pongámonos manos a la obra con la entrada de hoy.
Imaginemos que estamos en la playa un día especialmente tranquilo. Más allá de las pequeñas olas que puedan romper la armonía de la superficie lisa del mar, en esos momentos nos da la impresión de que el agua del océano está perfectamente nivelada con el horizonte como si fuera un vaso de… Bueno, de agua. Pero esta aparente planitud de los océanos no es más que una ilusión porque, como todos sabemos, la Tierra es redonda y, a gran escala, la superficie de las grandes extensiones de agua está tan curvada como la de nuestro planeta.
Aun así, entre lo difícil que resulta apreciar la curvatura del horizonte y lo poco concreta que es la expresión «nivel del mar«, da la impresión de que, aunque esté curvada, la superficie del océano debería estar nivelada a lo largo y ancho del planeta. Dicho de otra manera: lo lógico sería que todos los puntos de la superficie del mar estén a la misma distancia del centro de la Tierra.
Pero resulta que no es así: la superficie del océano está llena de protuberancias y depresiones, igual que en tierra firme hay montañas y valles. Y no me refiero a las olas o las mareas, sino a masas inmensas de agua que se alzan por encima de otras a escala planetaria y que permanecen estables durante millones de años. Lo que quiero decir es esto, vaya:
Sí, claro, montañas de agua… Me parece que vas a necesitar algo más que un dibujo cutre para convencerme.
Todos hemos visto alguna vez la típica escena en la que los protagonistas de una película o serie se acercan a investigar un objeto que ha caído del cielo y, al llegar al lugar del impacto, encuentran un meteorito clavado en el suelo y echando humo… O vapor… O cualquier otro efecto visual que nos da a entender que su superficie a está muy, muy caliente.
Pero, por muy extendida que esté la idea de que los meteoritos llegan a la superficie de la Tierra casi incandescentes, ese no suele ser el caso, así que…
Así que vas a hablar de meteoritos otra vez, ¿verdad?
Sí, voz cursiva, otra vez.
En primer lugar, aclaremos la terminología: un trozo de roca y metal que flota por el espacio, un meteoroide, se convierte en un meteoro si se adentra en nuestra atmósfera y se desintegra antes de tocar el suelo… Que viene a ser lo que comúnmente llamamos una estrella fugaz, vaya. Sólo los meteoroides que sobreviven a su paso por la atmósfera y llegan hasta el suelo tienen el honor de llamarse meteoritos.
Os dejo también una animación que ilustra muy bien la diferencia.
Hay que tener en cuenta es que los meteoroides se mueven a hasta 72 kilómetros por segundo cuando entran en contacto con la atmósfera terrestre. A estas velocidades, el gas que tienen frente a ellos se comprime una barbaridad y, por tanto, su temperatura aumenta muchísimo. De hecho, el intenso calor producido durante esta fase hace que la superficie de los meteoroides se funda.
Ah, vale, ¿y me quieres decir que una bola de metal y roca no va a llegar al suelo calentita después de pasar por este proceso?
Pues no necesariamente, voz cursiva.
Ahora que tengo un material ligeramente mejor (básicamente, el micrófono de solapa que me habéis sugerido mil veces y un ordenador que no se atasca cada 30 segundos cuando estoy editando), vuelven los vídeos de Ciencia de Sofá. Esta vez quería poner a prueba cuál es el método que funciona mejor para enfriar rápidamente una bebida: sumergirlo en hielo, en agua y hielo o en hielo con agua salada. Eso no quiere decir que no existan otros métodos potencialmente mejores que pueda poner a prueba en otro vídeo… Si queréis.
¡Espero que os sea útil!
