¿A qué temperatura están los meteoritos cuando tocan el suelo?

Todos hemos visto alguna vez la típica escena en la que los protagonistas de una película o serie se acercan a investigar un objeto que ha caído del cielo y, al llegar al lugar del impacto, encuentran un meteorito clavado en el suelo y echando humo… O vapor… O cualquier otro efecto visual que nos da a entender que su superficie a está muy, muy caliente.

Pero, por muy extendida que esté la idea de que los meteoritos llegan a la superficie de la Tierra casi incandescentes, ese no suele ser el caso, así que…

Así que vas a hablar de meteoritos otra vez, ¿verdad?

Sí, voz cursivaotra vez.

En primer lugar, aclaremos la terminología: un trozo de roca y metal que flota por el espacio, un meteoroide, se convierte en un meteoro si se adentra en nuestra atmósfera y se desintegra antes de tocar el suelo… Que viene a ser lo que comúnmente llamamos una estrella fugaz, vaya. Sólo los meteoroides que sobreviven a su paso por la atmósfera y llegan hasta el suelo tienen el honor de llamarse meteoritos.

Os dejo también una animación que ilustra muy bien la diferencia.

Hay que tener en cuenta es que los meteoroides se mueven a hasta 72 kilómetros por segundo cuando entran en contacto con la atmósfera terrestre. A estas velocidades, el gas que tienen frente a ellos se comprime una barbaridad y, por tanto, su temperatura aumenta muchísimo. De hecho, el intenso calor producido durante esta fase hace que la superficie de los meteoroides se funda.

Ah, vale, ¿y me quieres decir que una bola de metal y roca no va a llegar al suelo calentita después de pasar por este proceso?

Pues no necesariamente, voz cursiva.
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¿Cuál es la manera más rápida de enfriar una bebida? (y por qué)

Ahora que tengo un material ligeramente mejor (básicamente, el micrófono de solapa que me habéis sugerido mil veces y  un ordenador que no se atasca cada 30 segundos cuando estoy editando), vuelven los vídeos de Ciencia de Sofá. Esta vez quería poner a prueba cuál es el método que funciona mejor para enfriar rápidamente una bebida: sumergirlo en hielo, en agua y hielo o en hielo con agua salada. Eso no quiere decir que no existan otros métodos potencialmente mejores que pueda poner a prueba en otro vídeo… Si queréis.

¡Espero que os sea útil!

No vas a pesar 1 kg menos durante el próximo eclipse solar (ni ningún otro)

Estos días me habéis estado preguntando por un rumor que afirma que todos pesaremos 1 kilo menos durante el próximo eclipse del 21 de agosto. Dejando a un lado la confusión entre peso y masa (que mencionaré más adelante), se supone que esto ocurrirá porque, como el sol y la Luna estarán alineados con la Tierra en la misma dirección durante el eclipse, sus tirones gravitatorios se combinarán para quitarnos ese kilo de encima.

Para un aficionado a la astronomía se ve a leguas que esto es un bulo, pero lo que me ha sorprendido más de esta “noticia” es que, aunque es el tipo de chorrada que repiten una y otra vez las páginas a las que no les importa mucho su reputación, si hacéis una búsqueda rápida en Google, encontraréis esta afirmación absurda en muchos medios de comunicación importantes Incluyendo algunos que supuestamente se dedican a hablar de ciencia.

Al ver la gravedad del asunto, me he puesto en modo divulgación de emergencia y vengo a explicar rápidamente por qué la idea de que todos vayamos a pesar 1 kg menos durante el próximo eclipse solar (o cualquier otro) no tiene ningún sentido.

Como sabréis, el eclipse solar del 21 de agosto se producirá porque la Luna se va a alinear con la Tierra y el sol. Y, por supuesto, es verdad que el tirón gravitatorio que experimentaremos en dirección al sol será mayor en ese momento que cuando la Luna no está en medio.

Nada está a escala en esta imagen (excepto Ronnie Coleman y la Tierra).

Pero, incluso antes de desenmascarar el bulo analizando los efectos de la gravedad combinada del sol y la Luna sobre nosotros, la primera pista que nos indica que la afirmación de hoy es falsa es que, desde el punto de vista físico, estas alineaciones no tienen nada de especial.
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¿Vivimos en un multiverso?

