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Los efectos de la extracción de petróleo (#EivissaDiuNo)

La empresa Cairn Energy ha presentado un proyecto para realizar prospecciones petrolíferas en la costa mediterránea, muy cerca de las Islas Baleares y más concretamente de la isla de Ibiza, donde nací y crecí. Como le tengo cariño a mi casa y Ciencia de Sofá se ha expandido mucho durante este año que lleva funcionando, quiero ayudar a la difundir la situación (que ya ha llegado a medios internacionales gracias al movimiento #EivissaDiuNo) e informar sobre los riesgos que conlleva la actividad petrolífera y su impacto ambiental.

Parte de Cala Comte, en Ibiza.

En primer lugar, ¿Qué es todo esto de las prospecciones?
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¿De verdad hay una isla de basura en el océano Pacífico?

Tal vez hayáis oído hablar de la famosa “isla de basura” que flota en el pacífico. Una búsqueda rápida en Google devuelve más de medio millón de resultados y la mayoría hablan de un supuesto continente compuesto por grandes trozos de basura en un área donde confluyen varias corrientes oceánicas y que es tan grande que puede verse por satélite. Además, aparecen fotos como estas:

Pero no os dejéis engañar, es otro bulo de internet. Ni es una isla, ni es sólo una, ni puede verse por satélite. Es algo mucho peor.

Los periódicos le llaman “isla de basura” a un área del mar que tiene una mayor concentración de plástico que el resto de las aguas del planeta. Parte de la basura son residuos tirados desde barcos pesqueros o plataformas petrolíferas y un 10% corresponde a redes de pesca rotas, pero la inmensa mayoría de la masa de desperdicios está compuesta por miles de millones de diminutos trozos de plástico que flotan cerca de la superficie marina.

Se estima que en las zonas ocupadas por la “isla de basura” hay unos 5.1 kilogramos de plástico por kilómetro cuadrado de mar. Puede parecer poco, pero cuanto más pequeños son los fragmentos en los que están repartidos estos cinco kilos, más espacio pueden ocupar.

Y el panorama es más bien así. (Fuente)

Pero, espera, ¿Cómo han llegado todos esos fragmentos de plástico allí? ¿Hay alguna fábrica de trocitos de plástico que de alguna manera gana dinero arrojándolos al mar?

En nuestro planeta pocas cosas pueden estar quietas durante mucho tiempo. La atmósfera y el océano no son dos de ellas, desde luego: pequeños cambios de temperatura localizados pueden generar desplazamientos de aire o agua que recorren miles de kilómetros desplazando el material que encuentran en el camino. Algunos de estos cambios constantes generan movimientos estables, como el de las corrientes marinas, que tienen unos patrones muy definidos.

(Fuente)

Por otro lado, muchos de nuestros sistemas de desecho terminan en el mar. Puedes tirar cualquier cosa por la calle y que llegue a alguna alcantarilla que la lleve hasta un río, ya sea por acción del viento o de la lluvia, y de ahí se abra camino hasta el mar, donde quede a merced de las corrientes marinas. Teniendo en cuenta que los asentamientos humanos tienen tendencia a estar cerca de una masa de agua (con un 44% de la poblacion mundial viviendo a menos de 150 kilómetros del mar), no debería extrañarnos que este gesto aparentemente inofensivo contribuya al 80% de los residuos que hay en la gran mancha de basura del Pacífico.

Pero… Los trocitos…

El plástico es menos denso que el agua y por eso flota cerca de su superficie, expuesto a la radiación solar. Además, no suele ser biodegradable, pero sí es muy sensible a la luz y la radiación ultravioleta del sol, que rompe los enlaces químicos que lo mantienen de una pieza y fragiliza el material hasta separarlo en trozos más pequeños e incluso liberar algún compuesto tóxico durante el proceso.

El vórtice del océano Pacífico Norte, que comprende un área de 20 millones de kilómetros cuadrados, es uno de los ecosistemas más grandes y variados del mundo. Pero, igual que las corrientes de la zona posibilitan su diversidad transportando nutrientes y renovando el agua constantemente, también recolectan toda la basura que arrastran las corrientes vecinas. En total se estima que en estos lugares flotan unos 100 millones de toneladas de basura repartidos en un 1.500.000 kilómetros cuadrados de océano (unas tres veces la superficie de España y Portugal combinadas).

En rojo, las zonas aproximadas de acumulación de plástico. (Fuente)

¡Ah, 1.500.000 kilómetros cuadrados! Entonces todos esos trocitos están muy repartidos, así que no pasa nada, ¿no?

Totalmente equivocado.

Si se tratara realmente de una isla compuesta por pedazos grandes de plástico, como botellas de lejía vacías y sillas blancas de terraza, podría estudiarse fácilmente cómo la corriente distribuye la basura, mandar barcos a recogerla toda e idear medidas para que no ocurra más. Pero, al tratarse de partículas tan pequeñas y estar el mar en constante movimiento, limpiarlo resulta extremadamente difícil.

¿Cómo que difícil? ¡Mandas barcos con unas redes muy finas y que se lleven todo el plástico! ¿Cómo no se les ha podido ocurrir? ¡Que alguien me ponga con el presidente Obama!

Bueno, si mandas redes con agujeros muy pequeños para recoger los granos de plástico está claro que conseguirás vaciar el mar de basura… Y también de peces que sean más grandes que los agujeros diminutos de la red.

Volviendo al tema de la toxicidad del plástico, como decíamos, puede llegar a soltar sustancias nocivas durante su degradación, pero ahí no acaba la historia.

