Archivo de la categoría: Medio ambiente

¿De verdad hay una isla de basura en el océano Pacífico?

Tal vez hayáis oído hablar de la famosa “isla de basura” que flota en el pacífico. Una búsqueda rápida en Google devuelve más de medio millón de resultados y la mayoría hablan de un supuesto continente compuesto por grandes trozos de basura en un área donde confluyen varias corrientes oceánicas y que es tan grande que puede verse por satélite. Además, aparecen fotos como estas:

Pero no os dejéis engañar, es otro bulo de internet. Ni es una isla, ni es sólo una, ni puede verse por satélite. Es algo mucho peor.

Los periódicos le llaman “isla de basura” a un área del mar que tiene una mayor concentración de plástico que el resto de las aguas del planeta. Parte de la basura son residuos tirados desde barcos pesqueros o plataformas petrolíferas y un 10% corresponde a redes de pesca rotas, pero la inmensa mayoría de la masa de desperdicios está compuesta por miles de millones de diminutos trozos de plástico que flotan cerca de la superficie marina.

Se estima que en las zonas ocupadas por la “isla de basura” hay unos 5.1 kilogramos de plástico por kilómetro cuadrado de mar. Puede parecer poco, pero cuanto más pequeños son los fragmentos en los que están repartidos estos cinco kilos, más espacio pueden ocupar.

Y el panorama es más bien así. (Fuente)

Pero, espera, ¿Cómo han llegado todos esos fragmentos de plástico allí? ¿Hay alguna fábrica de trocitos de plástico que de alguna manera gana dinero arrojándolos al mar?

En nuestro planeta pocas cosas pueden estar quietas durante mucho tiempo. La atmósfera y el océano no son dos de ellas, desde luego: pequeños cambios de temperatura localizados pueden generar desplazamientos de aire o agua que recorren miles de kilómetros desplazando el material que encuentran en el camino. Algunos de estos cambios constantes generan movimientos estables, como el de las corrientes marinas, que tienen unos patrones muy definidos.

(Fuente)

Por otro lado, muchos de nuestros sistemas de desecho terminan en el mar. Puedes tirar cualquier cosa por la calle y que llegue a alguna alcantarilla que la lleve hasta un río, ya sea por acción del viento o de la lluvia, y de ahí se abra camino hasta el mar, donde quede a merced de las corrientes marinas. Teniendo en cuenta que los asentamientos humanos tienen tendencia a estar cerca de una masa de agua (con un 44% de la poblacion mundial viviendo a menos de 150 kilómetros del mar), no debería extrañarnos que este gesto aparentemente inofensivo contribuya al 80% de los residuos que hay en la gran mancha de basura del Pacífico.

Pero… Los trocitos…

El plástico es menos denso que el agua y por eso flota cerca de su superficie, expuesto a la radiación solar. Además, no suele ser biodegradable, pero sí es muy sensible a la luz y la radiación ultravioleta del sol, que rompe los enlaces químicos que lo mantienen de una pieza y fragiliza el material hasta separarlo en trozos más pequeños e incluso liberar algún compuesto tóxico durante el proceso.

El vórtice del océano Pacífico Norte, que comprende un área de 20 millones de kilómetros cuadrados, es uno de los ecosistemas más grandes y variados del mundo. Pero, igual que las corrientes de la zona posibilitan su diversidad transportando nutrientes y renovando el agua constantemente, también recolectan toda la basura que arrastran las corrientes vecinas. En total se estima que en estos lugares flotan unos 100 millones de toneladas de basura repartidos en un 1.500.000 kilómetros cuadrados de océano (unas tres veces la superficie de España y Portugal combinadas).

En rojo, las zonas aproximadas de acumulación de plástico. (Fuente)

¡Ah, 1.500.000 kilómetros cuadrados! Entonces todos esos trocitos están muy repartidos, así que no pasa nada, ¿no?

Totalmente equivocado.

Si se tratara realmente de una isla compuesta por pedazos grandes de plástico, como botellas de lejía vacías y sillas blancas de terraza, podría estudiarse fácilmente cómo la corriente distribuye la basura, mandar barcos a recogerla toda e idear medidas para que no ocurra más. Pero, al tratarse de partículas tan pequeñas y estar el mar en constante movimiento, limpiarlo resulta extremadamente difícil.

¿Cómo que difícil? ¡Mandas barcos con unas redes muy finas y que se lleven todo el plástico! ¿Cómo no se les ha podido ocurrir? ¡Que alguien me ponga con el presidente Obama!

Bueno, si mandas redes con agujeros muy pequeños para recoger los granos de plástico está claro que conseguirás vaciar el mar de basura… Y también de peces que sean más grandes que los agujeros diminutos de la red.

Volviendo al tema de la toxicidad del plástico, como decíamos, puede llegar a soltar sustancias nocivas durante su degradación, pero ahí no acaba la historia.

Las partículas microscópicas de plástico tienden además a absorber toxinas orgánicas contaminantes (como restos de combustible) y envenenan a los peces pequeños y medusas que se los comen creyendo que son plancton. Estos, a su vez, intoxican a sus depredadores al ser cazados.

Los animales más grandes, como las tortugas marinas o los pájaros, sufren las consecuencias de otra manera: también confunden el plástico con algún tipo de alimento pero, como no es digerible, se va acumulando en sus estómagos hasta que no queda sitio para la comida y el animal muere de malnutrición. Las crías de albatros, por ejemplo, ingieren grandes cantidades de plástico recogido por sus padres en el mar pensando que se trataba de algún pez y, por el mismo principio que acabamos de explicar, mueren de inanición con los estómagos llenos de plástico.

Los restos descompuestos de un albatros al Noreste de Hawaii, fotografiados por Chris Jordan. Podéis ver un vídeo de su la expedición que montó para grabar este fenóemno haciendo click aquí.

Por suerte, en 2009 se empezaron a organizar expediciones para estudiar la situación e incluso están apareciendo ideas para recoger todo el plástico aprovechando el movimiento de las propias corrientes para desviarlo hacia zonas recolectoras donde podría ser reciclarlo con fines comerciales. Se estima que este sistema podría sacar del mar unas 7 millones de toneladas de plástico cada 5 años pero, aunque resulte un panorama algo más esperanzador, no servirá de nada si de todas maneras sigue llegando basura al mar.

Más vale tirar las cosas a los contenedores y tener la basura confinada en sitios especializados en tierra firme que dejar que se esparza sin control por el océano.