Tristán de Acuña

Nos gusta muchísimo Google Earth y, haciendo el tonto en medio del Océano Atlántico (método infalible para encontrar cosas curiosas), hemos terminado aquí.

Poco dice la imagen a parte de que, mires en la dirección que mires alrededor de estas islas, no se puede ver ni rastro de Tierra, pero sí la curvatura de la superficie terrestre (aunque, para ser sinceros, tampoco sabemos si Google la exagera). 
Activando las etiquetas, hemos visto que esto es el archipiélago de Tristán de Acuña, compuesto por tres islas de las cuales sólo una contiene un asentamiento permanente y resulta ser el lugar habitado más remoto del planeta

La población más cercana está a 2454 km, en la isla de Santa Elena, que tiene la mitad de superficie y casi 16 veces más habitantes. Eso no impide que unos 271 residentes vivan en esta isla de 201 kilómetros cuadrados que pertenece al Reino unido y cuya capital (y único poblado) es “Edimburgo de los Siete Mares”.
¡Déjate de Google Earth y enséñanos fotos reales!

No hay demasiadas fotos de Tristán de Acuña en internet en las que se pueda apreciar claramente la topografía de la isla. Estas son una vista aérea y otra desde el mar.

Y, sí, como seguramente hayáis deducido de las imágenes, la isla es en realidad un volcán. De hecho, en 1963 entró en erupción y su población tuvo que ser evacuada al Reino Unido durante un tiempo. Fue entonces cuando ocurrió algo curioso.
Algunos habitantes de la isla enfermaron de cosas como gripe, una enfermedad que en Tristán de Acuña no existe debido a su aislamiento y algunos ancianos murieron a causa de ello. Pudo estudiarse un poco a la población refugiada y se encontró que la incidencia de enfermedades genéticas (como el asma o el glaucoma) era mucho más alta de lo normal entre ellos porque… Bueno, 271 personas en medio del mar… Al final todo el mundo es, como mínimo, primo de alguien. Ya sabéis lo que queremos decir.
De hecho, las 80 familias que viven en Tristán de Acuña se reparten sólo 8 apellidos: Glass, Green, Hagan, Laverello, Repetto, Rogers, Swain y Patterson. 
Parece un poblado idílico, sí, pero de media cada habitante 

La cuestión es que casi todo el mundo volvió a Tristán de Acuña después de la erupción pero, al llegar a sus casas, encontraron que esta había afectado al poblado. Los perros, sueltos por la isla durante ese tiempo, habían matado a su ganado y, por si esto fuera poco, incluso los piratas habían saqueado la isla. Pese a todo, todo el tinglado fue reconstruido y hoy en día sigue siendo la colonia más remota del mundo gracias al comercio con langostas y pescado y su gestión del limitado terreno (de uso común) a la hora de cultivar y mantener al ganado.
Hasta hace poco, la única vía de comunicación con el resto del mundo que tenía Edimburgo de los Siete Mares era un teléfono/fax y un barco que visitaba el lugar una vez al año con medicinas, revistas, provisiones y artículos variados.
Y, ahora que están empezando a instalar servicios decentes de internet, tenemos la esperanza de que alguno de sus habitantes llegue hasta esta entrada, no la entienda, la pase por el Google Translator, se haga una idea aproximada, se ponga en contacto con nosotros y nos empiece a mandar fotos de Tristán de Acuña a mansalva.

Respuestas XV: Cocinar palomitas por fricción.

Roger Abella nos pregunta esta semana si sería posible hacer palomitas con las manos.
Las palomitas se generan (“eh, chicos, vamos a generar palomitas”) cuando el agua del interior del maíz se evapora y la presión aumenta hasta que la piel de la semilla no es capaz de retenerla y cede de golpe.
Por suerte, en Youtube está el proceso en slow motion. Como a todos nos encantan las cosas a cámara lenta, os dejamos unos segundos para que lo admiréis varias veces.

Ya desde un principio, sabemos que el agua en el interior del maíz tiene que evaporarse para convertirse en un gas y que así la presión aumente, cosa que no ocurrirá hasta que la semilla se encuentre a 100ºC así que, de alguna manera, en algún momento nuestra piel tendrá que estar a esa temperatura. Sólo con este dato podemos anticipar que, si pueden cocinarse palomitas con las manos, no va a ser una tarea agradable.
La siguiente fórmula relaciona la cantidad de energía que vamos generando al frotar las manos (suponiendo que toda la energía se convierta en calor) y la energía necesaria para calentar las manos hasta 100ºC para que actúen como sartén.

