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Desde el punto de vista evolutivo, ¿podrían existir los dragones?

A principios del año pasado respondí a una pregunta que le vino a la cabeza a un lector a raíz del infame documental sobre sirenas que Discovery Channel emite de vez en cuando y en el que, después de 80 minutos comiéndote el tarro intentando convencerte de que las sirenas existen, en los últimos 10 segundos de los créditos se toman la gran molestia de añadir un pequeño texto que te advierte de que, bueno, a lo mejor algún detalle del documental podría ser pura ficción.

Discovery Channel siguiendo los pasos de Canal Histeria (no, no es una errata). En esta entrada explico por qué las sirenas no podrían existir, desde el punto de vista evolutivo.

Hoy toca volver a hablar de seres mitológicos, ya que Enrique Raymond me preguntó si existiría alguna posibilidad de que la evolución de alguna especie hubiera producido algo parecido a los dragones. Como cada cultura ha descrito la figura del dragón a su manera a lo largo de la historia, vamos a definir primero de qué tipo de animal estaríamos hablando.
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¿Cómo sabemos que un meteorito extinguió a los dinosaurios?

El otro día estuve viendo Jurassic World y, quitando que como ya expliqué en esta otra entrada, un mosasaurio no es un dinosaurio, la película me recordó que de vez en cuando me preguntáis cosas sobre la extinción de los dinosaurios. En esencia, las preguntas que mandáis suelen ser del estilo: ¿cómo sabemos que un meteorito extinguió a los dinosaurios? ¿No podría haber sido otra cosa?

Así que pongámonos manos a la obra.

En primer lugar, ¿cómo sabemos que se produjo una extinción hace 65 millones de años?
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¿Qué es un dinosaurio y qué no lo es?

Todos pecamos de llamar dinosaurio a cualquier bicho grande, raro y extinto del que sólo conservamos unos cuantos esqueletos pero, en realidad, muchos de esos restos fosilizados no tienen nada que ver con los dinosaurios.

Dinosaurio es un término que fue acuñado en el siglo XIX (el loco siglo XIX) y está compuesto por dos palabras griegas que, combinadas, significan lagarto terrible. Pero antes de continuar por ahí, hablemos de otras cosas.

Los dinosaurios poblaron la Tierra durante muchísimo tiempo: aparecieron hace alrededor 250 millones de años y se extinguieron hace 66 millones de años, lo que significa que estuvieron campando a sus anchas por el planeta durante unos 184 millones de años.

Para poner esta cifra temporal en perspectiva: los tiranosaurios aparecieron hace 68 millones de años y se extinguieron hace 66 millones de años, por otro lado, los estegosaurios vivieron entre hace 156 y 144 millones de años. Por tanto, más tiempo separa a los estegosaurios de los tiranosaurios que a nosotros de los tiranosaurios.

Donde “m.a.” significa “millones de años”. PD: Obama iluminatti reptiliano confirmado.

Los dinosaurios existieron durante la era mesozoica que viene del griego mesos, que significa entrezoon, que es animal y el sufijo -ikos (relativo a), así que mesozoico vendría a significar algo así como la era de la vida intermedia.
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¿Por qué las libélulas eran más grandes en el pasado?

Meganisoptero es el nombre del género de animales que precedieron a las libélulas que hoy en día surcan nuestros ciel… Bueno, que vuelan bastante cerca de la superficie de nuestro planeta. Aunque los bisabuelos de nuestras libélulas contaban con leves diferencias con las actuales como, por ejemplo, que casi tenían el tamaño de gaviotas.

  (Fuente)
Sí, vale, os acabo de enseñar una maqueta del animal, pero no me estoy inventando nada, en serio: los taxonomistas no usan el prefijo “mega” a la ligera cuando quieren ponerle nombre a un animal nuevo.
Las libélulas pertenecen al infraorden de los anisópteros, un término que puede traducirse descomponiendo la palabra en an (=no), iso (=igual), pteros (=alas), en referencia a la manera de volar de estos insectos. En este vídeo a cámara lenta veréis a qué me refiero.
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¿Por qué no existen mamíferos terrestres tan grandes como los dinosaurios?

El mamífero terrestre más grande del que se tiene constancia es un animal que vivió hace 30 millones de años, catalogado como indricotherium transouralicum, que debe ser la expresión en latín para “pesadilla rino-elefántica”. Los ejemplares más grandes podrían haber pesado 16 toneladas y medido 4.8 metros de altura hasta los hombros y 8 metros de longitud.

