Por qué Plutón no es un planeta y la llegada de la sonda New Horizons

Mercurio, Venus, la Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y Plutón. Esa era la visión del sistema solar que aprendimos de pequeños (a menos que leáis esto con más de 84 años), cada planeta con su composición, sus satélites propios y sus curiosidades, todos dando vueltas alegremente alrededor de la misma estrella. Un escenario precioso.

(Fuente)

Pero, de pronto, en 2006, la mano negra de la Unión Astronómica Internacional arrancó a Plutón de la lista de planetas y todos nos quedamos con un palmo de narices. ¿Qué les había hecho Plutón a los astrónomos para merecer esto? ¿Por qué esta crueldad tan repentina? Voy a hacer un par de entradas (o tres, ya sabéis que en Ciencia de Sofá los planes de futuro no son muy precisos y las cosas a veces se alargan) sobre los confines del sistema solar y hoy voy a empezar por Plutón.

Así que remontémonos casi un siglo en el pasado.

Si quieres observar un cuerpo celeste muy pequeño y muy lejano, necesitas un telescopio muy potente. En el caso de Plutón, una esfera de algo más de 2.300 km de diámetro situada a 4.437 millones de kilómetros en el punto más cercano de su órbita y 7.311 millones en el punto más alejado, no existió un telescopio suficientemente potente para encontrarlo hasta 1930.

Una vez apareció el telescopio adecuado, tampoco es que los astrónomos lo dirigieran hacia un punto del espacio y dijeran “¡Oh, qué maravilla, claramente estamos observando un planeta! ¡Fijaos en esos todos los cráteres! Y esos colores… ¡Es fantástico! ¡Propongo llamarle Plutón!“.

En 1930, lo único que veían al apuntar hacia Plutón con el telescopio más potente del que disponían era esto:

No se puede sacar mucha información de un un montón de puntos blancos sobre un fondo negro.

Para sacar algo en claro de aquel montón de manchas blancas, alguien tenía que realizar la tediosa tarea de comparar decenas de imágenes de la misma área del cielo sacadas con varios días de diferencia, buscando cambios en la posición de los objetos. Durante esos días, las estrellas, extremadamente lejanas, no parecería cambiar de sitio, pero cualquier objeto que se mueva más cerca de nosotros (dentro del sistema solar) sí que cambiarían de posición en la imagen (esta es la misma técnica que se usa para detectar asteroides y hablaba de ella en esta otra entrada). En la foto de antes, por ejemplo, junto con otra tomada cinco días antes, se puede ver el cómo un pequeño objeto, Plutón, se ha desplazado respecto a las estrellas del fondo:

Plutón aparece señalado con una flecha blanca. Tal vez os haga falta la imagen en mayor resolución que está en este enlace para verlo mejor. También podéis verlo en esta animación.

Ya estaba el nuevo planeta detectado, aunque seguía siendo un punto blanco minúsculo. Se dedujo que Plutón era algo más grande que Mercurio, el planeta más pequeño conocido en aquel momento (de unos 5.000 km de diámetro) y… Poco más.

De hecho, los telescopios aún necesitaban evolucionar mucho más para ser capaces de observar con un poco más de detalle algo tan pequeño y lejano. Los astrónomos tuvieron que esperar hasta 1978 para descubrir que Plutón tenía una luna, a la que apodaron Caronte (Plutón es el dios romano del inframundo y Caronte el barquero que ayudaba a las almas a cruzar el río que separaba el mundo de los muertos del de los vivos). Las imágenes que posibilitaron el descubrimiento del satélite tenían este aspecto:

Dos imágenes de Plutón tomadas durante noches distintas. (Fuente)

En la imagen de la izquierda apreciar un “bulto” en Plutón que no aparece en la imagen derecha. Tras analizar una gran cantidad de imágenes que presentaban esta anomalía y confirmar que no se trataba de un error en las placas fotográficas, se llegó a la conclusión de que Plutón tenía un satélite desproporcionadamente grande para su tamaño que orbitaba a su alrededor cada 6 días a una distancia de unos 19.500 kilómetros. Cuando pasaba por delante o por detrás del planeta, dado que el telescopio sólo permitía ver una mancha de color uniforme, el satélite no se podía observar en las fotos.

Este dato ayudó a calcular la masa de Plutón y a estimar de nuevo su diámetro. Los dos datos resultaron ser mucho menores de lo que se había esperado en un principio: con un diámetro de poco más de 2.000 kilómetros, era el planeta más pequeño y menos masivo del sistema solar.

Hasta el lanzamiento del telescopio espacial Hubble no se contó con la potencia suficiente para observar los dos cuerpos por separado.

