Cerebro (II)

A veces vemos pedazos de información por ahí, damos su veracidad por supuesta y empezamos a esparcir ese conocimiento como falsos mesías sin ser conscientes del daño que estamos haciendo. No pasa nada: hoy venimos a hablar sobre los mitos que rodean nuestro propio cerebro (cerebros desmintiendo mitos que han esparcido sobre sí mismos).
En primer lugar, está el ganador absoluto en la categoría de falsedades ilógicas que de alguna manera se cuelan en la enciclopedia oral colectiva:

Obviamente, eso no tiene ningún sentido porque, pese a que la naturaleza no es tan inteligente como pensamos (lo comentábamos en esta entrada), no nos dotaría de un órgano que consume el 25% de la energía que ingerimos para que luego el 90% de ese órgano no sirva para nada

Por supuesto, cantamañanas paranormales varios utilizan esta cifra falsa para intentar convencerte de que hay todo un mundo más allá de nuestra percepción y que el resto del cerebro puede usarse para desarrollar telekinesis y mover cosas con la mente, tratando de venderte libros y DVDs para desbloquear tu supuesto potencial.
El cuerpo humano es una red extremadamente compleja de componentes mecánicos y reacciones químicas, que hace cosas complicadas como descomponer la comida que ingiere para absorber sus nutrientes y llevar el resto hasta la otra punta del cuerpo, detectar constantemente impulsos externos o mandar señales para que se produzcan más o menos defensas. Esto requiere una gran cantidad de potencia de cálculo y, de hecho, la vasta mayoría de tu cerebro está dedicada a controlar este tsunami de funciones involuntarias. El poco “espacio” que sobra (a saber qué porcentaje es) es el que usamos para nuestros pensamientos conscientes. 
Total, 
Mito: usamos el 10% de nuestro cerebro.
Realidad: usamos el 100%, sólo que la mayoría está ocupada haciendo cosas más importantes que prestar atención a fotos de gatos por internet.

Siguiente mandanga:

Dato extra: el bebé de la imagen es Winston Churchill.

No hay ningún estudio que confirme que escuchar a Mozart o cualquier otro compositor clásico aumente la inteligencia de los niños, estén dentro o fuera del útero materno. Tampoco en adultos, en las mismas condiciones.

Es verdad que, tanto en bebés como en adultos, la música estimula partes del cerebro que sirven para otras cosas (en este caso, el razonamiento espacial), pero lo mismo podría decirse de casi cualquier otra actividad como, por ejemplo, leer Ciencia de Sofá.

Los resultados de los estudios que se han realizado al respecto son muy diversos y la mayoría están centrados en montar dos grupos de gente, asignarles una tarea, y hacer que uno de los grupos escuche música clásica antes de realizarla y otro no. Algunos estudios reportaban una ligera mejora en las tareas realizadas por los individuos que acababan de escuchar música clásica, otros no mostraban ninguna diferencia en absoluto y algunos incluso un empeoramiento, pero en todos los casos las variaciones fueron tan leves que no pueden considerarse significativas.

Al parecer, el mito se originó a finales de la década de los 80 y principios de los 90, cuando se empezó a investigar sobre el efecto que la música tiene en el desarrollo cerebral y se sugirió, sin comprobarlo, que la música podría tener un efecto positivo a corto plazo sobre el funcionamiento de nuestro cerebro (es decir, que puede que te ayude a aclarar las ideas un rato)… Pero, claro, había gente dispuesta a exagerar la evidencia científica para empezar a vender packs de música que podían volver a tus hijos unos genios. Porque, claro, es mucho más fácil darle al play que prestarle atención.

Mito: escuchar música clásica aumenta la inteligencia de tu hijo.
Realidad: apaga la tele, quítale los auriculares y llévalo al acuario.

Y el último por hoy:

Este mito sí que tuvo credibilidad científica y fue aceptado por la comunidad médica en general… En el siglo XIX. Por aquél entonces se descubrió que las heridas en determinadas partes del cerebro se correspondían con la pérdida de ciertas habilidades.

Pero hoy en día tenemos escáneres capaces de mostrarnos directamente qué zonas del cerebro se activan cuando usamos la cabeza, y con echarle un vistazo a los procesos del pensamiento los neurólogos se han ido dando cuenta de que el cerebro es mucho más intrincado de lo que se había pensado y que muchas partes del cerebro que se creían separadas están conectadas a través de los dos hemisferios.

