Archivo de la categoría: Planetas

La terraformación de Marte (1ª Parte)

Últimamente no tengo tanto tiempo para escribir como me gustaría y, después de ver que las entradas divididas por partes sobre la velocidad de la luz han tenido buena acogida (aquí la primera, aquí la segunda y aquí la tercera), creo que seguiré esta práctica más a menudo cada vez que trate un tema extenso: de esta manera, vosotros no tenéis que esperar una semana para leer un tocho de golpe y yo no tengo remordimientos de conciencia por actualizar con menor frecuencia.

Marte fotografiado desde el telescopio espacial Hubble en 2005 durante uno de uno de sus máximos acercamientos a la Tierra.

Y después de la ronda de excusas de hoy, toca empezar con el tema que nos ocupa y que ha sugerido el escritor Roberto López-Herrero: la terraformación de Marte.
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Respuestas (XLVII): ¿Qué pasaría si Júpiter se convirtiera en una estrella?

Alguien bajo el seudónimo de Eb 243 me ha enviado la siguiente pregunta por e-mail: “si, como en la película 2010 odisea en el espacio, Júpiter se convirtiera en una estrella, ¿Cómo afectaría a la Tierra?”

Me ha gustado mucho esta pregunta. Empecemos.

Ío, una de las Lunas de Júpiter, captado frente al planeta por la sonda Cassini.

Las estrellas “funcionan” fusionando átomos de hidrógeno en su núcleo, convirtiéndolos en helio. La reacción libera una cantidad de energía enorme que calienta la masa de gas e, igual que un pedazo de metal se pone al rojo vivo al calentarse, la estrella empieza a brillar.

Pero hacen falta condiciones extremas para que esta reacción se lleve a cabo. En el núcleo de nuestro sol, por ejemplo, la fusión se desarrolla a entre 100.000 millones y 340.000 millones de atmósferas y genera temperaturas de 15.000.000ºC.
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Respuestas XLI: ¿Existe vida en otros planetas? (3 de 2)

En dos entradas anteriores explicaba por qué buscamos vida en planetas que contengan agua y cómo está el panorama actual en cuanto a la búsqueda de civilizaciones extraterrestres avanzadas. Esas iban a ser las dos únicas partes de la entrega sobre vida más allá de nuestra atmósfera (bueno, además de esta otra, que surgió a consecuencia de ellas), pero resulta que aún faltaban cosas por decir al respecto. Y de ahí el “3 de 2”.

En zonas de formación de estrella como estas, por ejemplo, sería difícil que apareciera vida inteligente, por muy favorables que fueran las condiciones de un planeta. (Fuente)

Pero yo creo que, si hay miles de millones de estrellas en nuestra galaxia, y hay miles de millones de galaxias, ¡El universo tiene que estar lleno de vida y…!

Ya en la entrada anterior habíamos visto que las cosas no son tan simples y que la vida está más limitada de lo que creemos. Hoy vamos a complicarle aún más las cosas.
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No existe un ‘Planeta X’ en los confines del sistema solar

Hace unos días la NASA anunciaba que su telescopio espacial WISE (Wide-field Infrared Survey Explorer) había rastreado cientos de millones de cuerpos celestes y puntos brillantes en el cielo pero, entre otras cosas, no había encontrado ni rastro de un planeta gigante en los confines de nuestro sistema solar.

Mosaico de imágenes del cielo tomadas en luz visible e infrarrojos. El disco central es nuestra propia galaxia, que vemos desde el lado. (Fuente)

Bueno, ¿Y qué importancia tiene eso? ¿Es que se esperaba que hubiera uno?