Recreación antigua (pero no por ello imprecisa) del animal.

Comparado con el mayor reptil de todos los tiempos, eso es una nimiez: el amphicolieas fragillimus, medía 60 metros de largo, 22.5 de altura y pesaba 122 toneladas. Un elefante africano, el animal terrestre más grande que pasea por la superficie de nuestro planeta en la actualidad, mide entre 3 y 4 metros de altura y pesa 5.5 toneladas.

El animal en cuestión aparece en rojo.

Esto suscita la pregunta: ¿Por qué no existen mamíferos tan grandes como los dinosaurios?

Una de las ventajas que tienen los reptiles respecto a los mamíferos es su gestación: pueden poner huevos, meterlos en un nido y dejar que sus crías se desarrollen solas protegidas tras la cáscara.

Los mamíferos, en cambio, damos a luz a crías vivas. Un embarazo es un asunto peligroso si no hay hospitales de por medio y compromete tanto la vida de la madre como del hijo. Un tamaño desproporcionado implica periodos de gestación más largos que además consumen mucha energía y, cuanto más grande es el animal, más dura su embarazo (en el caso de los elefantes, por ejemplo, dura 2 años), así que por su duración y riesgo es un factor que limita el tamaño de los mamíferos.

Por otro lado, los dinosaurios podían alcanzar tallas extremas porque sus esqueletos eran muy ligeros. Como las aves a las que evolucionaron más tarde, sus huesos contenían sacos de aire que les otorgaban unos esqueletos muy ligeros para su tamaño. Una masa menor permite crecer más sin que el gasto calórico se vuelva desproporcionado, ventaja de la que los mamíferos no disfrutamos.

Muestra de un hueso de ave. Está hueco por dentro para aligerar peso y facilitar así el vuelo. Crédito: hsu.edu

Mientras los reptiles toman el calor de su entorno para mantenerse a una temperatura constante, los mamíferos generamos nuestro propio calor desde nuestros órganos internos, sobretodo el corazón, el hígado y el cerebro. El calor creado en estos centros se reparte por el resto del cuerpo con el flujo sanguíneo, de manera que estos órganos tienen que estar siempre algo más calientes para abastecer el resto del organismo con la temperatura necesaria, ya que constantemente estamos perdiendo calor por el intercambio con el aire.

Como el calor se propaga de manera volumétrica, un animal que sea el doble de grande que nosotros tendrá que generar 8 veces más calor para calentar su cuerpo entero. Para un mamífero tan grande como un dinosaurio, esto supondría que sus órganos tuvieran que calentarse a temperaturas que los cocinarían.

Esto nos lleva al siguiente punto: en aquella época, el contenido atmosférico de carbono y oxígeno en la atmósfera era más alto (hasta un 30% oxígeno, frente al 21% actual), por lo que había muchísima más vegetación. En consecuencia, los herbívoros tenían una gran cantidad de comida disponible para satisfacer las necesidades calóricas de sus cuerpos inconmensurables… Hasta que un meteorito impactó contra nuestro planeta, cubriéndolo con una nube de polvo que impidió que la luz solar llegara hasta la vegetación y provocó enormes incendios globales que consumieron casi un tercio del oxígeno de la atmósfera.

Esto más o menos responde a la siguiente pregunta: ¿Por qué no han vuelto a aparecer animales tan grandes hoy en día?

Por un lado, porque después de la extinción de los grandes dinosaurios, los mamíferos tomaron el control del ecosistema terrestre. Pero, según lo que hemos estado leyendo, podría haber otras razones.

Para satisfacer el descomunal gasto energético que implica tener un cuerpo de más de cien toneladas, los dinosaurios herbívoros tenían que pasarse el día ingiriendo grandes cantidades de alimentos. No hemos encontrado una cifra, pero para hacernos una idea, un elefante puede llegar a comer entre 100 y 200 kilos de comida al día y pesa, como mucho, unas 5.5 toneladas. Un dinosaurio como el amphicolieas fragillimus, con 122 toneladas de peso, tendría que consumir como mínimo 4.5 toneladas al día (estimación hecha suponiendo una relación lineal entre la comida consumida y el tamaño, lo que probablemente será una falacia).