Hang Sơn Đoòng

Hang Son Doong es la cueva más grande del mundo y significa en vietnamita algo así como “la cueva montaña-río” (porque ha sido excavada en una montaña por un río relativamente caudaloso que aún sigue fluyendo en su interior).

Una parte de la cámara más grande, comprada con la persona en el centro. Fuente: National Geographic.

No confundamos términos: las cuevas también pueden clasificarse por tamaño según su longitud. En este caso, la cueva más grande del mundo sería la Mammoth Cave, en Kentucky, EEUU, con unos impresionantes 647 kilómetros de pasadizos subterráneos.

Pero, claro, son 647 kilómetros de “cueva normal”, por decirlo de alguna manera. No pueden impresionarte los 647 kilómetros al mismo tiempo porque no puedes verlos en conjunto (de hecho, debes acabar harto a medida que los recorres).

Ese no es el caso de Hang Son Doong, que bate el récord en cuanto a lo desproporcionada que es una de sus secciones: la cámara más grande de la cueva mide 5 kilómetros de largo, por 150 metros de alto y 200 metros de ancho. Eso es una brutalidad.

Y en esta imagen ni siquiera se ve el punto más alto.

Otra cosa que impresiona sobre la cueva es que a 3 kilómetros y medio en su interior, parte de su techo se ha derrumbado y la selva del exterior ha conquistado el terreno, formando un cráter de vegetación bastante bonito.

Pero ahí no acaba la cosa. Hang Son Doong contiene unos particulares pisolitos (en inglés, cave pearlsperlas de cueva): pequeñas esferas de piedra que se forman a medida que el agua que gotea del techo de la gruta, que contiene una pequeña cantidad de roca disuelta, empieza a acumularse excavando una pequeña piscina en el suelo. El material sólido que contiene el agua tiende a acumularse en el fondo y va aglomerándose con el tiempo hasta formar pequeñas esferas que suelen rondar el tamaño de un guisante. Suelen.

Los pisolitos de Hang Son Doong miden hasta 20 centímetros de diámetro. En la siguiente imagen, un montón de pisolitos que han ido rondando por la cueva hasta caer en un sistema de brechas.

Esto es una foto del suelo, no de una pared (aunque sólo sean piedras, a nosotros nos da como asco).

Os dejamos con un mapa tridimensional de la cueva, para que vayáis haciéndoos una imagen mental para visitarla (se organizan muy pocas visitas y cuestan unos 3.000$ por cabeza).

Respuestas XXV: días que se ALARGAN

Mario García Monterde (soltero, 23 años, deportista, romántico) ha estado leyendo que el día se alarga unos microsegundos a diario debido a la fuerza gravitatoria ejercida por la Luna sobre la Tierra y nos pregunta: ¿Cómo afectará a largo plazo esta corrección de tiempo?

Primero, pongámonos en contexto. ¿Por qué el día se alarga?

Imagen por satélite del océano pacífico. Porque nos apetecía.

Lo que llamamos “día” es el tiempo que tarda un punto de la superficie terrestre en dar una vuelta entera mientras la tierra gira hasta volver a su posición inicial. Hasta ahí todo bien. Por tanto, el tiempo que tarda ese punto en completar una revolución dependerá de la velocidad a la que la Tierra rote.

La estructura de Richat

El desierto del Sáhara es un lugar que, a primera vista, no parece demasiado variado geológicamente (hemos estado haciendo el tonto con Google Earth otra vez).

En la imagen, un área del Sáhara, en Mauritania, de 375 por 243 kilómetros (91.125 kilómetros cuadrados).

Así que te confías y vas navegando con el ratón por la zona, convencido de que no vas a encontrar nada interesante, hasta que llegas a Mauritania y dices “YEP”.

Esto es la estructura de Richat o “el ojo de África”, una formación geológica de casi 50 kilómetros de diámetro (tan grande que los astronautas orbitando alrededor de la Tierra la usaban como punto de referencia) que en un principio se creyó que era lo que había quedado tras el impacto de un asteroide, pero terminó demostrándose que no.
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¿Qué son las supernovas?

Cuando uno escucha la palabra supernova le viene a la cabeza el concepto explosión loca en el espacio* pero, técnicamente, no es el caso. Una supernova es la culminación apoteósica de la vida de una estrella con una masa enorme, del orden de entre 8 y 250 veces la de nuestro sol.


