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¿Debería preocuparnos el supervolcán de Yellowstone?

A principios de este mes salió una noticia alarmista de la mano de Actualidad RT (para variar) a raíz de una sucesión de pequeños temblores de tierra que tuvieron lugar en el parque nacional de Yellowstone y de un vídeo en el que aparecen unos bisontes corriendo por la carretera.

Si el vídeo hubiera sido grabado en cualquier otro lugar del mundo, no hubiera reunido los más de dos millones de visitas que ahora tiene. Pero, claro, esto es el parque nacional de Yellowstone, el lugar que contiene una caldera volcánica tan grande que se diceque su erupción podría proyectar suficiente ceniza a la atmósfera como para sumir nuestro planeta en una era glacial, extinguir a la humanidad y destrozar parte de E.E.U.U, ya de paso. El fin del mundo, vaya.
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La Calzada del Gigante

La Calzada del Gigante (Giant’s Causeway), en Irlanda del Norte, es una formación rocosa natural que compromete unas 40.000 columnas de roca basáltica encajadas entre sí, resultado de la actividad volcánica que afectaba a la zona en el pasado.

Crédito, aquí.

¿Pero, hombre, cómo va a ser esto natural? ¡Mira estas columnas perfectas!
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Fly Geyser

El Fly Geyser es una formación geológica relativamente natural que se encuentra en el estado de Nevada, EEUU, 32 kilómetros al norte de Gelrach (es decir, en medio de ninguna parte).

Fuente: aquí.

¿Cómo que relativamente natural?

En 1964, se estaban haciendo prospecciones por la zona buscando fuente de energía geotérmica. Resultó que el subsuelo no emitía suficiente calor como para ser aprovechado como fuente de energía, pero sí que bastaba para calentar el agua de un depósito subterráneo a casi 94ºC. Por accidente, el depósito a presión fue perforado y el líquido empezó a salir por el agujero que habían hecho los operarios que, en vez de volver a taparlo, lo dejaron como estaba.

Fuente: wikimedia.

Desde entonces, el agua no ha dejado de fluir a través del agujero y el carbonato cálcico disuelto en ella ha ido saliendo a la superficie. Al ser más denso que el líquido, el mineral ha ido cayendo alrededor de la boca del agujero, acumulándose con los años. Los colores con los que está teñida su superficie, y que le dan un aire extraterrestre al panorama, están provocados por colonias de algas termófilas (a.k.a necesitan calor intenso para vivir) que pueblan su superficie.

Y, ahora, la pregunta del millón. ¿Cómo de grande es esto?

El géiser en sí mide 1.5 metros de altura pero, si se cuenta el montículo sobre el que descansa, la altura total de la formación es de unos 3.7 metros, lo que lo hacen visible desde la carreta más cercana.

Fuente: aquí (a estas alturas nos damos cuenta de que estamos citando la fuente de algo que, técnicamente, puede considerarse una fuente).

Esto es lo máximo que la mayoría de la gente se acerca al géiser porque el propietario del terreno y del rancho cercano que le da el nombre (Fly Ranch), terminó colocando una valla alrededor. Aunque no lo especifica en ningún sitio, suponemos que tiene que ver con que este pueblo está muy cerca del desierto donde cada año se organiza el festival Burning Man, al que acuden más de 55.000 personas cada año durante la semana que dura, así que el pobre hombre debía estar cansado de levantarse por la mañana y encontrar hordas de hippies traspuestos en sus tierras observando el géiser.

Volcanes extraterrestres

Todos sabemos que el punto más alto del mundo es la cima del Everest… Siempre que contemos los metros a partir del nivel del mar.

Pero si tenemos en cuenta el tamaño de la montaña desde su base, sin importarnos si lo que la rodea es agua o aire, entonces el Mauna Loa, uno de los cinco volcanes que componen la mayor isla de Hawaii, supera el récord con 9.170 metros, comparado con los 8.850 del Everest.

¡Oh, vaya, qué monstruosidad, volcanes de más de 9 kilómetros de altura, madre mía!

Si esto te sorprende, agárrate los pantalones, que no es nada comparado con las barbaridades que hay esparcidas por el resto del sistema solar.

Primera parada, nuestro polémico vecino rojo.

Marte es ahora un mundo sumido en un silencio que sólo interrumpen ocasionales tormentas de arena o la llegada de alguna sonda espacial extramarciana, pero su superficie no siempre fue así. Señal de ello es que en este planeta podemos encontrar el volcán más grande conocido el Olympus Mons (el Monte Olimpo), que deja en evidencia a cualquier formación geológica terrestre.