Donde estimamos la fuerza entre las manos de poco más de 5 kg (F=50N), encontramos el calor específico de la carne humana para saber a qué ritmo absorberán el calor generado nuestras manos (Ce= 3470 J/kg·K, sacados de engineering toolbox, que empieza a darnos bastante miedo), el coeficiente de rozamiento entre las manos (µ=0.62), la masa de las manos es de unos 450 gramos cada una (m=0.45 kg) y la temperatura a que tenemos que añadir a nuestras manos para llegar a los 100ºC, suponiendo que las tenemos a unos 35ºC, es T=65ºC.
De las variables que influyen, podemos controlar el tiempo que pasamos frotando las manos (t) y la velocidad a la que lo hacemos (v). Por tanto, podemos enfocar el problema de dos maneras: la primera es frotar lo más rápido posible para que las palomitas se hagan lo antes posible, y la segunda es frotar tranquilamente para generar calor poco a poco y hasta, eventualmente, acumular el suficiente para cocinar.
Vamos a probar la primera opción.
Si queremos las palomitas hechas, por ejemplo, en 1 minuto:
v = T Ce 2m /u F t = 568 m/s.
Como suele pasar en las secciones de respuestas, hemos superado por mucho la velocidad del sonido, que es de 344 m/s en el aire. Además, pasarde 0 a 568 m/s sometería las manos a una aceleración (suponiendo un recorrido de unos 20 centímetros durante el frotado), de 3130 m/s^2, que son unos 319 G
Vamos a describir lo que ocurriría en nuestras manos a esas velocidades.
Nos colocamos en la que definiremos posición inicial: la mano izquierda la dejamos fija y juntamos los dedos de la mano derecha con la palma de la mano izquierda.
La mano derecha acelera frotando la piel de la otra mano de 0 a 568 m/s en apenas 20 centímetros. Este movimiento dura tan sólo 0.000352 segundos y somete la mano derecha a una aceleración en dirección contraria de 289.5 G, más que de sobra para romper cualquier hueso del cuerpo
Mientras la mano derecha acelera, se forma delante de ella un frente de presiones extremadamente altas, ya que el aire no tiene tiempo de apartarse de su camino. Al aumentar mucho la presión del aire, como durante la caída de un meteorito, la temperatura aumenta drásticamente y la piel de la parte superior de la mano alcanza temperaturas muy por encima de los 100 grados.
Acabamos de empezar y probablemente todos los huesos de nuestras extremidades superiores estarían rotos, además de sufrir quemaduras de tercer grado en las manos. Pero aún no hemos acabado: hemos hecho el primer movimiento, falta el retorno.
Cuando la mano derecha llega al final del recorrido, deberá frenar por completo para “hacer marcha atrás” y seguir generando fricción con el movimiento opuesto.
El frenazo reducirá la velocidad de 568 m/s a 0 m/s en una distancia de apenas un par de centímetros, necesarios para mantener el contacto entre las dos manos. Esto generaría una deceleración de unos 28400 m/s^2, que esta vez son 2895 G. Sorprendentemente, un buen reloj mecánico abrochado a tu muñeca sobreviría a este frenazo, pero ninguna otra parte de tu brazo podría decir lo mismo 
Además, la onda generada durante la etapa anterior emitiría un estruendo similar al de un petardo mediano mientras la mano derecha vuelve a su posición inicial y trozos de tu piel se van quedando atrás
No soy médico, pero creo que esta opción no es fisiológicamente viable para un solo movimiento, así que hacer esto durante un minuto queda totalmente descartado. Aunque, claro, el motivo principal es que sería imposible que, como humanos, alcanzáramos esa velocidad.
Así que vamos a ver si podemos tenerlas hechas en un periodo de tiempo razonable, frotando las manos a una velocidad que no requiera el sacrificio de nuestras extremidades.  
Para tenerlas hechas en los 3 minutos que tarda el microondas, necesitaríamos rascar las manos a 208 m/s. Pese a encontrarnos en el rango de velocidades subsónicas, sigue sin ser factible. En 5 minutos, seguiríamos necesitando frotar las manos a 125 m/s y a 63 m/s para tenerlas hechas en 10 minutos. Obviamente, ninguna de estas velocidades es sostenible instantáneamente, así que mantenerlas durante más de un segundo no es posible.
La ecuación también puede expresarse así.
Como nos gusta tener piel y músculos, decidimos que preferimos la opción de frotar las manos a unos 30 centímetros por segundo, un ritmo mucho menos antinatural.
Entonces, las palomitas empezarían a explotar en:
t = T Ce 2m / u F v = 125256 segundos
Por tanto, frotando las manos a una velocidad razonable, tardaríamos 1 día, 10 horas y 48 minutos en alcanzar los 100 ºC necesarios para cocinar las palomitas.
Esto también tiene un problema: durante casi todo ese tiempo, tus manos se encontrarían a temperaturas de más de 50ºC, lo que las iría secando y abrasando lentamente
O sea, que eligiendo esta opción estarías cambiando la desintegración instantánea (y, probablemente, indolora) de tus extremidades por un doloroso ritual de fuego de casi un día y medio de duración que terminaría requiriendo la amputación de las manos.

