Híbridos: mulas, camas, ligres y tigones.

Los seres humanos llevamos mucho tiempo mezclando la información genética de las especies que nos rodean desde que aprendimos a domesticar animales.

Basta con ver el caso de los perros: todos ellos provienen de los lobos, aunque hoy en día el aspecto de la mayoría de ellos dista bastante del de este animal. Después de domesticarlos, empezamos a seleccionar aquellos que tenían ciertos atributos valiosos (los más grandes, los de mejor olfato, los más ágiles) y juntarlos para que criaran con el objetivo de potenciar esas cualidades, consiguiendo unos mejores compañeros de caza o guardianes que nos protegieran por la noche…

…Hasta que, en el siglo XIX, la aristocracia, que no necesitaba que nadie les echara una mano para conseguir comida, instauró una nueva moda: juntar los perros con algunas características estéticas concretas (los más pequeños, los más rechonchos, los más peludos) y dejar que criaran para marcarlas cada vez más con el paso de las generaciones. Estos animales ya no tenían ninguna utilidad práctica más que satisfacer la curiosidad de sus dueños.

O a lo mejor sus planes eran más siniestros. (Fuente)

Pero, bueno, los perros no fueron los únicos animales que modificamos para que nos facilitaran un poco más la vida en una época en la que el mundo se nos echaba encima de todas las maneras posibles. Cuando nos asentamos y aprendimos a cultivar cosas y comerciar con otros pueblos, además de compañeros de caza, necesitábamos animales que nos pudieran echar una pezuña con las cosechas o el transporte de mercancías.

Teníamos caballos, muy rápidos y fuertes, pero no excesivamente resistentes y caros de mantener porque necesitaban mucha comida. También contábamos con burros, más débiles y poco espabilados, pero muy resistentes y mansos. Entonces a alguien se le ocurrió mezclar las dos especies (o las vio mezcladas por accidente) para ver si podría reunir las mejores cualidades del uno y el otro. El resultado: una mula (o mulo).

Como podéis ver, no hace falta un laboratorio de procesamiento de ADN para crear un animal nuevo que se ajuste a tus necesidades: basta con tener un macho y una hembra de dos especies parecidas con ganas de procrear.

Las mulas, hijas de un burro y una yegua, son más inteligentes que el padre y mucho más tranquilas que la madre. Aunque sean algo más pequeñas que un caballo, proporcionalmente son más fuertes y, además, tienen la gran resistencia de un burro: una mula puede transportar 72 kg de peso durante 26 kilómetros sin descansar. Ahora que tenemos coches esta cifra nos parecerá casi ridícula pero, si hace 100 años  tenías que transportar esos 72 kilos por un camino pedregoso, tener una mula iba a ahorrarte muchos dolores de espalda.

Además, las mulas tienen la ventaja de no comer tanto como un caballo y ser más independientes que un burro, así que no hay que pasar el día cuidándolas.

Por otro lado, si los que se unen son un caballo y una burra, su cría será un burdégano, que tiene características similares a la mula pero, al parecer, es más difícil de conseguir, en el sentido de que el éxito de la fecundación es más infrecuente.

Hay mezclas de equinos más curiosos, como los “zorses”, nombre combinado del inglés zebra (cebra) y horse (caballo), que acompañan a los viajeros en rutas de senderismo por el monte Kenia. Estos animales tienen la docilidad y la fuerza de un caballo, con la ventaja adicional de que son inmunes a la nagana, la versión animal de la enfermedad del sueño, transmitida por las moscas tse-tse, gracias a los genes de la cebra.

De todas las hibridaciones entre especies, algunas ocurren en la naturaleza de manera natural (entre rinocerontes blancos y negros o entre gaviotas de diferentes especies,  por ejemplo) y otras son instigadas por el ser humanos en contra de todo pronóstico a través de la fecundación artificial.

Este es el caso de los “cama“, mezcla de dromedario, que es un tipo de camello, y llama. El primero de ellos nació en 1998, obtenido con el objetivo de crear una especie que tuviera la fuerza y la resistencia de un camello, pero el abundante pelaje de una llama para sacarle partido comercial.

Como el camello es 6 veces más pesado que esta última, la procreación “tradicional” iba a resultar imposible, así que los investigadores de Dubai responsables lo hicieron de manera artificial y obtuvieron este curioso animal.

Pero, después de leer sobre el tema, el híbrido que más me ha impresionado es un poco más espectacular que una mula o un cama.

En algún momento del siglo XIX, para variar, decidimos que sería buena idea probar la hibridación con dos de los animales más temibles del mundo:  los leones y los tigres.

Cuando juntamos un padre león y una madre tigre, el resultado es un ligre, un animal más grande que sus progenitores. De hecho, es el felino más grande del mundo, con hasta 500 kilos de peso y 4 metros de longitud.