Tanto si os gusta la ciencia-ficción como si no (pero especialmente si os gusta), habréis oído hablar mil veces sobre la idea de que vivimos en un multiverso compuesto por muchos universos más o menos parecidos al nuestro. De hecho, es posible que hayáis escuchado a alguien justificando esta “teoría” con un argumento parecido a este:

Cada vez que tiene lugar un evento que puede producir varios resultados diferentes, el universo se divide en tantas versiones distintas de sí mismo como posibles conclusiones existan. Si por ejemplo lanzas un dado, el universo se ramificará en seis versiones diferentes y, en cada una de ellas, existirá una copia de ti mismo que obtendrá un número distinto. Por tanto, aunque a ti te parezca que el asunto se acaba cuando tiras el dado y sacas un 3, existirían otras cinco realidades alternativas en las que cinco versiones paralelas de ti mismo habrían observado cada posible resultado… Pero nunca podrías ponerte en contacto con ellas, porque esos nuevos universos serían inaccesibles.

Por supuesto, en función del resultado que hubieras obtenido en cada uno, tu vida se desarrollaría de manera diferente en estos nuevos universos.

Aplicado esta lógica al universo entero, este planteamiento implicaría que la realidad se habría estado ramificando constantemente desde que tuvo lugar el Big Bang, creando nuevos universos cada vez que la interacción entre dos partículas tenía más de un resultado posible. Si esto fuera cierto, existiría una cantidad potencialmente infinita de universos paralelos que habrían evolucionado de manera diferente al nuestro durante casi 14.000 millones de años. Algunas de estas realidades alternativas serían parecidas a la nuestra, pero otras serían radicalmente distintas.

¿Eso significa que existirían otras versiones del universo en las que me ha tocado la lotería varias veces? ¿Y otras en la que he ganado un premio Nobel? 

Sí, claro, voz cursiva. Y otras tantas en las que la Tierra nunca se llegó a formar o algunas en las que la especie humana ha sido extinguida por un meteorito. Incluso existiría alguna realidad en la que tú llevas el blog y yo soy la voz cursiva.

Y seguro que Ciencia de Sofá tiene mucho más éxito en ese universo. En cualquier caso, ¿a qué esperamos para desarrollar alguna tecnología que nos permita visitar todas esas realidades paralelas potencialmente fantásticas? 
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Respuestas (LXXXIII): ¿Cuál es la montaña más alta que jamás ha existido en la Tierra?

Hace poco estuve hablando sobre cómo la gravedad afecta a la altura de las montañas en otros cuerpos del sistema solar y hoy voy a tratar de responder a una de las preguntas que Antonio dejó en la sección de comentarios de ese artículo: ¿cuál es la montaña más alta que jamás ha existido en la Tierra?

Ante nada, aquí llega un dato que os podría sorprender: el monte Everest no es la montaña más alta del planeta.

Ya estamos… ¿Y entonces por qué es tan famoso, si tampoco es para tanto?

A ver, no le estoy intentando quitar mérito al Everest, voz cursiva. Lo que pasa es que la altura de una montaña individual está definida por la distancia que hay entre su base y su punto más alto así que, en este sentido, el monte Everest “sólo” mide 4.600 metros de altura en su cara norte y 3.600 metros en la cara sur.

Aun así, al encontrarse sobre la meseta del Himalaya, la base de la montaña parte desde unos 4.500 metros sobre el nivel del mar. Por tanto, sumando la altura que le proporcionan la meseta y la propia montaña, la cumbre del Everest es el punto de la superficie terrestre que tiene una mayor elevación por encima del nivel del mar (8.848 m).

Pero, de nuevo, el monte Everest en sí no es la montaña más alta del planeta. Ignorando la elevación desde la que parte la base, la montaña más alta que hay sobre la superficie de la Tierra es el monte McKinley, en EEUU, con 6.193 metros de altura.

Pero en nuestro planeta hay montañas incluso mayores… Aunque no impresionan tanto a primera vista porque parte de ellas está sumergida bajo el agua.
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