Respuestas XVIII: ¿Por qué quedan los ojos rojos en las fotos?

Ana Vilches nos pregunta, “¿Por qué salen los ojos rojos en las fotografías?”.
Es una pregunta rápida de responder.
Nuestras pupilas son transparentes. Si las vemos de color negro es porque gran parte de la luz que las atraviesa es absorbida en el interior del ojo y el resto termina reflejándose en sus paredes hasta volverse difusa. La poca luz que logra salir del ojo otra vez a través de la pupila es tan débil que la luminosidad del ambiente la enmascara del todo, algo así como lo que pasa cuando tienes la luz encendida de noche y no puedes ver lo que hay al otro lado de la ventana.
Cuando las pupilas reciben una gran cantidad de luz, éstas se contraen para proteger el interior del ojo pero, si las condiciones lumínicas son adecuadas, podemos burlar este mecanismo. Usando una fuente potente y rápida, como el flash de una cámara, las pupilas no tienen tiempo de contraerse y una gran cantidad de luz se cuela en el interior de nuestros ojos
Retina humana. Fuente, aquí.

Toda esta luz llega hasta la retina, que tiene una tonalidad rojiza debido a la gran cantidad de vasos sanguíneos que la recorren, y rebota por el interior del ojo. Como las pupilas no tienen tiempo de contraerse antes de que termine el fogonazo del flash, los rayos de luz tienen una apertura más grande por dónde volver a salir al exterior y, cuando lo hacen, aparecen con el característico color anaranjado o rojizo que han adoptado dentro del globo ocular.
Da como asquete ahora, ¿no?
Como ocurre tan rápido, no podemos observar este fenómeno a simple vista pero, por suerte, la cámara toma la foto en el preciso instante en el que el interior de los ojos se ilumina y podemos disfrutar de él antes de aplicarle rápidamente el corrector de ojos rojos.
Por supuesto, la entrada no termina aquí.
Si se os ha cruzado un gato en la carretera, habréis visto sus ojos brillar con fuerza iluminados por los faros del coche. El efecto puede observarse incluso al iluminar algunos animales con una linterna. 
Fuente, aquí.
Si le enfocas una linterna en la cara a un amigo por la noche lo máximo que consigas es que se tape con las manos y emita un quejido molesto pero, al hacer lo mismo a un gato, un perro, una vaca o un pez abisal, sus ojos te van a devolver un brillo intenso. 
Esto se debe a que los animales nocturnos o que viven en condiciones de muy poca luz, tienen que conseguir aprovechar el más mínimo vestigio de luz para poder ver algo. Para ello, sus ojos se han adaptado, desarrollando una capa detrás de la retina que refleja la luz que recibe para volver a enfocarla: el tapetum lucidum.
Si la fuente de luz es suficientemente potente, esta capa reflectora, que es prácticamente un espejo, la vuelve a proyectar a través de las pupilas del animal, cambiando de color según la especie o la tonalidad de los ojos del propio animal.
¿Cómo es esa capa en realidad? Pista: su nombre en latín, tapetum lucidum, significa algo así como tapiz radiante, lo que va bastante bien encaminado.
Nadie imaginaba que diseccionar un globos oculares de vaca podría ser tan bonito.

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