 (Fuente)

La razón de este aumento de tamaño, se cree, es que los genes que limitan el crecimiento en cada especie se encuentran en los tigres macho y las leonas. Como los padres de un ligre son una tigresa y un león y ninguno de los dos cuenta con este gen,  así que no se transmite a su descendencia y ésta es capaz de crecer muchísimo más.

Además, cada uno de sus padres le pasa una característica adicional diferente: a los ligres les gusta nadar, como a los tigres, pero tienen la sociabilidad de los leones.

Adjunto además un vídeo, prueba de que todo esto es verdad.

El tigón, en cambio, nace de un padre tigre y una madre leonaSuelen alcanzar el tamaño de un león normal (unos 250 kilos de peso) por que en su ADN sí que se encuentra esta hormona limitante del crecimiento. Pueden desarrollar melena como los leones, pero su pelo es más claro y las rayas negras son más difusas que las del tigre.

En este enlace podéis comprobar en vídeo que no es photoshop.

Si los ligres son más fuertes que los leones y los tigres, ¿por qué no han derrotado a sus rivales (y padres) y han dominado el mundo?

Los animales híbridos tienen tendencia a desarrollar enfermedades genéticas y, por tanto, vivir menos tiempo. Además son, en principio, estériles. O sea que, aunque un individuo sea descendiente de padres de especies distintas, no será el principio de una especie nueva porque no tiene manera de pasar sus genes a otras generaciones.

¿Y por qué son estériles y no pueden reproducirse, señor Ciencia de Sofá? ¿Eh? ¿Por qué?

Quitándole todo el romanticismo a los seres vivos, una especie es una configuración genética que tiene como objetivo adaptarse cada vez mejor a su entorno.

Si una especie A y una B están muy bien adaptadas al mismo entorno por separado, la mezcla de una con la otra provocaría muchas variaciones en el código genético de sus descendientes. El nuevo batiburrillo de genes podría dar lugar a un animal que reuniera las mejores cualidades de A y de B, pero suele ocurrir lo contrario y, la mayoría de veces, el resultado termina siendo una especie peor adaptada al entorno que sus padres.

Por ese motivo, la naturaleza tiene su propia manera de evitar que estos híbridos formen una nueva especie y erradicar la posibilidad de que ocurra un desastre: si un híbrido intenta reproducirse, el embrión resultante tiene tal lío de genes montado en su ADN que, cuando las células intentan procesarlo, no saben qué instrucciones seguir para desarrollarse y mueren.

Es un poco el “más vale pájaro en mano que ciento volando” de la naturaleza: podría salir bien la jugada pero, ¿Para qué arriesgarse si ya estamos todos contentos?

Aun así, existen unos pocos casos de híbridos que han tenido descendencia. En concreto, algunas mulas.

Según donde ocurra uno de estos extraños nacimientos, la reacción suele ser pensar que un nacimiento tan inusual es señal de que algo malo va a ocurrir o, directamente, que se avecina el fin de los tiempos.

En realidad, no es más que una cuestión de estadística: con la cantidad de mulas que han nacido a lo largo de la historia, algunas de ellas (poquísimas) han sufrido alguna mutación que les ha permitido tener descendencia. Si un híbrido de por sí tiene una tasa de mortalidad alta, podéis imaginar lo corta que es la vida de un híbrido híbrido.

En el caso más reciente tuvo lugar en 2007 en una granja en Colbran, Colorado, EEUU.

Además, en el zoo de Novosibirsk, en Rusia, una ligresa y un león tuvieron descendencia, dando a luz a cuatro “liligres” (lion-lion-tigers). Esperemos, por el bien del vocabulario, que no sigan con esta cadena de hibridaciones.

11 pensamientos en “Híbridos: mulas, camas, ligres y tigones.”

  1. De hecho, con los perros ocurre una cosa terrible. Se han potenciado ciertos atributos fisicos en las razas de perro, atributos que suelen comportar enfermedades pero que como son estéticos, pues ya les va bien. Así, los perros sanos que no nacían que esa malformación tan “estética”, se sacrifican, y así logran que esa raza sea pasto de enfermedades. Y lo peor es que potencian esa “malformación estética” en el perro a través de la endogamía con cruces entre padres-hijos, abuelos-nietos, etc… El resultado es que un chucho es más sano que un perro con pedigree, siendo éste último el que hará que los veterinarios puedan tener un buen tren de vida. Está mejor explicado en este video:

    1. Imposible. Un león y un tigre se pueden cruzar porque son del mismo género (taxonómicamente hablando). Los parientes vivos más cercanos del hombre son chimpancés y bonobos, con los que solo compartimos tribu, por lo que tenemos distinto género.

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