Conclusión: no puedes hacer palomitas frotando las manos.

Nota: Extrañamente, no hemos encontrado información sobre ningún récord de “el mayor tiempo frontando las manos”, lo que nos ha extrañado. Se agradecerá cualquier información al respecto (si nos enviáis un vídeo reproduciendo los resultados predichos, aún mejor).

Celacantos

Los celacantos son animales difíciles de avistar, pese a que pueden llegar a medir hasta 2 metros de longitud y pesar 90 kg, ya que viven en profundidades de entre 150 y 700 metros y raramente se acercan a la superficie. 
De hecho, los fósiles recogidos de esta especie tenían 400 millones de años y se suponía que se había extinguido hace 65 millones de años… Hasta que se encontraron especímenes vivos en 1938.

Para hacernos una idea de la escala. Fuente: mnh.si.edu
Aunque su cabeza es muy grande, su minúsculo cerebro sólo ocupa un 1.5% de la cavidad craneal. El 98.5% restante está lleno de tejido adiposo, o sea, grasa. La cantidad reducida de neuronas se pone de manifiesto en este vídeo.

SPOILER: no es un animal entretenido de ver.

Y aquí otro en el que aparece un ejemplar de celacanto haciendo lo que mejor se le da: mantenerse más o menos estático contra la corriente.

Dejando de lado su cerebro atrofiado, lo curioso de esta especie es que sus cuatro aletas la relacionan genéticamente con los tetrápodos (criaturas con cuatro patas) y durante un tiempo se creyó que el celacanto era el eslabón perdido entre los peces y los primeros animales que salieron a la superficie caminando a cuatro patas.
“Me faltará cerebro, pero aletas me sobran”


Pero, no: estudios genéticos llevados a cabo por un un equipo de internacional, publicados en la revista Nature, han demostrado que el celacanto es una rama evolutiva diferente y que los animales terrestres provienen de los peces pulmonados (a su vez descendientes de algunos tetrápodos como el Panderichtys), las primeras criaturas en ser capaces de respirar aire

Línea evolutiva de diferentes especies de tetrápodos.

Pese a llevar tanto tiempo existiendo, los celacantos han pasado casi 400 millones de años prácticamente sin evolucionar. Se cree que esto es debido a que, en las profundidades a las que viven, no tienen competencia directa ni depredadores importantes. Por suerte, tampoco tienen valor comercial para los seres humanos ya que, al parecer, su carne desprende una sustancia aceitosa que le da un sabor asqueroso.

Respuestas XIV: Calentar cosas a gritos.

Pablo Gómez nos pregunta esta semana durante cuánto tiempo tendría que gritarle a un pedazo de queso para fundirlo.

¿Pero cómo vas a calentar algo gritándole? ¡Eso no tiene sentido!

Más o menos, de la misma manera en la que las cosas se calientan por fricción (de hecho puedes hasta soldar cosas sólo usando fricción). Nos explicamos.

Las ondas sonoras son frentes de altas y bajas presiones que se alternan.

En nuestro ejemplo, un hombre está gritando hacia una pared por algún motivo que sólo él conoce y genera frentes de ondas a diferentes presiones (lo que nuestros oídos interpretan como sonido) que impactan contra la superficie del muro. Cuando un frente de presiones altas empuja el muro (1), éste tenderá a desplazarse un poco al ser empujado. Cuando este frente de presión más alta termina, le sigue uno a presión más baja que no es capaz de empujar la pared con la misma fuerza, por lo que el muro puede desplazarse de nuevo hasta la posición en la que se encontraba (2). Esta ligera sucesión de movimientos, muy rápida en la realidad, genera fricción entre las moléculas, lo que las calienta.

