¿Por qué se dice que “el alma pesa 21 gramos”? ¿Tiene algún sentido esta cifra?

Hace un tiempo Alfonso CS me preguntó si de verdad el alma pesa 21 gramos. Se trata de un dato que todos hemos escuchado alguna vez e incluso alguna película la adoptado en su título pero, ¿por qué 21 gramos?

Antes de empezar, aclaro una cosa: no voy a entrar en el debate de si existe o no el alma. El objetivo del artículo es ver de dónde sale esta cifra y si, en este caso concreto, la persona que la “descubrió” encontró realmente una evidencia de que existe. Así que pongámonos manos a la obra.

Advertencia: no suele pasar mucho en este blog, pero la entrada de hoy no contiene imágenes. De todas maneras, me parece que la historia es suficientemente interesante como para mantener la atención del lector hasta el final.

La historia empieza en 1907 de la mano de Duncan McDougall, un médico que publicó un artículo titulado “Hypothesis concerning soul substance together with experimental evidence of the existence of such substance” (Hipótesis relativa a la sustancia del alma junto con evidencia experimental de la existencia de tal sustancia). En este artículo describe cómo colocó varios pacientes moribundos sobre una báscula con el objetivo de medir si en el momento de su fallecimiento la báscula marcaba un peso diferente. En su opinión, si la masa de la persona disminuía en el instante de su muerte podía tratarse de una evidencia de que el alma acababa de escapar de su cuerpo. Siempre y cuando, como él mismo dijo, pudiera encontrar ninguna otra explicación racional.

McDougall hizo la prueba con 6 pacientes, obteniendo los siguientes resultados:

Primero: Perdió 21 gramos en el momento de la muerte.

Segundo: Perdió una masa de 21 gramos por hora durante las cuatro primeras horas, acumulando un total de 85 gramos. Notó que en el momento en el que los músculos faciales del paciente dejaron de moverse, la báscula marcó 14 gramos menos. Al verlo comprobó si el corazón había dejado de latir y midió el peso del cuerpo otra vez, obteniendo una diferencia de peso de 46 gramos.

Tercero: Perdió 14 gramos en el momento de la muerte y 28 gramos “durante los siguientes minutos”.

Cuarto: Declara la prueba inválida.

Quinto: Perdió 11 gramos en el momento de la muerte.

Sexto: Declara la prueba inválida.

Según McDougall, la pérdida de peso no podía explicarse mediante ningún mecanismo fisiológico. Sospechando que acababa de pillar al alma in fraganti mientras se escaqueaba hacia el otro mundo, decidió repetir el mismo experimento con 15 perros (que no tuvieron la suerte de llegar moribundos por su propia cuenta). El médico no consiguió medir ningún cambio de peso en el momento de la muerte de los animales así que, en su opinión, esto no sólo verificaba que había encontrado evidencias de la existencia del alma humana, sino que también había demostrado que la ausencia de alma en los perros nos distinguía del resto de los animales.

McDougall fue aún un paso más allá: como había encontrado que el alma tiene una masa muy pequeña, de sólo unos cuantos gramos, y como además el alma está repartida por todo el cuerpo, esto tan sólo podía significar que su densidad es mucho menor a la del aire y, por tanto, al abandonar el cuerpo “flotaría” en la atmósfera. Y eso explicaría el mecanismo de ascensión del alma  hacia el cielo… ¿no?

Llegados a este punto, es muy posible que muchos hayáis encontrado cosas que no encajan en la teoría de McDougall, así que vamos a ver qué podemos sacar claro de este experimento y si, en realidad, lo que estaba midiendo este señor podía tener una explicación distinta.

En primer lugar, la conclusión a la que llegó con su experimento con los perros presenta problemas. En 2001 apareció un artículo en el Journal of Scientific Exploration en el que un investigador hizo la misma prueba, pero usando ovejas y cabras en vez de perros. Esta vez, tras la muerte de 12 animales, el investigador encontró variaciones de peso de entre 18 y 780 gramos. Ante nada, hay que aclarar que el Journal of Scientific Exploration no es demasiado scientific y, aunque el propio artículo esté lleno de superchería, los datos obtenidos que aparecen en él son válidos si nos olvidamos de toda la narrativa que lo adorna. Dicho esto, ¿por qué las ovejas y las cabras presentan variaciones de peso tan grandes? ¿Son más humanas que los perros, cuyo peso no varía al morir? Algunos de esos animales tendrían almas 20 veces más masivas que las nuestras, ¿significaría eso que ciertos tipos de ganado son más humanos que nosotros? ¿Cómo podía ser que los perros no tuvieran alma, pero que otros animales sí que la tuvieran?

