¿Ha matado alguna vez a alguien el impacto de un meteorito?

¿Qué probabilidades hay de que este año muera en un incidente relacionado con un meteorito? A todos nos atormenta esta pregunta cada vez que celebramos el año nuevo, ¿no? Bueno, pues resulta que son bajas. Muy bajas. Alrededor de 1 entre 74.817.414.

Usando esta tabla podemos hacernos una idea de qué situaciones absurdas y mortíferas tienen una probabilidad similar de matarnos: ser alcanzado por un rayo durante un incendio, ahogarse en una masa de agua natural durante una explosión o ser asaltado por alguien con un objeto afilado mientras viajas en un vehículo tirado por un animal. Aún así, la probabilidad de que te mate un meteorito es un poco más alta que la de ganar el Euromillones (si sólo juegas una vez al año, eso sí).

Pero de vez en cuando la gente gana el Euromillones así que…¿Dónde está toda esa gente que está siendo golpeada por meteoritos?

He podido encontrar un par de listas (aquí y aquí) en las que se enumeran varios incidentes relacionados con meteoritos en el pasado. Incluso hay un grupo llamado The Meteoritical Society que recoge todos los testimonios registrados y explica si fueron realmente meteoritos o pudieron ser otra cosa.

Uno de estos acontecimientos dudosos tuvo lugar en 1667 en el monasterio de Santa María, en Milán. Un testimonio escrito narra cómo un monje murió desangrado cuando fue alcanzado en el muslo por lo que podría haber sido un meteorito:

Los demás monjes del convento de Santa María se apresuraron hasta el que había sido golpeado, tanto por curiosidad como por lástima […]. Todos ellos examinaron el cuerpo cuidadosamente para descubrir los efectos más secretos y decisivos del choque que había recibido; encontraron que había ocurrido en uno de sus muslos, donde percibieron una herida ennegrecida por la gangrena o por la acción del fuego. Impulsados por la curiosidad, agrandaron la apertura para examinar su interior; vieron que había penetrado el hueso, y les sorprendió mucho encontrar en el fondo de la herida la piedra redonda que la había provocado, y que había matado al monje de una manera igual de terrible e inesperada.

En Cremona, también en italia, otro meteorito habría matado en 1511 a otro monje, varios pájaros y una oveja pero, aunque estos casos son curiosos, no existen evidencias completamente convincentes de que tuvieran lugar o de que el objeto fuera un meteorito y no otra cosa.

Al parecer hay muchos eventos de este estilo. He encontrado el caso de dos ingenieros que dicen haber descifrado en una tablilla de arcilla el testimonio de un meteorito que se estrelló contra unas montañas en Alemania y que podría haber sido el evento que inspirara la historia de la destrucción de Sodoma y Gomorra en la Biblia. La noticia apareció incluso en medios de comunicación de prestigio pero, como se comenta en este enlace, esta teoría no se sostiene por ningún lado.

De hecho, parece ser que no existe ningún testimonio completamente fiable que pueda relacionar la muerte de algún ser humano con un impacto meteorítico. Pero eso no quiere decir que a nadie le haya caído nunca uno encima.

Quizá el caso más espectacular es el de Ann Hodges, una mujer de Alabama (EEUU) que estaba tumbada en su sofá cuando un meteorito atravesó el techo de su casa, rebotó contra su radio de madera y le golpeó el costado. El meteorito, del tamaño de un pomelo, no la mató, pero le dejó un moratón bien feo:

(Fuente)

Más light es el caso de un niño de Mbale (Uganda) que, durante una lluvia de meteoritos provocada por la desintegración en la atmósfera de un cuerpo más grande en 1992, fue alcanzado en la cabeza por un meteorito de 3.6 gramos que, por suerte, había sido ralentizado por las hojas de un platanero antes de chocar contra él. En la misma zona, uno de los meteoritos dejó un agujero de 15 centímetros de diámetro en el techo de la estación de tren local.

Y hablando de daños en edificios provocados por meteoritos, de eso sí que existen bastantes registros.

Algún miembro de una familia de Ellerslie (Nueva Zelanda) podría haber sufrido el mismo destino que Ann Hodges en 2004, cuando un meteorito de 1.3 kg atravesó el techo de la casa y se estrelló contra el sofá. Por suerte no había nadie allí tumbado en ese momento y todo quedó en una anécdota. Una anécdota que nos ha enseñado que los meteoritos parecen tener una especial preferencia por los sofás, seguramente porque estarán muy cansados después de pasar millones de años dando vueltas por el sistema solar y eventualmente deciden bajar al planeta para echarse un rato.

Ahora imaginad que estáis tranquilamente en casa y escucháis el estruendo característico de un accidente de tráfico. Salís a ver qué pasa y no encontráis señal alguna de un accidente… Pero de alguna manera vuestro coche tiene un agujero en la parte trasera. Esto es lo que le ocurrió a Michelle Knapp, que al acercarse para ver qué había pasado encontró un meteorito de 12 kg alojado en el maletero de su coche y un fuerte olor a azufre.

