El curioso aislamiento evolutivo de la cima del Monte Roraima

Sobre una planicie a 2.810 metros de altura, en la frontera entre Brasil, Venezuela y Guyana, se encuentra el monte Roraima: una meseta de 31 kilómetros cuadrados de superficie, rodeada de acantilados verticales de 400 metros de caída… Y sobre la que ya había hablado hace más de dos años en este blog, pero considero que me traté el tema tanto por encima que merecía la pena rescatar esa entrada y reescribirla por completo.

El único punto de acceso a la cima que no requiere súper poderes está en la frontera Venezolana, una especie de pendiente llena de vegetación que recorre una parte de los acantilados hasta su cima y que permitió al explorador Sir Everard Im Thurn llegar a la cima por primera vez en 1884. Eso sí: el lugar había sido descubierto mucho antes, en 1596, por Sir Walter Raleigh, pero vio de lejos las paredes verticales y decidió que tampoco tenía sentía una urgencia extrema por explorar la cima.


Aunque, por supuesto, los nativos ya sabían de la existencia del monte Roraima mucho antes. Los indios Pemon creían que la meseta era el tronco cortado de un árbol inmenso que en su día había contenido todas las frutas del mundo, pero que había caído y desencadenado terribles inundaciones al chocar contra el suelo. El nombre, proveniente del idioma Yanomami, significa simplemente “montaña verde”.

Fuente: aquí.

En realidad el monte Roraima no es el tocón dejado por un árbol gigante, pero eso no significa que su historia no sea igual de interesante. Con 2.000 millones de años, esta formación rocosa es una de las más antiguas del planeta. De hecho, es tan antigua que sus rocas ni siquiera contienen fósiles, porque datan de la época en la que nuestro planeta sólo estaba habitado por organismos pluricelulares microscópicos.

Pero el monte Roraima no es único en su especie. Este tipo de meseta plana y escarpada se llama tepuy y hay 115 formaciones parecidas en el área de 10.820 kilómetros cuadrados que la rodea llamada La Gran Sabana. Esto se debe a que, en realidad, las cimas planas de estas mesetas delimitaban el suelo de una extensa llanura en el pasado. Con el paso de millones de años, la erosión del agua fue llevándose las partes más blandas de esa planicie de piedra arenisca por delante, dejando sólo los lugares más sólidos que, hoy en día, son estas mesetas esparcidas por la Gran Sabana venezolana.

Un pedazo de piedra arenisca.

Dato curioso: la piedra arenisca está formada por diminutos trozos de cuarzo compactados y pegados entre sí debido a la presión, pero no es raro encontrar cristales mucho más grandes en la cima del Monte Roraima.

Crédito: Jorge Van der Straten.

¡Vamos, Ciencia de Sofá! ¡Hagamos las maletas y llenémoslas de cuarzo de Roraima! ¡Seremos billonarios!

No te emociones, voz cursiva, los guías registran las mochilas de los turistas cuando termina el viaje para evitar que el llamado “valle de los Cristales” se convierta en el “valle de las Pelaudras”. El cuarzo no es muy valioso de todas maneras.

Pero, bueno, a lo que iba.

Muchas especies de animales y plantas que habitan la inaccesible cima del monte Roraima han permanecido tan aisladas del resto del mundo que, algunos de ellos han evolucionado por su cuenta. Tanto es así que el 35% de las especies que habitan el monte Roraima no pueden encontrarse en ningún otro lugar del planeta y algunas de esas especies llevan viviendo millones de años en el tepuy sin apenas haber cambiado. Especialmente importantes en este sentido son algunas especies endémicas de helechos, cigarras, ranas, artrópodos y plantas carnívoras.

Un caso muy interesante es el de los helechos. No, no, es broma. Lo que es realmente interesante es la variedad de plantas carnívoras que hay en estas mesetas.

Agrupación (se aceptan otras propuestas para “rebaño de plantas carnívoras”) de Helianphora nutans. Fuente. cpuk.com.uk

¿Y por qué hay precisamente plantas carnívoras en un lugar así?

Una de las características de las cimas de los tepuy es que, debido a su altura, el clima sobre ellas es frío y húmedo. Las lluvias constantes barren toda, o casi toda, la tierra fértil de la cima de la meseta, dejando al descubierto el lecho rocoso. Sin tierra que proporcione agarre y nutrientes, tan sólo algunos arbustos y algas son capaces de proliferar en algún rincón especialmente propicio entre las rocas. Durante la historia del monte Roraima, el resto de plantas que necesitaba una cantidad mayor de nutrientes para sobrevivir tuvieron que ingeniárselas para sacar el alimento de otro sitio.

Y ahí es donde han triunfado las plantas carnívoras, de las que hablaba con más detalle en esta otra entrada. Como sus raíces tienen nada que absorber del suelo, la evolución las ha tuneado para que sean capaces de sacar los nutrientes del aire, concretamente de la gran cantidad de insectos que pueblan la montaña.