La verdad es que estos datos no ayudan en absoluto la teoría de McDougall. Pero hay un problema añadido mucho más grave en la metodología que utilizó este médico para encontrar el alma: determinar el momento exacto de la muerte de una persona es una tarea prácticamente imposible.

Bueno, a ver, cuando se para el corazón la persona está muerta. No tiene más secreto, ¿no?

Ya tardabas en aparecer, voz cursiva. Pues resulta que no es tan sencillo.

Morir no es simplemente dejar de moverse. La muerte llega cuando la actividad cerebral desaparece, así que una persona realmente fallece en el momento en el que su cerebro se apaga por completo. Esto es importante porque mucha gente parece que saca el concepto de “muerte” de lo que ve en las películas: gente muriendo al instante al recibir un disparo en el estómago o un corte superficial con una espada a través del pecho. Este no es, ni de lejos, lo que ocurre en realidad. Mientras las neuronas tengan reservas de oxígeno y nutrientes, el cerebro puede seguir funcionando. No durante horas, por supuesto. Hablo de minutos o incluso segundos.

No sé qué decirte, Ciencia de Sofé, esto no me resulta muy convincente.

Pues agárrate los pantacas, porque aquí viene un ejemplo del caso más extremo.

Existen testimonios de otras épocas en las que la cabeza de un individuo ha seguido presentando signos de actividad tras su decapitación. Gesticulando, parpadeando o incluso intentado hablar después de que fuera separada del cuerpo, las cabezas recién separadas del cuerpo han dejado testimonios como el de Gabriel Beaurieux tras presenciar la decapitación de Henri Languille, un reo condenado a muerte por asesinato:

[Tras varios segundos], los movimientos espasmódicos cesaron… Fue entonces cuando grité “Languille!”. Vi sus párpados abrirse poco a poco, sin ninguna contracción espasmódica -insisto en esta peculiaridad-, con un movimiento fluido, igual que ocurre en el día a día, como lo hace la gente recién despertada o que ha sido sacada de su ensimismamiento… [Tras pronunciar su nombre otra vez] Los párpados de Languille se abrieron y unos ojos innegablemente vivos se fijaron en los míos de una manera aún más penetrante que la primera vez.”

O sea, que incluso completamente separado del riego sanguíneo y desangrándose rápidamente por la bajada de presión en las venas, parece ser que el cerebro puede tener energía suficiente como para agarrarse a la vida durante unos instantes cuando el resto del cuerpo falla por completo.

Pero los testimonios de este estilo tan sólo son evidencia anecdótica, muy susceptible a ser distorsionada por la visión poco objetiva de la realidad que tenemos los seres humanos, así que durante un tiempo se pensó que estos testimonios podrían atribuirse a movimientos involuntarios del cuerpo tras la muerte que no tuvieran nada que ver con la actividad cerebral… Hasta que, en 2011, apareció un estudio que sugiere lo contrario.

Un grupo de investigadores quería aprender más sobre el mecanismo exacto que sigue la muerte en términos neuronales, así que decapitaron varias ratas, la mitad de ellas anestesiadas y la otra mitad no. Conectaron a los animales a un aparato que podía medir su actividad cerebral y descubrieron que, tanto las ratas anestesiadas como las no anestesiadas presentaban actividad cerebral asociada al pensamiento consciente hasta casi 4 segundos después de la decapitación, mientras algún tipo de actividad neuronal en general podía ser detectada hasta 17 segundos después de la decapitación.

Esto significa que el final de la vida no llega en el momento en el que la respiración se detiene o el corazón deja de latir. El cerebro tarda un tiempo en quedarse sin nutrientes así que, cuando el cuerpo deja de mostrar señales de vida, el cerebro se apaga gradualmente durante unos segundos.