Por ello, estos animales viajaban en manadas arrasando con todo lo que encontraban a lo largo de grandes extensiones de terreno porque, de esta manera, podían volver a la zona al cabo de mucho tiempo y la vegetación había vuelto a crecer. Pero, claro, para que una población de animales pueda sobrevivir de esta manera necesita una gran superficie por la que moverse en busca de nuevas zonas de alimentación y, en aquella época (el triásico), disponían de ella gracias a que algunos continentes actuales aún estaban unidos formando un súper continente llamado Gondwana.

Fuente de la imagen: encyclopedia.com

Por eso, aunque todo lo expuesto anteriormente no supusiera un problema, hoy en día la existencia de mamíferos tan grandes sería insostenible porque probablemente no tendrían espacio suficiente para migrar hasta que las zonas de pasto se regeneraran, de manera que agotarían las reservas de comida antes de que pudieran volver a crecer y morirían de hambre.

Esta teoría se llama el enanismo insular (más o menos) y sostiene que las especies aisladas en zonas pequeñas tenderán a menguar de tamaño a medida que pasen las generaciones para minimizar su gasto energético, para así necesitar menos comida y no quedarse sin alimento.

Helicoprion

Pocas veces nos encontramos con información que nos pueda dar un punto de vista nuevo sobre algo que creíamos que seguía unas reglas determinadas. Hoy ha sido una de esas veces, cuando hemos encontrado la foto de este fósil:
A primera vista, puedes pensar “bueno, debe ser algún tipo de caracol“. Eso es lo que creíamos nosotros… Hasta que, buscando un poco, hemos descubierto que es parte de una mandíbula.

Una. Jodida. Mandíbula.

¡Deja de inventarte mandangas, Ciencia de Sofá!
¡Que no, que no! ¡No es un invento! Hablan de ello incluso en este artículo del Scientific American. La cosa funcionaba así:
    Crédito: Dimitri Bogdanov/wikimedia commons.

Aunque por la forma parece un tiburón, en realidad es un helicoprion (del griego, sierra en espiral), un animal del género de los chimaeriformes al que pertenecen 47 especies de peces cartilaginosos. Sus extraños dientes los únicos huesos que poseían, por lo que es lo único que se ha fosilizado mientras el cartílago del resto del cuerpo se iba degradando.
Cuando los paleontólogos encontraron estas espirales serradas, sin ningún esqueleto o cráneo que las acompañara, pasaron un mal rato hasta deducir qué demonios estaban mirando y dónde podía situarse en el organismo de un animal. Basándose en otros fósiles de peces del mismo orden (los eugeneodontiformes), fueron capaces de deducir la forma del helicoprion, estimar que debía medir entre 3 y 4 metros de largo y, lo más importante, colocar en su lugar la espiral que contenía unos 109 dientes: en la mandíbula inferior.

Una consecuencia curiosa que tiene esta localización es la manera en la que el animal mudaba los dientes: en vez de caerse y volver a crecer, se desarrollaban en un extremo de la espiral uno tras otro, empujando al resto hacia el interior de la mandíbula cartilaginosa a medida que se desgastaban para ser reabsorbidos.

                                Imagen: Ray Troll.

Sí, ya, ¿Pero qué beneficios tienen esos dientes?

Al cerrar los dientes sobre una presa, su mandíbula golpeaba contra el sólido paladar y la propia geometría de las piezas dentales empujaba la presa hacia el interior de la boca. ¿Qué? ¿Que no nos creéis?

En el elaboradísimo esquema que hemos hecho puede verse como las puntas de los dientes trazan trayectorias curvas hacia el interior de la boca cuando la mandíbula se cierra. Esto tiene la ventaja extra de que abrir y cerrar la boca constantemente produce un “efecto sierra”.

Y, se acabó, aquí serramos esta entrada.

Escorpiones marinos

Los escorpiones tienen mala fama pero, en realidad, no son tan peligrosos. De 1.500 especies de escorpión que existen, sólo 50 son peligrosas para los seres humanos, y de los 1.5 millones de picaduras que se estima que se registran anualmente, sólo 3.250, un 0.27%, terminan en la muerte.

O sea, que un escorpión no sería lo peor que te podrías encontrar en la vida… A menos que estuvieras en la Tierra hace 470 y 370 millones de años. Bueno, más bien, en el mar. Entonces podrías haberte encontrado con una cosa así:

Sobre esto quiero comentar algo al final del artículo**. Fuente aquí.
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