Narvales

No es raro ver colmillos gigantescos en el reino animal: elefantes, morsas, jabalíes y ciervos los lucen con orgullo. Sí, sí, puñeteros ciervos orgullosos con colmillos.

Se llaman ciervos almizcleros, y viven en el norte de Asia. Fuente: thegreathimalayatrail.com

Desgraciadamente, algunos de los animales de esta lista son cazados por el marfil que llevan en sus bocas: una sustancia parecida al hueso que no sólo poseen los elefantes, sino que se encuentra en las mandíbulas de cualquier animal con dientes, sólo que en una cantidad muchísimo menor. “Marfil” no es más que una manera bonita de decir “dentina”, un material duro que forma una capa entre el esmalte dental y el nervio.

Otro ejemplo notable en el mundo de los cuernos son los rinocerontes. Los suyos están compuestos de keratina, la misma sustancia de la que está hecho el pelo. En cierta manera, podría decirse que un cuerno de rinoceronte es la melena más densa del reino animal.

Pero, como siempre, hay un caso aún más extremo y desconcertante.

Hacia el año 1.000 d.C. el cuerno de narval empezó a deambular por el mundo como una estafa. Mercaderes que viajaban por el norte los compraban y revendían en el sur como “cuernos de unicornio”, obteniendo grandes sumas de dinero por ellos no sólo por su presunto origen sobrenatural, sino también por sus supuestos poderes curativos milagrosos. Con la broma el timo duró casi 700 años.

Lo que los mercaderes no sabían, es que la protuberancia que les sale a los narvales de la cabeza no es un cuerno, sino un colmillo que ha perdido mucho el rumbo. Lo que es más raro aún: los narvales tienen dos colmillos, pero normalmente sólo uno de ellos crece, pudiendo alcanzar longitudes de hasta 2.5 m (bastante largo, teniendo en cuenta que un macho puede llegar a medir  4.5 m). Claro que, de tanto en tanto, a alguno le crecen los dos colmillos.

Para rematar el misterio, resulta que todos los machos los desarrollan, pero sólo un 15% de las hembras lo hacen. La verdad, me quedaría más tranquilo si un género tuviera y el otro no, seguramente sería muy fácil de explicar. ¿Pero qué es ese puñetero 15%? Los biólogos marinos tampoco están muy seguros.

Además, debido a la falta de observación del día a día de los narvales, la pregunta “¿Para qué sirven esos colmillos desproporcionados?” ha pasado mucho tiempos sin una respuesta convincente.

Se ha sugerido que los narvales usan los colmillos para romper el hielo y así poder salir a la superficie a respirar, que los machos los blanden como espadas para pelear entre ellos e incluso que los usan para cazar peces a modo de arpón, aunque no hay evidencias de ello.

 El que sugirió lo del arpón aprobó la carrera copiando.

Otra incógnita más rodea el colmillo de narval, y no es su extraña superficie en espiral (que también).

Esto es la estructura interna de un molar humano. Los dientes del resto de las especies de animales, aunque obviamente no todos tienen esta forma, tienen esta estructura.

Cuando los biólogos empezaron a usar microscopios electrónicos para estudiar los colmillos de los narvales, descubrieron que ni siquiera este simple esquema se cumplía con ellos porque sus nervios asoman por diez millones de diminutos agujeros en la superficie del colmillo, y es el núcleo el que contiene la dentina y el esmalte que le dan la rigidez. O sea que tienen una estructura opuesta a los dientes de cualquier otro ser vivo conocido.

Por esta razón, se especula el colmillo del narval, más que una herramienta o un arma, es un sensor capaz de detectar cambios de temperatura, presión y salinidad en el agua, así como la presión del aire cuando el animal emerge a la superficie.

Para comprobar esto, un equipo liderado por un tal Dr. Martin T. Nweeia capturó en Canadá un narval y le colocó unos electrodos en la cabeza para detectar su actividad cerebral. Al someter el colmillo del animal a baños de agua de diferente salinidad, su cerebro emitía señales distintas, lo que parece confirmar la teoría y, al fin, arrojar algo de luz sobre todo el misterio.

A todo esto, la palabra “narval” viene del nórdico (pronunciada en realidad nár-way-l) y significa “cadáver de ballena”, por su piel moteada y tono similar al de los marineros ahogados.

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