Esto también es una planta carnívora. Fuente: cpuk.com.uk. 

El otro caso curioso de adaptación a la vida en la cima del Monte Roraima que me ha llamado la atención es el de las ranas.

Oreophrynella quelchii o rana negra de Roraima. Crédito: Marlene Monteiro.

Al contrario que la gran mayoría de ranas (todas las que conocemos los ciudadanos de a pie, al menos), las especies endémicas del monte Roraima no pueden saltar ni nadar. Basta con ver sus patas traseras esmirriadas en el siguiente vídeo para ver por qué no puede desplazarse como lo hacen el resto de sus congéneres.

Como las ranas de Roraima no pueden saltar y no les queda más remedio que caminar por encima de las piedras, la evolución ha dotado sus dedos de unas ventosas muy pegajosas para que tenga buen agarre mientras se mueve entre las rocas eternamente resbaladizas y desnudas de la meseta. Además, tienen un curioso mecanismo de defensa: cuando se sienten amenazadas, se acurrucan en una bola y escapan rodando. ¿Quién quiere saltar pudiendo hacerse una bola? La verdad es que el mundo sería un lugar mejor (o, al menos, más gracioso) si más animales adoptaran esta técnica.

Pero el pasado de este animal nos revela un detalle mucho más interesante que su presente.

Resulta que, genéticamente, las ranas negras de Roraima están más emparentadas con las ranas africanas que con cualquier otra rana del continente americano. ¿Pero cómo puede ser que una especie de rana que ni siquiera se puede encontrar en las planicies que hay bajo la meseta en la que viva tenga familiares al otro lado del Atlántico? Pues porque, como comentaba en esta otra entrada sobre la teoría de la Tierra en expansión, hace millones de años los continentes estaban desperdigados por la superficie terrestre en una configuración diferente a la actual, y que Sudamérica y África estuvieron en su día unidos en una misma masa de tierra.

Por este motivo muchas veces se encuentran fósiles de especies idénticas en rocas que se encuentran separadas por miles de kilómetros de océano.

Distribución de algunas especies a lo largo de los continentes y su posición en el pasado. (Fuente)

Por eso el caso de estas ranas es tan particular: se trata de animales que gradualmente quedaron atrapados en la cima de una meseta cada vez más aislada mientras los continentes se alejaban entre sí durante millones de años y que, aún hoy en día, se cree que conservan su aspecto original prácticamente intacto debido a su falta de evolución. Es por eso que estos animales tienen un gran valor científico, ya que estudiando estos fósiles vivientes podemos aprender más sobre los procesos evolutivos y entender mejor el pasado de nuestro planeta.

Y nada, hasta aquí llega la entrada. ¿Te ha parecido interesante, voz cursiva?

No veas, el corazón me late a mil por hora de la interesancia que he experimentado.

Me alegra mucho, de verdad. Pero tengo aún otra cosa muy interesante de la que hablar.

No, por favor, no me vuelvas a usar para dar pie tu publicidad de tu lib…

En septiembre de 2015 publiqué un libro en el que hablo sobre la historia de la astronomía con la editorial Paidós y ahora está disponible en librerías tanto en España como en México y a través de internet por todo el mundo.

Así que, si os apetece saber cómo hemos llegado a conocer todo lo que sabemos hoy en día sobre el universo, podéis hacer click sobre la siguiente imagen del libro, “El universo en una taza de café“, para ir a la entrada donde hablo del libro con más detalle:

11 pensamientos en “El curioso aislamiento evolutivo de la cima del Monte Roraima”

  1. Buscando en google imágenes, parece que es el sitio en el que se inspiraron en la película “UP” de Disney como el lugar a donde quería llegar el abuelo. =).

    Cómo me gusta este blog!!!!

  2. ¿No es posible que el ser humano, puede que sin querer, lleve a ese lugar algún tipo de Bacteria o virus o yo que se, de la que no puedan sobrevivir las especies por estar tanto tiempo aisladas? Lo mismo al revés, una bacteria o virus que no ha mutado y pueda contaminar el resto del mundo?

  3. Hes maravilloso este mundo de los Tepuys.
    Me ha encantado leer este artículo y recordar dos extraordinarias excursiones que tuve la oportunidad de realizar al Roraima. Caminamos desde el poblado de Paraitepuy y en cada oportunidad empleamos 9 días entre ir, volver y explorar un poco la cima.
    Lo hicimos en la década de los ochenta, cuando residia en Venezuela

  4. Interesante la novela de ciencia ficción Henders de Warren Fahy (Fragment en su versión original) que trata sobre la evolución de las especies en una isla que podríamos asimilar al Mte.Roraima, aunque en la Isla de Henders la evolución toma una dirección un poco más siniestra…

Deja un comentario