No, pero era una opción que tampoco se podía descartar por completo. Aunque lo que más me ha interesado de esta noticia es la oportunidad que da para desmentir de una vez por todas una de tantas teorías conspirativas que circulan por internet.
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No os preocupéis: sólo es Venus

Nos han llegado varios mensajes esta semana pidiendo información sobre un cuerpo celeste muy brillante. Algunos, incluso, conocedores del brillo del planeta Venus, dicen que es demasiado brillante para tratarse de este cuerpo celeste y nos han preguntado si es algo que está acercándose hacia la Tierra. La incógnita es, entonces, ¿Qué es esa luz que brilla tanto en el cielo estos días? 

Venus y la Luna. (Fuente)

En efecto, se trata del planeta Venus y, también en efecto, se está acercando hacia nosotros… Pero luego volverá a alejarse. Es lo que tiene estar atrapado dando vueltas alrededor de una gigantesca bola de gas.

Ya de por sí Venus es el cuerpo celeste más brillante del cielo porque las nubes tóxicas que lo cubren reflejan hasta el 70% de la luz solar que incide sobre ellas. Pero la causa de este aumento de brillo es que Venus gira alrededor del sol a una distancia menor que la de la Tierra y, por tanto, describe un círculo más pequeño.

Por tanto, a medida que Venus recorre su órbita, hay puntos en los que quedará más lejos o más cerca de la nuestro planeta. En el siguiente dibujo, cuando Venus está en (1) lo vemos más grande y brillante desde la Tierra porque está muchísimo más cerca que en la posición (2).

Lo mejor de todo esto es que el día 6 de Diciembre es el día en el que el planeta reflejará la máxima cantidad de luz solar, lo que nos permitirá verlo 25 veces más brillante que Sirio, la estrella que vemos más brillante. Si le queréis echar un vistazo, estará visible desde antes de la puesta de sol hasta tres horas después.

Como último apunte, no os dejéis engañar por informaciones extrañas que aparecen en internet, que hasta con esto aprovechan para intentar comerle el tarro a la gente.

El hexágono de Saturno

En 1980 y 81, la sonda Voyager sobrevoló el polo norte del segundo planeta más grande del sistema solar, Saturno, y se encontró con algo que fue fotografiado 32 años después por la sonda Cassini, que pasó por allí el 27 de Noviembre de 2012 y tomó la siguiente imagen:

Fotografía en espectro cercano al infrarrojo. Crédito: NASA/JPL-Caltech/Space Science Institute.

Con el 21 de Diciembre de 2012 a menos de un mes de distancia, una avalancha de difusores de pseudo-ciencia barata sacó el caso a relucir, cada uno explicando una mandanga diferente según el producto que intentaran venderte. Sabemos que no era vuestra intención, Mayas.

Menos palabrería y más explicarme qué es eso antes de que me compre un kit de supervivencia.

Ya vaaaa…
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Urano

Este es Urano, el penúltimo planeta del sistema solar (ya es hora de que vayamos superando lo de Plutón), contando desde el sol. Comparado con el resto de nuestros variopintos vecinos, parece que esta bola de billar lisa no pueda ofrecernos nada interesante, pero el objetivo de esta entrada es demostrar que Urano no tiene nada de aburrido.

Crédito: NASA/JPL/Voyager.

El 80% de su masa está compuesta por una mezcla fluida de hidrógeno, agua y amoniaco que se mantiene en estado líquido gracias a la agradable temperatura del planeta, de unos -224,2ºC. Su atmósfera gaseosa, en cambio, contiene un 83% de hidrógeno, un 15% de helio y el 2% restante es metano, un gas orgánico. Hacemos un inciso para señalar que el metano es un gas inodoro, es decir, que no huele, pese a la falsa creencia extendida de que es el responsable del olor de nuestras flatulencias. La cuestión es que el metano absorbe las longitudes de onda más largas de la luz, léase la luz roja, y refleja el azul pálido que le da el color a este planeta.
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La Gran Mancha Roja

Una tormenta de nubes rojizas lleva soplando sin descanso desde hace más de 300 años y nadie se da cuenta, pero no hay que preocuparse: igual que el volcán más grande del sistema solar, este fenómeno no se encuentra en la Tierra.