Comparación del Sol y la estrella R136a1, 265 veces más masiva. Los colores nos los hemos inventado, sólo estamos mostrando la escala.

 

Aclararemos que, de por sí, una estrella ya es una explosión termonuclear de proporciones inimaginables en la que interviene tanta materia que su propia atracción gravitatoria la mantiene confinada en una esfera. O sea, que una supernova no puede ser la explosión de una explosión.

Así que hablemos de la vida de las estrellas.

Mientras le dura el combustible, la reacción de fusión nuclear en el centro de una estrella trata de empujar su masa hacia afuera, a la vez que la propia materia que compone el astro intenta comprimir el núcleo en dirección contraria. De esta manera, las estrellas se mantienen en equilibrio.

Pero, a medida que el combustible se agota, la explosión central va perdiendo fuerza y la masa que rodea el núcleo empieza a comprimir el núcleo estelar, ya que sigue empujando con la misma fuerza desde todas direcciones.

Cuando la estrella agota todo su combustible (para los que tienen idea del asunto, ha fusionado los elementos ligeros en elementos mucho más pesados “infusionables”, como el hierro), la explosión central se detiene repentinamente y la masa que la rodea libera todo su potencial compresivo contra el núcleo, porque ya no hay ninguna fuerza que la expulse hacia afuera.

Este proceso es muy violento.

¿Recordáis la entrada en la que  hablábamos de cómo en realidad los átomos estaban compuestos casi en su totalidad por espacio vacío (click aquí para leerla)? La compresión a la que queda sometida la materia en el centro de la estrella es tan grande que los átomos se descomponen y las partículas que constituyen los núcleos atómicos quedan sueltas, formando una sopa extremadamente densa de protones y neutrones.

De nuevo, no está a escala.

Este amasijo de protones y neutrones es tan denso que un dedal lleno del material pesaría 100 millones de toneladas.

Pero… ¿Cómo…? ¿Qué? :O

Los núcleos atómicos tienen una densidad del orden de 230.000.000.000.000.000 kilogramos por metro cúbico pero, como ocupan una fracción tan pequeña del átomo y el resto es espacio vacío (volvemos a mencionar esta entrada que deberíais leer), no lo notamos a nivel macroscópico. Si suprimimos todo el espacio vacío intermedio, los núcleos atómicos pueden entrar en contacto directo en grandes cantidades y es entonces cuando muestran su verdadera naturaleza.

Total, que una vez reducidos los átomos a su forma más elemental, la fuerza que es capaz de ejercer la estrella no es suficiente como para continuar con la compresión y el proceso se detiene repentinamente.

Pero, claro, toda la materia de la estrella se había precipitado hacia el núcleo en un instante, por lo que había cogido muchísimo impulso. Cuando esa masa da de lleno con el núcleo incompresible, se produce un efecto rebote de escalas cataclísmicas y todo el material sale despedido hacia el espacio a velocidades de hasta 30.000 kilómetros por segundo (un 10% de la velocidad de la luz). El proceso libera una cantidad tremenda de energía, y esto es lo que se llama una supernova.

Los restos de una supernova observados en 1572 por el astrónomo Tycho Brahe.

Lo que queda atrás son los restos extremadamente compactos del núcleo estelar, que variarán en forma según la masa original del astro: una estrella de neutrones (de unas cuantas decenas de kilómetros de radio, pero increíblemente densa) o, si la estrella es suficientemente grande como para comprimir el material más allá de la sopa de protones y neutrones, un agujero negro.

Ya habíamos hablado tanto de las estrellas de neutrones como de los agujeros negros en esta entrada y esta otra, así que damos el tema por zanjado.

Lo interesante es que otro monstruo puede emerger de todo este caos. Una de cada diez veces, durante la formación de una estrella de neutrones, algo sale mal y aparece lo que los astrónomos llaman un magnétar (del inglés, magnetic star), un cuerpo que posee campo magnético tan increíblemente potente que:

  • A 965 kilómetros de distancia, sería capaz de desgarrarte separando cada uno de los átomos que compone tu cuerpo.

O,

  • Si estuviera a medio camino entre la Tierra y la Luna, podría borrar los datos de todas las tarjetas de crédito del mundo.