O sea, que para determinar el momento exacto en el que una persona muere se necesita un aparato capaz de monitorizar la actividad cerebral del paciente… Algo que McGoullan no tenía en 1907. Él podía ver cuándo un paciente dejaba de respirar, de moverse o de latirle el corazón, pero eso no significaba que realmente el paciente hubiera muerto aún, que su conciencia hubiera dejado de existir. Sin embargo, en su investigación dice cosas como “su peso bajó X onzas en el momento de su muerte” cuando, de hecho, no podía saber si el paciente estaba muerto de verdad o no cuando notaba sus cambios de peso.

¿Entonces qué podemos sacar de todo este experimento?

Pues que McGoullan sí que estaba midiendo cambios en el peso de sus pacientes durante la muerte de sus pacientes, pero que estos cambios no se correspondían con “el momento en el que el alma escapaba del cuerpo“. Entonces, ¿a qué podían deberse las variaciones de masa que midió McGoullan?

Vamos a verlo.

El cuerpo humano medio tiene una masa de unos 75 kg, por lo que la masa “perdida” durante los experimentos representa tan sólo del orden de una diezmilésima parte de la masa total de un cuerpo. Estas variaciones son en realidad extremadamente pequeñas y su causa se puede encontrar en fenómenos nada sobrenaturales.

Por un lado, sabemos que una cosa que sí sale de nuestro cuerpo al morir es el aire que contienen los pulmones. Y el aire, aunque no lo notemos, tiene masa. Teniendo en cuenta que un metro cúbico de aire tiene una masa de alrededor de 1,2 kg y que la capacidad pulmonar de un ser humano ronda los 6 litros, en nuestros pulmones se pueden meter 7,2 gramos de aire que, al morir, sale de nuestro cuerpo. En realidad, la masa del aire expulsada al exhalar es mayor porque nuestros pulmones humedecen el aire de manera que siempre sale de nosotros con un 100% de humedad, así que la masa del aire que expelemos se puede duplicar por la presencia del agua que expulsamos junto con él.

Lo mismo ocurre en el otro extremo de nuestro cuerpo en el momento de pasar al otro barrio. La expresión “el último aliento” es mucho más poética para describir la expulsión final de gases del cuerpo durante la muerte… Pero tened en cuenta que perdemos masa por los dos lados.

Dejando los gases de lado, hay que tener en cuenta que la mayoría de nuestro cuerpo está compuesto por agua que estamos constantemente perdiendo. La evaporación de agua a través de nuestra piel es la responsable de que perdamos hasta 600 gramos de agua diarios sin que nos demos cuenta. O sea, que la pérdida de agua a través de la piel del paciente explicaría las variaciones de masa del medidas por McDougall.

Esta podría ser la causa principal de pérdida de masa observada por McDougall si tenemos en cuenta que observó que los perros no bajaban de peso al morir, pero sí que lo hacen los humanos, las cabras y las ovejas. La explicación es sencilla: los perros sólo tienen glándulas sudoríparas en las zonas de su piel que no están compuestas por pelo, mientras que los seres humanos, las cabras y las ovejas tenemos por todo el cuerpo. O sea, que los perros pierden una cantidad de masa mucho menor por la evaporación del agua a través de su piel, lo que podría explicar por qué McDougall no podía medir cambios en sus experimentos (esto es un razonamiento propio sin evidencia experimental y puedo estar equivocado, podéis corregirme en los comentarios si me equivoco).

Pero, en última instancia, las pequeñas variaciones de peso que sufrían los pacientes de McDougall podrían deberse simplemente a que, al morir, los músculos pueden quedar relajados o contraídos en posiciones ligeramente distintas y el peso del cuerpo sobre la superficie en la que se encuentra se redistribuye. Esta redistribución del peso puede provocar variaciones en las lecturas debido a la aplicación de momentos de fuerza desequilibrados sobre los puntos que miden el peso.

Y eso por no decir que McDougall basó su hipótesis en las pequeñas variaciones de peso de tan sólo (por suerte) 4 pacientes y que todos ellos dieron resultados distintos.

Vale pues, a ver, Ciencia de Sofá, después de este TOSTÓN, ¿qué evidencias tenemos de que el alma pesa 21 gramos?

La evidencia a favor de este dato es un solo ensayos de un tipo que hizo un estudio sesgado en 1907, que no contaba con la tecnología necesaria como para hacerlo bien y que ni siquiera obtuvo resultados reproducibles. El veredicto, en mi opinión, está claro: ni el alma pesa 21 gramos, ni McDougall consiguió demostrar su existencia midiendo cuánto pesa la gente “antes y después” de morir.