Las partículas microscópicas de plástico tienden además a absorber toxinas orgánicas contaminantes (como restos de combustible) y envenenan a los peces pequeños y medusas que se los comen creyendo que son plancton. Estos, a su vez, intoxican a sus depredadores al ser cazados.

Los animales más grandes, como las tortugas marinas o los pájaros, sufren las consecuencias de otra manera: también confunden el plástico con algún tipo de alimento pero, como no es digerible, se va acumulando en sus estómagos hasta que no queda sitio para la comida y el animal muere de malnutrición. Las crías de albatros, por ejemplo, ingieren grandes cantidades de plástico recogido por sus padres en el mar pensando que se trataba de algún pez y, por el mismo principio que acabamos de explicar, mueren de inanición con los estómagos llenos de plástico.

Los restos descompuestos de un albatros al Noreste de Hawaii, fotografiados por Chris Jordan. Podéis ver un vídeo de su la expedición que montó para grabar este fenóemno haciendo click aquí.

Por suerte, en 2009 se empezaron a organizar expediciones para estudiar la situación e incluso están apareciendo ideas para recoger todo el plástico aprovechando el movimiento de las propias corrientes para desviarlo hacia zonas recolectoras donde podría ser reciclarlo con fines comerciales. Se estima que este sistema podría sacar del mar unas 7 millones de toneladas de plástico cada 5 años pero, aunque resulte un panorama algo más esperanzador, no servirá de nada si de todas maneras sigue llegando basura al mar.

Más vale tirar las cosas a los contenedores y tener la basura confinada en sitios especializados en tierra firme que dejar que se esparza sin control por el océano.

 

 

Las puertas del infierno

HOY HA IMPACTADO UN METEORITO SOBRE LA CIUDAD DE NUEVA YORK Y ESTO ES TODO LO QUE HA QUEDADO DE LA GRAN MANZANA.
Que no, que no, que es broma. Ya os tenemos calados a los que sólo leéis los titulares.
Poco después de empezar esta web, tras el estallido de un meteorito sobre los Urales, esta imagen y otras parecidas fueron utilizadas en varias páginas web de noticias amarillistas que sostenían que esto era el resultado del devastador impacto del asteroide en cuestión.

Lo cierto es que el meteorito no llegó a tocar el suelo y que, en realidad, la foto ni siquiera corresponde al cráter recién excavado por ningún pedazo de roca espacial. Se puede deducir porque, al contrario de lo que Hollywood nos ha enseñado, las rocas no arden a menos que estén impregnadas de algo que sí que arde. Por tanto, roca contra roca es sinónimo de destrucción, pero no de llamas.

El fenómeno que tratamos esta vez fue provocado por el ser humano en la pequeña localidad de Derweze (o Darvaza), un pueblo de 350 habitantes en medio del desierto de Turkmenistan.

Resulta que, en 1971, los soviéticos estaban haciendo prospecciones por la zona (que por aquel entonces era suya) y encontraron una gruta llena de gas natural. Antes de que pudieran empezar a extraer el gas y brindar con vodka, el techo de la caverna se derrumbó, dejando en su lugar una sima de 70 metros de diámetro y 20 de profundidad.
“Ya os dije que no dejarais a Vladimir preparar la barbacoa” Fuente.
¿PERO TE QUIERES CALLAR Y DECIRME POR QUÉ ARDE?
En un alarde de sentido común sin precedentes, mezclado con su instinto natural destructivo, los científicos  rusos decidieron que la situación se estaba volviendo un poco peligrosa y le prendieron fuego al yacimiento,  ya que grandes cantidades de gases tóxicos y de efecto invernadero estaban saliendo a la atmósfera.

En realidad, la solución no era tan mala.

Gas natural es la manera bonita de decir una mezcla de gases de los cuales entre un 90 y un 95% es metano.  El efecto de un volumen de metano cualquiera sobre la temperatura es 25 veces superior al mismo volumen de dióxido de carbonoAl arder, todo ese metano se descompone en vapor de agua y dióxido de carbono que, pese a contribuir al efecto invernadero, lo hace en menor medida que el metano. De todas maneras, en 1971 el efecto invernadero les traía sin cuidado y lo que realmente querían era utilizar el mismo principio de descomposición mediante combustión para convertir los gases tóxicos en algo seguro.

La sorpresa se la llevaron de manera continuada durante los años siguiente, cuando habían calculado que el fuego se extinguiría en un par de días y veían que la caverna seguía ardiendo, sin dar señales de parar de hacerlo en un futuro cercano. Gracias a este error de cálculo, contamos con todas estas imágenes curiosas en nuestra galería especializada favorita.
El presidente de Turkmenistán decidió en 2010 que reanudaría las prospecciones por la zona en busca de más gas natural (el gas natural da más dinero que los ocasionales turistas que acudían para ver las puertas del infierno), por lo que mandó sellar la cueva, que entonces ya llevaba 39 años en llamas, para evitar que el fuego se propagara a otros yacimientos.

¿La mejor manera de sellar algo en llamas? Inundarlo.  Pero,como todo proceso burocrático que se precie, aún nadie ha hecho nada y las puertas del infierno siguen ardiendo después de 42 años.

Si no hay vuelos directos a Turkmenistán en vuestro aeropuerto más cercano, siempre podéis maravillaros con los vídeos de Youtube.

ACTUALIZACIÓN: 
Habíamos escrito que el fuego estaba extincto en 2010 por inundación, pero resulta que hay dos agujeros separados por 20 km en Derweze, y la imagen que adjuntábamos era del otro pozo. Gracias Ricardo Silva, por avisarnos por Facebook.