Volviendo al tema que nos ocupa, la fundición de derivados lácteos a gritos, para resolver el problema tendremos en cuenta dos cosas:

1) La potencia necesaria para calentar algo de una temperatura a otra.

2) La potencia que son capaces de transmitir las ondas sonoras generadas por los seres humanos.

Por suerte, alguien ya había respondido a algo parecido con tazas de café y, como nuestro caso tiene los mismos fundamentos, usaremos ese procedimiento tomando las siguientes variables:

1) El calor específico o “la cantidad de calor necesario para aumentar la temperatura de una unidad de material un grado”. En esta página, que nos ha dejado francamente sorprendidos, aparece el calor específico para diferentes alimentos. Para el queso, son 3680 Joules (unidades de energía) por kilogramo.

2) Como Pablo no ha especificado qué tipo de queso quiere fundir a gritos, tomaremos como referencia el queso parmesano, que se funde a unos 82ºC. La temperatura de fusión media de los quesos ronda los 50 grados, pero nos gusta ponernos en el caso más extremo.

3) Estimamos que las lonchas pesan unos 20 gramos.

4) Tenemos en cuenta que un grito humano se produce a unos 80 decibelios, que son unos 0.001 wattios de potencia.

Con esto, podemos empezar a calcular para varias situaciones.

  • Si el queso se nos ha olvidado tirado por encima de la encimera y está ahora a temperatura ambiente, unos 20ºC, entonces tendremos que gritarle durante 52 días, 19 horas, 26 minutos y 24 segundos hasta que se funda.
  • Si lo teníamos guardado en la nevera y sacamos el queso a unos 5ºC, entonces tendremos que calentarlo más hasta llegar a la temperatura de fusión y requerirá de 65 días, 16 horas, 33 minutos y 36 segundos de gritos continuos para fundirse.

Hasta ahora no parece prometedor el panorama, y menos si tenemos en cuenta que cada vez que paramos de gritar el queso pierde calor por contacto con el aire.

Pero, bueno, si seguimos empeñados en no gastar electricidad, la única opción que nos queda será gritar más fuerte.

El record Guiness al grito más potente emitido por un ser humano está en 129 decibelios, un ruido similar al de una ametralladora, lo que equivale a unos 7.94 W de potencia acústica.

  • Incluso siendo capaces de gritar así a 129 dB, seguiríamos tardando… 11 minutos y 54 segundos.

¡Espera! ¡Tiempo muerto! ¿Cómo hemos pasado de días a minutos en tan poco espacio?

La escala de decibelios no es lineal, es decir, el doble de decibelios no significa el doble de potencia. Un aumento de 10 decibelios corresponde a la multiplicación de la potencia por un factor de 10. Por ejemplo, 130 dB producen 10 W de potencia, pero 140 dB producen 100 W.

Seguimos con lo que estábamos.

Hemos mejorado bastante, pero después de 12 minutos gritando sin parar a ese volumen, la cantidad de caramelos de eucalipto que habremos tomado nos impedirán saborear el resultado. De todas maneras, aquí está la portadora del récord demostrando su habilidad.

Es difícil plasmar el sonido a través de los altavoces de nuestros ordenadores, pero al final del vídeo comparan en vivo el grito de esta señora con otros ruidos para comprobar el nivel de ruido que es capaz de generar.

Viendo que el ser humano ha seguido una línea evolutiva distinta a las sandwicheras, tendremos que encontrar una manera de generar más ruido que no requiera de nuestras vías respiratorias.

  • Con 150 decibelios, el nivel de ruido de una sirena de policía, estamos desarrollando 1000 W de potencia. Con esta potencia, el queso tardaría tan sólo 5.67 segundos en empezar a fundirse.

Lo que nos ha dado una idea para una nueva patente.

Pero no nos conformamos. Casi 6 segundos es demasiado tiempo que esperar para comernos un sandwich porque nos tenemos que comer el mundo.

  • El lanzamiento de un cohete Saturno desarrolla una potencia de 100 millones de Wattios durante su despegue. Si consiguiéramos colarnos en el lanzamiento de uno de estos cohetes y acercarnos lo suficiente como para no quemarnos con los vapores a altas temperaturas que salen del propulsor, los 200 dB de ruido que generaría toda esa potencia fundirían el queso de nuestro sandwich en 0.0567 milisegundos, lo que está muy bien, pero a 200 decibelios ocurre también otra cosa curiosa: tu tejido pulmonar empieza a romperse y entra aire en tus arterias que va hasta el corazón, provocando embolias a raudales y, por supuesto, la muerte**.