 

 

 

Y después de leer todo este texto, os recompenso con un poco más de texto.

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28 pensamientos en “¿Por qué se dice que “el alma pesa 21 gramos”? ¿Tiene algún sentido esta cifra?”

  1. Muchas gracias por la entrada! Realmente interesante 🙂

    Lo raro es que en la mayoría de información que encontré por el internete ni se molestaba en dudar del dato aún cuando se huele desde lejos la poca consistencia que tiene

  2. En la universidad, durante un debate de ciencia vs religión para la clase de filosofía, un compañero uso como argumento ese experimento, por suerte habia leído un poco sobre ello y le respondí que eso se debia “hipotéticamente” (no estaba seguro en ese momento) al aire que sale de nuestros pulmones, quizás de haber sido ahora el debate tendría una respuesta muy contundente xD

    Me gustó la entrada.

  3. A raíz de esto me ha surgido una reflexión:

    Si un feto pesa menos de 21 gramos, (por poner una cifra al azar, menos de un mes de gestación), es que no tiene alma, ¿no?. Con lo cual desde el punto de vista cristiano, la madre podría abortar sin ningún problema..

    mmmmm…. interesting!!

    1. Muy buena observación! Alas 12-13 semanas de embarazo, un feto pesa unos 21 gramos, o sea, hasta los 3 meses de gestación un religioso que crea en la existencia material del alma no tendría por qué oponerse a un aborto.

      1. Pero justamente, el alma supone su existencia inmaterial. El tema de los 21 gramos no es religioso, es sostenido por parte de algunos buenos sujetos algo confundidos, que no representan ni a la ciencia ni a la religión. Yo no he visto ningún “creyente serio” (si es que existe tal categoría) esgrimir este tipo de argumentos para profesar la fe cristiana, por tanto no serviría de contraargumento en el debate sobre el aborto.

  4. Alma viene de ánima que se refiere al soplo vital. Al aire de los pulmones si se me permite. Por eso lo de animal. Así que en cierto modo sí que estaba detectando el alma. Lo que me lleva a pensar que cuando alguien dice que un animal no tiene alma se crea una paradoja extraña a varios niveles.

    1. POR ESO EL HUMANO INFERIOR A LA BESTIA NO TIENE ANIMA
      LA BESTIA SIGUE AL LIDER
      MUERE POR EL LIDER MUERTO
      PATRIARCA
      PATRIOTISMO
      ES MORIR POR EL PATRON
      QUE MAS LADRA,
      LADRON-BARRABAS
      NO SIGUEN CIENCIA Y VERdad

  5. ¿Y cuántos kg pesa Dios? Porque si existe el alma y pesa 21 gramos, dios debe de pesar bastante. Y todo lo que tiene masa atrae a otros objetos. Los creyentes no poinen objeción a que el alma exista y tenga masa, pero estoy seguro de más de uno responderá que Dios, además de ser invisible, no tiene masa. Tengo montoens de argumentos contra estas tonterías, pero creo que esta que he expuesto es más que suficiente para que el que tenga dos dedos de frente piense un poco.

  6. Muy buen post. Yo como persona religiosa estoy agradecido por este tema para compartirlo con quienes alegan que hay un alma inmortal, aún cuando esa enseñanza ni siquiera esta en la biblia. Excelente trabajo. Saludos.

  7. POR SI ACASO LO PUBLICAN:
    El principio de acción y reacción provoca un desnivel de la balanza, y en ningún caso implica que sea una pérdida o aumento de peso, imposible de medir. También en los animales que respiran por pulmones, se aprecia un desnivel de 1/3000 ava de su peso.

    ACLARACION:
    1.- Hay que añadir la siguiente aclaración respecto al tema de la muerte de los animales; Si se mata a un animal pulmonar durmiéndolo, no da el último suspiro de la muerte y no habrá desnivel en mg de la balanza.