Impresión artística de un magnétar (a nuestros telescopios les falta bastante para poder observarlos directamente).Crédito: apod.nasa.gov

No está muy claro aún qué determina si se formará una estrella de neutrones corriente o un magnétar pero se cree que, justo antes de colapsarse en una bola súper compacta, el material podría condensarse en un líquido extremadamente denso formado por protones, que en conjunto tendrían una gran carga eléctrica. Cuando un material cargado eléctricamente se desplaza, genera campos magnéticos (como explicábamos aquí) y, teniendo en cuenta de que estos monstruos giran sobre sí mismos alrededor de una vez por segundo, no debería extrañarnos el efecto de su magnetismo.

*Este concepto puede variar ligeramente de persona a persona.

La naturaleza NO es sabia

Existe una tendencia a sobrevalorar todo lo que hace la naturaleza y tratarla como un ente independiente que lo mantiene todo en equilibrio de una manera casi mágica, pero la naturaleza en sí es un concepto muy general que, a nuestro parecer, no define nada en concreto y se lleva todo el mérito. 

Es la evolución de los organismos vivos, que constantemente los adapta a los cambios del entorno, la que hace el trabajo sucio. Es decir, todo el orden y el equilibrio de los ecosistemas globales no es cosa de “la naturaleza”, sino que son los propios individuos que habitan el planeta los que se adaptan entre sí hasta alcanzar situaciones estables. Y la evolución, al contrario de lo que suele pensarse, no es un proceso que necesariamente conduzca a una mejora.

(Es broma, estamos muy en contra de este tipo de demagogia)
Esto último es un argumento contra la teoría del diseño inteligente que sostiene que todo es demasiado bonito y maravilloso para que sea el resultado de mutaciones al azar acumuladas durante millones de años. Nos guste o no, somos el resultado de una sucesión de soluciones (algunas más chapuceras que otras) aplicadas unas encima de otras desde que nuestros ancestros unicelulares empezaron a reproducirse. Tomemos, por ejemplo, el ojo humano.

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Habitantes de la amazonia

Después de la entrada sobre la tribu aislada en la isla Sentinel del Norte, nos han pedido más de una vez que hablemos de otros grupos que no han tenido aún contacto con el resto del mundo, así que vamos a hablar de un lugar donde no sólo hay una tribu aislada, sino casi un centenar de ellas: la selva amazónica.

Lo primero que hay que saber sobre la selva amazónica es que es tremendamente grande.

    En amarillo, el contorno del amazonas (aproximado). En rojo, EEUU continental (y sin Alaska).

Son 5.500.000 kilómetros cuadrados de vegetación densa que prácticamente imposibilitan su exploración por tierra, por lo que no es de extrañar que en su interior aún queden grupos de seres humanos que lleven miles de años aislados de la civilización, ya sea por voluntad propia o porque su localización es tan remota que aún no se han enterado del ridículo que hizo el otro día Ana Botella hablando inglés ante el comité olímpico.
Con la finalidad de encontrar estas comunidades aisladas (para tener una idea de la cantidad de gente que hay viviendo ahí fuera, no para hacerles cambiar de opinión) Brasil cuenta con una flota de helicópteros que vigilan el bosque desde el aire, buscando poblados a los que echan fotos y graban vídeos. Aunque, sólo por el tamaño de la selva amazónica es una tarea complicada, de tanto en tanto captan imágenes como esta.
    Acribillar las cosas con flechas, el saludo universal de los incontactados. Crédito:  Gleilson Miranda.
Con un total de 67, Brasil es el país en el que viven más tribus aisladas o, al menos, el que ha descubierto el mayor número en su territorio. De algunas de ellas sólo se tiene constancia a través los testimonios y descripciones de otras tribus con las que se ha entrado en contacto.

Con el fin de proteger a estos últimos supervivientes, el gobierno habilitó reservas especialmente protegidas para ellos llamadas Terras Indígenas en las que el resto del mundo tiene prohibida la entrada. Aquí un vídeo de algunas de ellas, grabadas por una de las expediciones aéreas.

Aunque ahora Brasil es un lugar relativamente seguro para estas comunidades aisladas (la única amenaza para ellos proviene de tribus vecinas hostiles), la situación de estos grupos no es igual de buena en todos los países entre los que está repartida la selva amazónica, sobretodo debido a la tala ilegal y la minería, que terminan siendo una fuente de conflictos entre indígenas y trabajadores.