Esta imagen, que tampoco es una maravilla, es de 1990. (Fuente)

Con la mejora de la ópticas de los telescopios, se pudieron tomar fotos del sistema Plutón-Caronte más definidas que condujeron al descubrimiento de dos satélites más en 2005 y otros dos en 2011 y 2012 (aunque muchísimo más pequeños que Caronte, cuyo diámetro es la mitad que el de Plutón).

A día de hoy, se especula que alrededor de Plutón podrían dar vueltas hasta 10 objetos pequeños y al menos un sistema de anillos (como el de Saturno, pero muchísimo más cutre).

(Fuente)

O sea, ¿Que hoy en día aún no tenemos ninguna foto decente de su superficie? 

Analizando los cambios en la intensidad de la luz reflejada por el planeta a medida que este rota, estas son las imágenes más nítidas de su superficie que se habían obtenido hasta hace poco desde el telescopio espacial Hubble:

Pero aquí viene lo emocionante.

La superficie de Plutón ya no es una incógnita. Ayer la sonda New Horizons llegó al planeta enano después de 9 años de viaje y ha empezado a mandar de vuelta las primeras imágenes. Gracias a estas fotos se ha podido ver que Plutón es uno de los cuerpos que presenta más contrastes en su superficie del todo el sistema solar y su coloración es ligeramente rojiza o anaranjada, más parecida a la del satélite Ío que a la de Marte.

Personalmente, a mí me sigue dejando loquísimo que hayamos mandado una sonda a Plutón y estemos recibiendo fotos del planeta enano (que, por cierto, la señal tarda 5 horas en llegar hasta la Tierra). En los libros de astronomía que tengo desperdigados por casa desde pequeño tan sólo aparecían ilustraciones a mano, interpretaciones artísticas sobre cómo debería ser Plutón basándose algunos datos sobre su composición química.

Tener por fin imágenes de este remoto cuerpo celeste no deja de resultarme extraño y emocionante. Entre esto y la sonda Dawn, que está dando vueltas alrededor de Ceres (otro planeta enano del que hablaba en esta otra entrada), se puede decir que vivimos un año muy emocionante para la astronomía.

Sentimentalismos a parte, os dejo con las imágenes de Plutón.

Una de las últimas imágenes de Plutón, que ha resultado tener una superficie de un color rojizo, aunque en esta imagen se ha exagerado el tono. (Fuente)

La luna de principal de Plutón, Caronte. (Fuente)

Parte de la topografía de Plutón. (Fuente)

Pero, bueno, dejemos la historia (y las fotos) de Plutón a un lado y expliquemos por qué dejó de ser un planeta para convertirse en un planeta enano.

A medida que la instrumentación astronómica mejoraba, se descubrieron un montón de objetos más allá de la órbita de Neptuno, todos con características (como su tamaño, composición y órbita) similares a las de Plutón, aunque éste era el más grande de todos.

Desde los años 90 se catalogado unos 1.200 objetos de este tipo y se conoce con precisión la órbita de 200 de ellos. Ante este aluvión de nuevos cuerpos similares a Plutón, algunos astrónomos dejaron de referirse a éste como un planeta, porque parecía que formaba parte de una nueva clase de objetos muy numerosos.

Para terminar de rematar la situación, en 2005 se descubrió Eris, un cuerpo rocoso con una masa 27% mayor que Plutón. Eso fue la gota que colmó el vaso.

La comunidad astronómica se había emocionado mucho con el descubrimiento de Eris. Incluso la NASA lo había apodado el décimo planeta del sistema solar (posición que sostuvo durante un año) pero, ante la perspectiva de que podríamos descubrir objetos similares o aún mayores, la Unión Astronómica Internacional decidió frenar toda esa emoción y plantearse, por primera vez, qué debía cumplir un objeto para ser considerado un planeta dentro de nuestro sistema solar.

Esta definición era necesaria porque lo que se estaba encontrando en los confines del sistema solar eran cosas muy diferentes al resto de cuerpos celestes que conocíamos hasta el momento.

Se definió que, para que algo se considerara un planeta dentro de nuestro sistema solar, debía cumplir tres requisitos:

– Seguir una órbita alrededor del sol.

– Haber alcanzado el equilibrio hidrostático (tener forma esférica, vaya).

– Haber “limpiado su vecindario” o, lo que es lo mismo, haber apartado del camino (o haberse tragado) todos los asteroides o cuerpos de tamaño similar a lo largo de su órbita.