Total, que en la base de un cohete Saturno, tu sandwich estaría listo en un momento, pero también morirías casi instantáneamente.

**De esto se dieron cuenta por primera vez médicos de la Primera Guerra Mundial, cuando llegaban soldados con hemorragias internas pese a estar relativamente lejos de la zona donde se producía una explosión. No tardaron en darse cuenta de que el responsable de esto era el sonido: las ondas expansivas de las bombas, en realidad, no son más que ondas de sonido llevadas al extremo capaces de generar diferencias de presión enormes. A partir de ahora, vamos a pensar en una bomba como un grito extremadamente fuerte encerrado en una caja y que una guerra no es más que una discusión a ver quién grita más fuerte.

Planetas de diamante

El año pasado vi esta noticia y me la hemos vuelto a encontrar ahora por casualidad.

DESCUBREN UN PLANETA DE DIAMANTE

El titular evoca una imagen así.

Y no, las cosas no funcionan de esta manera.

A parte de decir sinsentidos como “velocidad hiperbólica” y, aunque más o menos aclaran la falacia que es es el titular, creo que el artículo no termina de dejar claro el asunto, así que le tomaré el relevo al periódico ABC en un gesto de humildad sin precedentes.

El supuesto megadiamante es 55 Cancri e, uno de los cinco planetas que orbitan la estrella 55 Cancri A. De hecho, gira alrededor de su estrella tan cerca que su año dura 18 horas y la temperatura en su superficie ronda los 2000 ºC. Es un planeta rocoso gigante catalogado como una súpertierra, con una  masa 14.2 veces mayor que la de nuestro planeta.

En primer lugar, ¿Qué diferencia a 55 Cancri e de la Tierra?
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Buitres

El otro día  nos entró una duda existencial: ¿Por qué los buitres no tienen plumas en la cabeza? Es decir, ¿Qué razón podría tener la evolución para dotarles de plumas por todo el cuerpo y dejarles la cabeza al descubierto?

Así que nada, acudimos a internet, como siempre.

La madre naturaleza quiere a todas sus criaturas por ig… TONTERIAS.

Los buitres son animales carroñeros que siguen desde el aire a los depredadores y, cuando estos han terminado de comer, bajan a por sus sobras.

A diferencia de los leones o demás depredadores a los que suelen seguir, los buitres no tienen unas útiles patas frontales ni tampoco una fuerza considerable, lo que significa que no pueden llevarse la comida a un lugar tranquilo y arrancar pedazos de carne tranquilamente mientras comen tumbados a la sombra, como hacen los leones. En lugar de eso, no les queda más remedio que quedarse en el lugar del crimen, meter la cabeza dentro de lo que queda del cadáver del animal e intentar buscar la poca carne que queda.

Por supuesto, eso es una guarrada: su cabeza acaba llena de sangre, jugos gástricos, heces (eso no lo enseñan en los documentales, ¿eh?) y demás fluidos grotescos que nos permiten seguir vivos.

Tan higiénico como apetecible. Fuente: burrard-lucas.com

Si los buitres tuvieran plumas en la cabeza, después de alimentarse de algún cadáver semidescompuesto de algún desafortunado animal, todos esos fluidos quedarían atrapados entre las plumas, sirviendo de caldo de cultivo ideal para cientos de bacterias que pueden provocar un número igual de infecciones.

Al tener la cabeza lisa (e incluso parece casi resbaladiza), no pueden acumularse microorganismos y están a salvo de sufrir infecciones.

Para ser justos, algunas especies de buitre, como el buitre rey (o zopilote rey) llevan la calvicie con más elegancia.

#SWAG.

Respuestas XIII: Materiales con memoria.

La semana pasada, Mirelha Álvarez no hizo ninguna pregunta. En su lugar dijo explica esto y adjuntó este gif.

En primer lugar, hemos encontrado el vídeo original, en el que se menciona que el clip de la animación está hecho de un material llamado nitinol. Eso nos ha facilitado mucho la búsqueda, porque se ve que es un compuesto relativamente común e incluso puedes comprarlo por internet

El nombre, digno de un cosmético rejuvenecedor de teletienda, en realidad proviene de níquel y titanio, los elementos de los que está compuesto el material. Aunque pensábamos que -nol era la terminación acordada internacionalmente para darle a las cosas un aire científico, en realidad son las siglas de Naval Ordenance Laboratory, el lugar donde fue descubierto.
Pese a que el material se fabricó por primera vez en 1958, su producción y comercialización tuvo que retrasarse hasta 1990, fecha en la que la tecnología empezó a estar lo suficientemente avanzada para poder llevar al acabo el proceso sin que costara un ojo de la cara.
Antes de explicar nada más, dejamos un vídeo más elaborado.
Este fenómeno sigue sin tener sentido alguno para mí.