El caso más extremo es Ecuador donde, en 2003, 14 miembros de la tribu Tagaeri fueron asesinados por leñadores ilegales. En abril de 2006 apareció el cuerpo sin vida de un leñador atravesado por 30 lanzas Taromenane y la cara desfigurada hasta el punto de quedar irreconocible. El mismo mes, estalló un conflicto en el que murieron 30 Taromenane y 10 leñadores, según el líder de la tribu Huaorani.

Pero los conflictos que terminan con la población tribal no sólo estallan con el mundo exterior. Aunque la mayoría de las tribus son pacíficas, algunos grupos son bastante hostiles con sus vecinos. Por ejemplo, en 2003, también en Ecuador, 30 miembros de la tribu Tagaeri perdieron la vida en manos de los Huaorani por que estos habían matado a uno de sus cazadores. En 2007, las tierras en las que habitan estas tribus fueron declaradas zona prohibida con la finalidad de proteger a los indígenas (aunque, visto de lo que son capaces, ya de paso protegen también al mundo de ellos).

    A lo mejor sólo es su pose para las fotos, igual que aquí está de moda poner “morritos”. Crédito: Gleilson Miranda.

Algo que hay que tener en cuenta de estas tribus aisladas es que muchas de ellas no son grupos que han permanecido sin contacto alguno con el resto del mundo desde tiempos inmemoriales. Se estima que, en el siglo XIX, el 90% de la población indígena sucumbió a una oleada de esclavitud y brutalidad. Pero no hay que retroceder tanto en el tiempo para encontrar ejemplos de salvajismo: entre 1920 y 1960, los leñadores de caucho pretendían extraer la madera a cualquier coste hasta el punto de que el dueño de una plantación de caucho mandó masacrar un poblado entero de la comunidad de los Cinta Larga (que pasaría a ser conocida como la masacre del paralelo 11).

Parte de las actuales tribus indígenas aisladas son los descendientes de los supervivientes de estos periodos oscuros, que terminaron tan mal parados contactando con el mundo exterior que decidieron refugiarse en el interior de un bosque inexpugnable para no ser encontrados nunca más.

Respuestas XXIV: Si el agua contiene oxígeno, ¿Por qué no arde?

Luis Manuel Villar nos pregunta: si el hidrógeno es combustible y el oxígeno comburente, ¿por qué el agua no arde?

Un combustible es algo que susceptible de entrar en combustión, y toda combustión es, en el fondo, la reacción de algún compuesto con el oxígeno. Al combinarse con el oxígeno, los componentes del producto químico inicial se separan y reagrupan, lo que aumenta o disminuye su temperatura.

Combustión de sulfato de cobre. Crédito: Søren Wedel.

Bueno, entonces, ¿qué determina que un elemento pueda entrar en combustión con otro?

Ese elemento tiene que tener ganas de combinarse con el oxígeno. Para que eso ocurra, como los átomos son unos convenidos que sólo miran por su propio bien, deben tener un problema: estar faltos de electrones o que les sobren algunos. Un elemento está en equilibrio electrónico cuando tiene el mismo número de protones que de neutrones.Pero siempre hay más factores.

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Grafeno

Si Dios, como entidad suprema omnipotente, existiera y tuviera que hacerse una casa, ¿de qué la construiría? ¿Acero? ¿Diamantes, tal vez? ¿Plumas de querubín? No, ninguno de ellos se acerca ni de lejos a lo que es capaz de hacer el grafeno.
Desde Ciencia de Sofá os animamos a renunciar a vuestra vida si a cambio alguien os ofreciera unos gramos de este material, y ahora os vamos a explicar por qué. En primer lugar, ¿Qué tienen en común los siguientes materiales?
El grafito (izquierda) es la sustancia blanda con la que se fabrican las minas de los lápices, mientras que el diamante (en bruto, derecha) es el material natural más duro que se conoce y se utiliza, además de como piedra ornamental una vez pulido, para trabajar las aleaciones más duras de acero o pulir otros diamantes.