En un alarde de originalidad sin precedentes, su descubridor recurrió a sus instintos más básicos y bautizó lo que estaba viendo a través del telescopio como la Gran Mancha Roja.

Nuestro corresponsal en Júpiter nos cuenta la historia.

Júpiter es el planeta más grande del sistema solar, con unos 140.000 kilómetros de diámetro (frente los 12.756 de nuestro planeta). Está compuesto, casi por completo, por gas (75% de hidrógeno, 24% de helio) y, de hecho, si tuviera una masa 10 o 12 veces mayor, su núcleo estaría sometido a la presión suficiente como para encenderse y convertirlo en una estrella.

Uno de los rasgos que nos puede resultar menos familiar de Júpiter es que no tiene una superficie sólida. En lugar de eso, su atmósfera va volviéndose más densa a medida que nos vamos acercando al núcleo (y hasta ahí hay un rato de camino), donde las presiones son tan altas que se especula sobre la existencia de hidrógeno metálico. En otras palabras: presiones tan altas que consiguen que un gas se comporte como un metal.

Por cierto, ¿He comentado ya que la tormenta de la que hablábamos al principio mide 20.000 km de largo por 12.000 de ancho? No, ¿Verdad?

Pero, en la Tierra las tormentas más grandes duran como mucho unos días, quizás semanas… ¿Por qué la Gran Mancha Roja lleva – al menos – 300 años activa?

Uno de los factores que hay que tener en cuenta es que la Tierra tiene una superficie sólida, por lo que una tormenta va perdiendo potencia a medida que el viento transmite la energía al suelo. En Júpiter, una bola de gas de diferentes densidades, una tormenta puede desplazarse perdiendo muy poca energía a causa del rozamiento.Otra razón, y quizás la más significativa, es el llamado efecto Coriolis.

Profundicemos.

Si la Tierra no rotara sobre su eje, además de una notable diferencia de bronceado entre sus habitantes, el aire tan sólo circularía de norte a sur. Esto es porque la temperatura se transmite de los focos calientes a los más fríos, y el aire caliente del ecuador, que recibe más radiación solar, tendería a desplazarse hacia los polos y viceversa, sin más efecto.

Básicamente.

Pero cuando entra en juego la rotación, la cosa cambia.

Como la atmósfera no está “anclada” a la superficie igual que un objeto sólido que descanse sobre ella, cuando el planeta rota hacia un lado, las capas de aire alejadas del suelo tienden a quedarse un poco rezagadas. El mismo efecto que tiene lugar cuando pasamos la mano por el agua: el líquido que se encuentra en contacto directo, o muy cerca, de la piel es capaz de igualar la velocidad que lleva la mano. Pero, en puntos más alejados, vemos que el fluido va mucho más lento. En un punto suficientemente lejano, el agua ni se ha movido.

Total, que, contando el efecto Coriolis, la atmósfera se convierte en esta locura.

(Fuente: www.astronomynotes.com)

Por si eso no fuera suficiente, el último dato a considerar, es que por algún motivo que no está del todo claro, Júpiter emite el doble de energía del que recibe del Sol. El flujo de calor proveniente del núcleo del planeta podría, en teoría, estar alimentando la tormenta desde las capas más bajas de la atmósfera.

Con todo lo dicho, tengamos en cuenta entonces dos factores:

1) Su diámetro es casi 11 veces el de la Tierra.

2) Tiene el periodo de rotación (el “día”) más corto de todo el sistemas solar, tardando sólo 9,9 horas en dar una vuelta sobre su eje.

Y teniendo en cuenta que el efecto Coriolis se intensifica cuanto mayores son el radio y la velocidad de giro,  no debería extrañarnos la existencia de una tormenta de 20.000 kilómetros de largo con vientos de hasta 400 km/h.

Así que pensémoslo dos veces antes de colapsar Facebook porque está lloviendo un poco.