(Fuente)

Por suerte para ella, a un coleccionista le pareció curiosa la historia y le compró el coche por 10.000$, cuando a ella le había costado sólo 300$.

O sea, que ya no tenéis excusa para montar el negocio del siglo: comprad unos cuantos coches viejos y dejadlos a la intemperie. Eventualmente alguno será golpeado por un meteorito y su valor se disparará.

Dejadme que de paso que os sugiera Rusia, un país con una larga historia con los meteoritos, como el lugar idóneo en el que alojar los headquarters de vuestra empresa.

En 1908 se produjo el evento de Tunguska, una explosión que tuvo lugar en Siberia con una potencia de entre 10 y 15 megatones (1.000 veces más potente que las bombas de Hiroshima y Nagasaki, de las que hablaba en esta otra entrada). La explosión derribó alrededor de 80 millones de árboles en una superficie de 2.150 kilómetros cuadrados que, para poner el número en perspectiva, equivale al área cubierta por un círculo de 52 kilómetros de diámetro.

(Fuente)

Por suerte, ocurrió en un área remota y no se produjo ninguna víctima mortal. Aún así existen testimonios que relatan el evento, como el siguiente en el que un hombre relata qué ocurrió después de que viera “el cielo partirse en dos“:

En ese momento tenía tanto calor que no lo podía soportar, como si mi camisa estuviera en llamas. Del norte, donde el fuego estaba, llegó un fuerte calor. Quería rasgarme la camiseta y tirarla al suelo, pero entonces el cielo se cerro y se escuchó un fuerte golpe y fui lanzado unos cuantos metros. Perdí el sentido por unos momentos, pero mi esposa salió y me llevó hasta la casa. Después de eso llegó un sonido como de piedras cayendo o cañones siendo disparados, el suelo tembló, y cuando estaba en el suelo apreté la cabeza hacia abajo, temiendo que fuera aplastada por las rocas. Cuando el cielo se abrió, un viento caliente pasó entre las casas […]. Luego vimos que las ventanas habían sido destrozadas y en el establo parte del candado de hierro estaba roto

En 1947 otro meteorito cayó en Rusia, pero esta vez parte del objeto llegó a impactar contra la superficie. De hecho, se trata del evento en el que más material ha llegado intacto al suelo: unas 70 toneladas.

Ocurrió en Sihkote-Alin, donde los fragmentos del meteorito llenaron de cráteres un área con forma elíptica de 1.3 kilómetros cuadrados. 50 años después del evento, entre 1990 y 1997, un grupo de científicos examinó la zona y encontró 2.369 fragmentos del meteorito en un área de sólo 0,48 kilómetros cuadrados, con una masa combinada de 298.9 kg. De haber tenido ahí nuestra empresa de coches golpeados por meteoritos en el momento del impacto nos hubiéramos forrado.

Pero el caso más famoso es, seguramente, el del meteorito de Chelyabinsk.

Cayó en febrero de 2013 y, gracias a las cámaras de seguridad y al hecho de que en Rusia un montón de gente las lleva también en el coche, es el caso del que existe una mayor cantidad de evidencia fotográfica.

El objeto de 20 metros de diámetro y una masa de unas 13.000 toneladas explotó a 29.7 kilómetros de altura, liberando una energía entre 20 y 30 veces mayor a la de la bomba lanzada sobre Hiroshima.

Por suerte, al suelo sólo llegó la onda expansiva, que aún así hirió a 1.500 personas con la gravedad suficiente como para que necesitaran atención médica. Eso sí, las heridas fueron causadas por los efectos indirectos de la explosión, sobretodo por los cristales rotos. Al final, 7.200 edificios a lo largo de 6 ciudades de la zona sufrieron desperfectos.

Pero, bueno, basta de palabrería y datos. Aquí tenéis 10 minutos de vídeo en el que aparecen un montón de grabaciones de la caída del meteorito para terminar la entrada:

 

 

PERO NO OS VAYÁIS AÚN.

O sí, podéis iros si queréis. Lo que viene ahora es publicidad, aunque a lo mejor os puede interesar.

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5 pensamientos en “¿Ha matado alguna vez a alguien el impacto de un meteorito?”

  1. Una pena que el de Tunguska no ocurriera en una época mas actual donde se podría haber registrado quizá algún vídeo, tuvo que ser una autentica barbaridad.

    Y si el de 2013 hubiera tocado tierra?? 13 toneladas a esas velocidades dan para un bonito agujero…

  2. Muy mala la entrada…
    Tan solo algunas historias sacadas de alguna otra web y basta. Ningun analisis de donde vienen las probabilidades de ser matado por un meteorito, nada de cuantas muertas han causado, de donde (probabilidad por lugar geografico), de cuantos meteoritos caen por año, de que tamaño, cuanta energia y con que fuerza impactan… vamos nada de nada.
    Tan solo historias para niños. Donde esta la ciencia aqui?? El analisis??

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