Curiosamente, estos dos materiales tan diferentes son manifestaciones distintas del mismo elemento: el carbono. Por tanto, la única diferencia que existe entre ellos, pero que supone un cambio tan drástico, es la manera en la que sus átomos están ordenados

Por un lado, el grafito no es más que un montón de capas apiladas de carbono en forma de malla hexagonal que tienden a deslizarse entre ellas con lo que, a escala macroscópica, el material se presenta blando al tacto y es fácil de desmenuzar con los dedos. 
Estructura atómica del grafito.  Fuente.
El diamante, en cambio, ocupa el lugar más alto en la escala de dureza de Mohs con un valor de 10, mientras el grafito oscila entre el 1 y el 2. La escala se calibró teniendo en cuenta que un material es más duro que otro cuando el primero es capaz de rayarlo.
Fuente: www.wikipedia.es
El responsable de esto es su estructura atómica, una especie de tetraedros que terminan uniéndose en estructuras cúbicas, lo que les da una rigidez sin precedentes.
Modelo 3D de la estructura cristailna
del diamante. Fuente: www.webelements.com

Pero ya nos estamos yendo por las ramas.
Ocurre algo muy curioso cuando coges sólo una de las capas que componen el grafito y les haces mil perrerías para comprobar sus propiedades: una vez aisladas, estas capas de carbono son el material más resistente que se conoce.

Venga ya… ¿Cómo puede ser posible, entonces, que sea tan blando un material que está compuesto por pequeñas láminas de la cosa más resistente jamás descubierta?

Aquí entran en juego los dibujos cutres y las hipótesis sacadas de la manga. Imaginemos una placa de metal engrasada, algo pegajosa al tacto y resbaladiza.

Te has despertado despertado de resaca y estás desorientado/a. No sabes muy bien por qué, pero por algún motivo tienes la habitación llena de estos trozos de aluminio grasientos. Al ver que están dejando el suelo hecho un asco, decides que tienes que tirarlos a la basura, así que te levantas de la cama e intentas coger el máximo número de placas de metal posible. Eres tan hábil que consigues amontonarlas todas en una bola aprovechando que son relativamente pequeñas y que tienden a quedarse pegadas entre sí por estar impregnadas de un líquido viscoso.
En este punto empiezas a recordar que no querías coger un taxi 
y pasaste por delante de un edificio en obras.

Mientras bajas en el ascensor, llama tu atención que, en conjunto, pese a estar compuesta de sólidos fragmentos metálicos, la esfera en conjunto es muy endeble. A la mínima que la aprietas por un lado, las placas metálicas empiezan a resbalar entre sí y se abre un poco más la ventana que da al desastre. 

Llegas a la conclusión de que el mismo fenómeno ocurre con las láminas monoatómicas del grafeno, que se unen en grupos de miles de millones para manifestarse a lo grande en forma de grafito. Vuelves de tirar la basura con el pijama cubierto de grasa amarillenta y compadeciéndote del siguiente vecino que tenga que pulsar el botón de llamada del ascensor.

La comunidad científica llevaba años teorizando sobre la existencia de estas láminas de un átomo de grosor, soñando despiertos con sus propiedades e intentando replicarlas en laboratorios usando los últimos avances en nanotecnología, sin éxito… Hasta que, en 2004, Andre Geim y Konstantin Novoselov lo consiguieron usando un lápiz y celo.
Estos investigadores pegaron un trozo de celo a una mina de grafito y, al despegarlo, una fina capa de material quedó adherida. Repitieron el proceso de nuevo con más pedazos de cinta, arrancando láminas cada vez más finas y, finalmente, comprobaron, con ayuda de potentes microscopios electrónicos, que habían conseguido reducir algunas a un átomo de grosor. Tras estudiar las propiedades de este nuevo material se dieron cuenta de que, además de poseer unas propiedades térmicas, eléctricas y ópticas excelentes, es 200 veces más resistente que el acero.
Para ilustrar este descubrimiento sorprendente, suele decirse que una lámina de grafeno de un sólo átomo de grosor es capaz de resistir el peso de un elefante haciendo equilibrios encima de un lápiz.

Una de esas comparaciones científicas extrañas que aportan menos 
información que el propio dato numérico. Fuente de la imagen, aquí.

Pero, ¿Un elefante africano o asiático? ¿Ese lápiz debería estar también hecho de grafeno para soportar el peso del paquidermo? ¿Será el grafeno la ansiada gran revolución que los circos llevan esperando desde el hombre-bala?

No sabemos la respuesta a ninguno de estos enigmas aunque, tarde o temprano, cuando se descubra cómo fabricar este material en grandes cantidades, tal vez nuestro día a día termine cubierto por una fina lámina de carbono indestructible. Y eso podría estar bastante bien.

O no.

Nota: Andre Geim, codescubridor (ni siquiera vamos a buscar en Google si esa palabra está aceptada) del grafeno, es conocido por ser el único ganador del premio Nobel y del “Ig Nobel. Este último se da anualmente a los investigadores que hacen los descubrimientos más absurdos e inútiles. En el caso de Geim, fue laureado por su trabajo con el grafeno y por la hacer levitar de ranas mediante el uso de potentes imanes, respectivamente.