Plutón cumple los dos primeros principios (da vueltas alrededor del sol y tiene forma esférica) pero su órbita está llena de pedazos de roca y hielo que son testigos de que no es el cuerpo dominante en esa zona del espacio. Por este motivo, Plutón fue clasificado como planeta enano, categoría en la que se incluyeron muchos de los objetos de tamaño similar que se habían encontrado.

Aunque su órbita es un poco “curiosa”.

De todas maneras, muchos astrónomos creen que estas tres condiciones son demasiado imprecisas porque, en ciertas circunstancias, estrellas enanas marrones que orbitan alrededor de una estrella más grande podían considerarse planetas o, por otra parte, un planeta que fuera sacado de su órbita y quedara flotando por el espacio dejaría de ser considerado como tal.

De todas maneras, si nos olvidamos las tres condiciones de la lista de la Unión Astronómica Internacional, Plutón presenta otras características poco comunes que dificultan imaginarlo como un planeta:

Es muy pequeño (más pequeño que muchos satélites de otros planetas del sistema solar, incluida la Luna) y, en proporción, su satélite es tan grande y está tan cerca que su centro de masas cae fuera de Plutón, por lo que los dos cuerpos dan vueltas alrededor de un mismo punto del espacio (su centro de masas común**).

La Tierra, la Luna, Plutón con su satélite y otro planeta enano llamado Xena que se cree es un poco más grande que Plutón.

El movimiento del sistema Plutón-Caronte. (Fuente)

Es un cuerpo completamente congelado, compuesto por roca y hielo. No contiene un núcleo metálico como el resto de los planetas y, de hecho, su composición es más similar a la de un cometa.

Estructura interna de Plutón: (1) Nitrógeno congelado, (2) agua congelada, (3) roca. (Fuente)

Y aquí llega uno de los finales bruscos también típicos de Ciencia de Sofá. El próximo día (que espero que sea el domingo), seguiré hablando de todos estos objetos parecidos a Plutón que flotan en los confines del sistema solar y cómo se clasifican.

Actualización: se me había olvidado mencionar una cosa.

Como la órbita de Plutón es muy excéntrica (la elipse que forma está bastante “estirada” en una dirección), hay puntos de su órbita en los que está más cerca del sol que Neptuno. Cuando Plutón era considerado un planeta, esto era un dato curioso porque significaba que el título de “último planeta” del sistema solar iba alternándose entre Neptuno y Plutón (aunque la órbita de Plutón dura 248 años y, desde su descubrimiento, ésto sólo ha ocurrido entre 1979 y 1999).

Como hemos descubierto que Plutón es un pedazo de roca y hielo más, me había parecido que este dato ya no tenía sentido.

 

**Sí, vale, el baricentro de la Tierra y la Luna no está en el centro exacto del planeta Tierra, pero sigue estando bajo nuestros pies y no lo notamos.

 

Y ahora os dejo con el viejo mensaje publicitario de siempre.

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19 pensamientos en “Por qué Plutón no es un planeta y la llegada de la sonda New Horizons”

  1. Todo correcto y bien. Por buscar un pero, yo hubiera puesto que el descubridor de Plutón es Clyde Tombaugh (1906-1997). Sólo es un detalle secundario, pero interesante.

  2. Un dato: ese “Xena” es el planeta enano Eris, el que se descubrió en 2005. Inicialmente sus descubridores lo bautizaron como Xena, pero la Unión Astronómica internacional lo llamó Eris.

  3. Me olvidaba: Este es el único lugar donde encontré el dato sobre Pluton sin núcleo metálico. Felicitaciones a Jordi y su sofá.
    Simple y claro sin ser superficial. Conciso. -Esto no es fácil.

  4. Si Plutón se parece más a un cometa que a un planeta, entonces debería ser llamado cometa gigante Plutón o megacometa Plutón. Además su periodo de traslación es similar al periodo de los cometas de la nube de Oort.

  5. La “mano negra de la UAI” (en realidad parte de la directiva) pretendía dejar a Plutón como planeta, pero les salió mal la jugada, los astrónomos que tenían derecho a voto lo invalidaron.

  6. Hoy descubri accidentalmente la ciencia del Sofa,
    Felicidades, la forma de redaccion entendible y entretenida, les aseguro que esta no es mi ultima visita.

  7. El tercer postulado de la definición de una planeta tiene una cierta cosa confusa, ¿qué pasa si ponemos a la Tierra en el lugar de Plutón? Nuestro planeta no lograría tener una orbita libre de objetos (creo que esto no es adecuado, más bien un mejor ejemplo sería Mercurio, pero ya me entiendes). Por lo tanto debería haber una mejor definición

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