Para eso estamos nosotros, para hacer el trabajo sucio.
El nitinol presenta dos propiedades estrechamente relacionadas: memoria de forma y súperelasticidad. Básicamente, los átomos que componen el material pueden desplazarse muchísimo y sufrir grandes deformaciones sin que se rompan los enlaces que los mantienen unidos. A esto hay que sumarle lo que le ocurre al material cuando se contrae o expande según la temperatura a la que se encuentre.

Cuando el  material está muy caliente, se expande y los átomos tienen bastante espacio para ponerse cómodos, así que se agrupan en una estructura llamada austenita: mallas que alternan un átomo de níquel y uno de titanio y se apilan por capas para formar el sólido. Entre los átomos queda un poco de espacio libre porque, ¿para qué apretarnos si cabemos todos?

Este es el estado en el que se le da la forma deseada al material. Por ejemplo, de palo. 
“Lo que más me gusta de Ciencia 
de Sofá es su originalidad”.
Pero, a medida que el nitinol se va enfriando, el material empieza a contraerse. La compresión obliga a los átomos a moverse, para no tener que encontrarse en una situación bastante molesta, y adoptar una nueva configuración llamada “estructura tetragonal centrada en las caras”, o estructura martensítica. Su esquema es este.

Vista “aérea” y frontal de la estructura atómica. 
Fuente: pnas.org

Tomando como referencia la figura de antes, los átomos que se enfrían tienden a agruparse en ese patrón mientras se contraen, perdiendo el espacio que quedaba entre ellos. La nueva configuración estable quedaría, más o menos, así.

Lo curioso en este caso es que, pese a que los átomos han cambiado de posición, los enlaces que los unían siguen siendo los mismos. Es como si todos los átomos estuvieran sujetos a sus vecinos con gomas elásticas y, al cambiar de posición, esas gomas se hubieran estirado en vez de romperse.
Si el material vuelve a calentarse, el espacio entre los átomos se expandirá de nuevo y habrá espacio para volver a adoptar la configuración en la que los enlaces estaban en la situación original. Las gomas elásticas imaginarias (los enlaces) tirarán de cada átomo y lo colocarán en su sitio.
Por tanto, una vez se le ha dado forma al material y se ha enfriado, podemos deformarlo tanto como nos dé la gana, ya que una vez apliquemos el calor necesario para que los átomos tengan más espacio, estos serán arrastrados por sus enlaces hasta su posición original.

El ciclo de la estructura del nitinol.

El cambio de estructura interna no es nada raro en el mundo de los metales. De hecho, se da en todas las aleaciones conocidas. Lo que diferencia al nitinol es que, además se ser de 10 a 30 veces más elástico que los demás metales, la transformación se produce entre 20 y 50ºC, en vez de a los cientos de grados a los que ocurre con el resto. Por eso el nitinol recupera la forma al ser sumergido en agua caliente, como ocurría en la animación del principio de la entrada.

¡Espera! Si el nitinol vuelve a su configuración inicial entre 20 y 50ºC, y los seres humanos tenemos una temperatura corporal me unos 36ºC, entonces…

Exactamente.

Mentalistas de todo el mundo usan cucharas hechas de nitinol para dar la impresión de que están doblando el metal con la mente cuando, en realidad, es el calor de sus dedos el que las impulsa a recuperar su estado original. El truco está en tener 40$ para comprar una de estas cucharas por internet.

Esa mirada no hace más que empeorar las cosas.

¿Qué es un ferrofluido?

El extraño tema que hoy nos ocupa es el siguiente.

Lo de esta animación es un ferrofluido: un líquido capaz de reaccionar ante la influencia de un campo magnético. Y, no: por suerte no está vivo.

Escribiendo esta entrada, lo que me ha sorprendido al buscar sobre el tema es que parece que nadie tiene ni idea de qué es el magnetismo en el fondo y tampoco parece importarle a nadie, porque para entenderlo hay que sumergirse en el campo de la mecánica cuántica (y eso es un percal).

Así que he montado una versión simplificada que considero suficientemente correcta. Pero antes veamos más acción ferrofluídica.

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