Esfinge

En el antiguo Egipto había más cosas aparte de pirámides y señores con perillas muy largas: un objeto diferente que, pese a no estar tan clavado en nuestro subconsciente, es más misterioso que los montones de rocas que lo rodean.

    Fotografía de la esfinge a medio excavar, entre 1867 y 1899. Fuente: wikimedia commons.

Hemos estado leyendo una teoría del autor Robert Temple (aparece citada aquí en wikipedia y aquí su artículo original) que nos ha gustado mucho. Tiene varios argumentos que apoyan su teoría de que la esfinge no es un león con cabeza humana, como parece estar anclado en la cultura popular. 

En primer lugar, hablemos de su cara.

Pese a que se da por hecho que representa al faraón Keops o a Kefrén, Robert Temple argumenta que no se parece mucho a ninguno de ellos.

Keops es un caso perdido y Kefrén 
tiene un aire, aunque es difícil de decir.

Por suerte, ese era el argumento menos sólido del autor y ha basado parte de su teoría en los textos del arqueólogo alemán Ludwig Borchardt, que estuvo por la zona cuando la esfinge aún no había sido desenterrada y sólo emergía la cabeza por encima de la arena, lo que posibilitaba una observación detallada del rostro del monumento. En su descripción dejaba constancia de que los ojos de la esfinge tenían representados a su alrededor líneas de maquillaje, lo que no es propio del Imperio Antiguo (período en el que vivieron Kepos y Kefrén), sino del Imperio Medio.

     Imagen original, aquí.

Al investigar sobre el tocado que lleva la esfinge en la cabeza, el mismo Borchardt descubrió que los patrones que lo adornan no son propios del Imperio Antiguo, sino también del Imperio Medio, por lo que todo sitúa la cabeza en este último periodo, más reciente.
Pero, claro, esto se teorizó cuando sólo asomaba la cabeza por encima de la arena y no se había visto el cuerpo. Al desenterrar el resto del monumento, este se dató en la época del Imperio Antiguo y de alguna manera se asumió que la estatua entera pertenecía a ese periodo y que Borchardt estaba diciendo tonterías. Nadie parecía plantearse seriamente que una parte del monumento pudiera haber sido modificada más adelante, siglos después de su construcción.

Y, ahora, la siguiente cuestión: el cuerpo y su relación con la cabeza. Como puede verse en la imagen, la cabeza es ridículamente pequeña para una mole tan grande.

    Fuente: wondermondo.com

Otra cosa que Robert Temple menciona es que, si esto fuera un león, no tendría la espalda plana, poseería algún tipo de melena y su pecho no sería plano como el que tiene la figura. Vaya, que se parecería a alguna otra esfinge egipcia, como la de Hasthepsut.
La susodicha.
Entonces, si no se trata de un león, ¿Qué bicho representa el cuerpo?
Un animal que sí que reúne estas características en su cuerpo es una especie extinta de perro salvaje que habitaba la zona (algo entre este perro y este chacal) y que aparecía en la mitología egipcia como Anubis, dios asociado con la muerte y la resurrección que guiaba a los espíritus hacia el otro mundo, por lo que se consideraba el guardián de las necrópolis (del griego “necros-“, muerte y “-polis”, ciudad, todo junto equivale a “la ciudad de los muertos” o lo que hoy en día llamamos cementerios).
Lo que sugiere Robert K. G. Temple es que el monumento fue originalmente erigido como una estatua dedicada a Anubis, que tendría que guiar y proteger las almas de todos los enterrados en la necrópolis de Guiza. De ser así, el monumento hubiera tenido un aspecto mucho más impresionante:
         Crédito: Robert Temple.
Después de una serie de disturbios durante el primer periodo intermedio, una época en la que el poder estuvo descentralizado, el hocico de la estatua y sus orejas fueron destruidos en actos vandálicos y no podían ser reparados porque se estaban esculpidos en la roca de una sola pieza, así que el faraón que precedió al desastre decidió que podría grabar su cara en el muñón que había quedado para hacer el monumento algo más agradable a la vista.


No somos expertos en arqueología, pero nos parece que los argumentos tienen sentido. Si no os convence la idea, adjuntamos una imagen del autor.