    2.- En respecto al peso gravitatorio, hay que decir, que según la hipotética ley de la gravitación de Newton, las galaxias no podrían existir porque se desvanecerían; por lo que la fórmula, solo funciona a cortas distancias y no a distancias astronómicas; por lo que los científicos han ideado la materia oscura, el cual da explicación a que en los poros (agujeros negros) en el espacio, atraigan y no se escape ni la luz, y también la sombra (caída de presión) de la presión energética que se produce en las grandes masas como la de los planetas, es la que provoca la trayectoria de caída de los cuerpos al ser el espacio el de mayor presión energética; Por tanto, las medidas de variación de peso, en la ley de la reación, son como la paradoja del niño karateca que rompe un ladrillo que aguanta toneladas de peso, teniendo mucho menos de 100 kg de fuerza.

    1. Saludos.

      La ley de la gravitación de Newton tiene bien poco de hipotético y, por supuesto opera a grandes distancias. En último extremo, se puede afirmar que es la Teoría de la Relatividad de Einstein lo que viene a completar y ampliar lo que Newton descubrió.

      Los mecanismos de las básculas antiguas, dependiendo de la forma y de su mecánica interna, pueden sufrir pequeñas variaciones en la medida si el peso no se distribuye correctamente.

      Para ponerte un ejemplo gráfico: Coge en una mano un saquito de 5 kg y verás que puedes levantar el peso. Bien, Ahora ponlo en el extremo de una vara de 1,5 metros de largo y prueba a levantarlo con una mano. la forma en la que manejamos el peso, puede alterar las condiciones, siendo el mismo peso.

    2. Hay que señalar que los efectos de aumento de peso debido a los movimientos son solo momentaneos y por lo tanto no son aplicables a este caso. Por otro lado la ley de la gravitacion universal funciona con tanta precicion que sus fallas solo se pueden detectar con pocos instrumentos forzados hasta el limite capacidad. Exalar gases no te hara perder peso al menos de que te encuentres en el espacio exterior o la presion del aire sea mayor en el interior del cuerpo. La unica explicacion aceptable para este fenomeno estaria en la perdida de peso en forma de agua o en forma de alma

  8. Cualquier persona viva se encuentra con su cuerpo y sus conexiones nerviosas en funcionamiento total hay digamos impulsos electricos y referenciando la energia con el cuerpo ejemplo 89 kilos de persona. esta generando una energia (digamos electricidad que también la hay… cualquier campo electrico o objeto genera un campo electro magnetico y en su definicion con lleva en su formula o de manera llana un peso,… por tanto el cuerpo con vida tiene que pesar algo mas… marcada la hipotesis cojan una pila y pesen la cargada y descargada… y ahi tendran la respuesta que anelaban,.. y nada de dios que sino pesaria demasiado jjj

  9. En 1907 ya se sabía que la gente exhala al morir aire húmedo por la boca, y que los esfínteres se relajan y salen gases, líquidos y sólidos por ambas cloacas.
    Me gustaría saber qué opinaron los científicos inteligentes de la época y cómo evaluó el experimentador (y si era capaz) la precisión de su equipo y del experimento en general. Porque si yo hago experimentos con una resolución de +-20 gramos, por ejemplo, no puedo prescribir que variaciones de 21 gramos signifiquen nada.

  10. Cuando Einstein dijo que la estupidez humana era infinita, lo hacía con fundamento. En su prodigiosa memoria, seguro que retenía con facilidad los numerosos y grandes hitos históricos de la estupidez humana. Hay tantos, que no está claro que este supuesto descubrimiento estuviera en su lista de los más importantes.
    ¿Alguien se lo preguntó?

  11. Tanto experimento ridículo e inútil como este olvida un detalle no pequeño : ¿Cómo lo inmaterial puede estar conectado con lo material?
    Las analogías no sirven en este caso, si alguien lo “explicara” científicamente sería una respuesta.
    Buen artículo, me gusto.

  12. Tanto tu como McDougall.deficientes en sus argumentos. uno pesa lo que pesa en el instante que lo pesan, nadie pierde 600 gramos de agua en un instante y aunque le des unos segundos mas para llegar a la muerte cerebral igual no se perderán a través de la piel esos 600 gramos de agua en un un instante y podría seguir; con McDougall. igual, en que condiciones y de que forma que no permitiese escapar nada en una balanza que debió ser tipo domo para que todo lo que se escapase siga atrapado y pesado, se hizo por parte de McDougall, no lo se.
    Me molesta que me hayas hecho perder el tiempo para leer esto y eso que puedo seguir, pero ya es aburrido.

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