 

Si su altura, de 22 kilómetros, ya resulta impresionante, más lo es su extensión. En el siguiente dibujo aparece representada la superficie que ocupa el Olympus Mons, en comparación con Francia.

Crédito: wikimedia.

Pero entonces, el día que eso reviente va a salpicar hasta aquí…

Por suerte o por desgracia, hace mucho tiempo que Marte está geológicamente inactivo y este es el por qué:

Para que haya movimiento en la corteza de un planeta se necesita energía, y esa energía proviene del calor generado en su núcleo.

El interior de nuestro planeta es líquido porque el núcleo no deja de emitir un calor tan intenso que es capaz de fundir la roca. Parte de este calor es debido a la presión a la que está sometido el núcleo, otra parte a la energía liberada por la descomposición de elementos radiactivos y otra es lo que queda aún de la fricción producida hace miles de millones de años durante la formación del planeta a base de colisiones entre cuerpos celestes cada vez más grandes. Todo este calor es el que impulsa las corrientes de convección en el material líquido del manto terrestre, responsables del desplazamiento de la corteza sólida de la Tierra.

Crédito: BBC.

Pero, poco a poco, toda esa energía se disipa hacia el espacio y, como no hay manera de volver a llenar el calor que se pierde, la Tierra se enfría muy lentamente. Mientras esto ocurra, el material que se mantiene líquido gracias a las altas temperaturas se irá enfriando y, por tanto, solidificando, empezando por las zonas más cercanas a la corteza. El resultado es que la corteza se volverá cada vez más gruesa hasta que, finalmente, todo el interior de la Tierra sea sólido. Sin magma que suba hasta la superficie, las placas tectónicas se detendrán y el campo magnético, movido por la rotación del núcleo, desaparecerá.

Toda esta historia ya le ocurrió a Marte. Al tener una masa unas 9.35 veces menor que la Tierra, contenía menos calor y lo perdió mucho antes, así que ya no tenemos que preocuparnos de que el Olympus Mons lance un chorro de pedazos de nuestro vecino en nuestra dirección.

La siguiente parada de nuestro tour volcánico por el sistema solar nos lleva hasta una de las cuatro lunas más grandes de Júpiter, Ío, el cuerpo más activo del sistema solar, con unos 400 volcanes entrando en erupción non-stopEl más alto de ellos mide 17.160 metros, el doble que nuestro Everest, y eso que este satélite de Júpiter mide tan sólo 3.480 kilómetros de diámetro, comparado con los 12.756 de la Tierra.

El volcán Tvashtar soltando una nube que se extiende 330 km por encima de la superficie del satélite. NASA/JPL.

El satélite está compuesto de rocas ricas en silicatos y sufluro de hierro, por lo que sus volcanes emiten compuestos de azufre que terminan depositándose en la superficie, lo que tiñe el satélite con una gama de tonalidades amarillentas y anaranjadas.

NASA/JPL.

Los círculos más intensos en la superficie son depósitos recientes de material expulsado por los volcanes y que ha vuelto a caer alrededor de éstos.

Pero, si Marte es más pequeño que la Tierra y está inactivo y, a su vez, Ío es más pequeño que Marte, ¿Cómo puede un cuerpo tan pequeño mantener el calor sin enfriarse? 

Ío orbita alrededor de Júpiter, el objeto más masivo del sistema solar y tiene como vecinos otros 3 satélites de tamaño considerable, Europa, Ganímedes (que, de hecho, es más grande que el planeta Mercurio) y Calisto por lo que, cuando uno de estos satélites se alinea con Ío y Júpiter, Ío queda atrapado entre dos campos gravitatorios opuestos.

Si algo en esta imagen está a escala es pura casualidad.

Las fuerzas opuestas tiran de Ío en direcciones diferentes y lo deforman mientras dura la alineación. Cuando esta termina, gravedad de Júpiter y la propia cohesión de los moateriales que componen el satélite devuelven a Ío a su forma normal. Estos continuos estiramientos y contracciones generan fricción en el interior del satélite, lo que a su vez emite las grandes cantidades de calor, lo que mantendrá a Ío activo mientras su órbita siga siendo la misma.

Y… Y… ¡Nada! ¡Ya está! ¡Esto es todo por hoy!