¿Cómo sabemos si un lugar fue azotado por un megatsunami en el pasado?

El otro día uno de los canales que sigo en Youtube subió un vídeo sobre los megatsunamis más grandes que han tenido lugar a lo largo de la historia. Las causas de estos violentos fenómenos pueden ser de lo más variopintas, como por ejemplo terremotos submarinos, desprendimientos de tierra o el impacto de algún asteroide.

Los autores del canal, RealLifeLore, decidieron centrar el argumento alrededor del tamaño de estas olas gigantescas, que podrían haber alcanzado hasta 5 kilómetros de altura en los casos más extremos. Pero, aunque os recomiendo que veáis el vídeo porque es muy interesante, creo que podría haber dejado en el aire una pregunta importante: ¿cómo podemos saber que un tsunami de una altura determinada arrasó un lugar concreto en el pasado?

Para responder a esta pregunta, tendremos que ver primero cómo se ha formado el suelo sobre el que caminamos.

Más de una vez habréis notado capas de roca de distintos grosores e incluso colores apiladas unas encima de otras en las paredes de los acantilados o de las zanjas que se excavan para abrir paso a las carreteras, como estas:

Aunque no fueran necesariamente tan estéticas como en este caso. (Fuente)

Estas capas de roca son el resultado de los procesos de sedimentación que han tenido lugar en el pasado: a medida que la corriente de un río, las olas o el viento transportaban el material erosionado hasta un lugar concreto, el peso de los sedimentos acumulados iba compactando cada vez más las capas inferiores que, con el tiempo, terminarían convertidas en la roca que vemos hoy en día.

¿Me quieres decir que el material que compone esas capas de roca estuvo “al descubierto” hace tiempo?

Exacto, voz cursiva, cada lámina que forma las capas sedimentarias fue el límite de la superficie terrestre o el fondo marino en algún momento en el pasado.

Uala. Y, otra cosa, ¿por qué muchas veces las capas tienen colores diferentes?

Porque el tipo de sedimento que llega hasta un lugar determinado puede cambiar con el tiempo. Imaginemos por ejemplo que un río está arrancando una tierra rojiza durante su curso, formando una capa de material de ese color en su desembocadura. Con el tiempo, la tierra rojiza se puede agotar o el curso del río puede variar, de modo que la corriente empieza a erosionar otros tipos de roca que tienen una composición diferente y transportarlos hasta la desembocadura, depositándolos sobre la capa roja y formando una nueva capa de otro color. A lo largo de miles o millones de años, este tipo de procesos han estado apilando muchos tipos de materiales diferentes hasta formar las secuencias de sedimentos diferentes que vemos hoy en día.

Sabiendo esto, es fácil ver por qué las capas de sedimentos están apiladas en orden cronológico: el material más reciente se amontona sobre del más antiguo, de manera que las capas inferiores de cualquier siempre se habrán formado antes que las superiores. Esto no es sólo una hipótesis, claro, sino que se ha confirmado experimentalmente con los métodos de datación como el que explicaba en esta otra entrada.

¿Y no hay ningún proceso que pueda hacer que las capas más jóvenes acaben debajo de las viejas?

Puede llegar a ocurrir que se encuentren casos muy específicos en los que las rocas parecen depositadas en orden inverso, pero esto sólo ocurre si el orden de las capas de sedimentos han sido alteradas después de su formación.

Hay muchas formas en las que las rocas se pueden ver alteradas. Por ejemplo, las fuerzas tectónicas pueden comprimir el material sedimentario de forma lateral, plegándolo y formando estructuras como la que se puede ver en esta imagen:

(Fuente)

Los mismos esfuerzos también pueden orientar las capas sedimentarias en direcciones diferentes, de modo que hay lugares en los que se pueden ver muy inclinadas aunque se formaran en posición horizontal:

(Fuente)

O incluso puede darse el caso en el que las capas de sedimentos terminen en una posición completamente vertical, como vimos en esta otra entrada. No es de extrañar, entonces, que en algunos casos puedan seguir inclinándose después de quedar verticales y terminen dando la vuelta entera… Y que en esos trozos que quedan “boca arriba” las capas aparezcan en orden cronológico inverso.

Pero, bueno, ahora que sabemos que las capas sedimentarias se apilan unas sobre otras en orden cronológico y que hay fenómenos que pueden desordenarlas tras su formación, por fin podemos hablar de los megatsunamis.

Resulta que en la isla de Santiago, en Cabo Verde, hay una meseta de 200 metros de altura que está repleta de unos peñascos enormes. Esta afirmación no sería especialmente interesante si no fuera porque se notó que en el lugar no hay señal de que ninguno de los procesos geológicos típicos de estos casos las haya movido hasta allí, como por ejemplo el lento movimiento de un glaciar.

Pedruscos como estos. (Crédit: Ricardo Ramalho/University of Bristol)

De hecho, cuando se analizó su composición química y se comparó con la del material de otros lugares de la isla, se pudo comprobar que las únicas rocas que de este tipo que hay en la isla se encuentran alrededor de la base de la meseta y en el fondo marino. O sea, que el material del que están hechas estas piedras es más viejo que el de la cima de la meseta en la que descansan.

Como no hay ningún proceso en el que la roca más vieja se forma sobre la más joven, este resultado sólo podía significar una cosa: esas rocas no se habían formado en el altiplano ni habían llegado hasta allí desde un punto más alto, sino que algo las había traído desde la base de la meseta… 200 metros más abajo.

Probablemente fueron los extraterrestres que construyeron las pirámides.

Si utilizáramos la hipótesis de los extraterrestres cada vez que nos encontramos algo con lo que no conocemos, la ciencia no avanzaría, voz cursiva.

No hay ninguna señal de que esas piedras llegaran hasta allí impulsadas por la tecnología de alguna civilización alienígena aburrida, pero sí de que, en algún momento hace entre 65.000 y 124.000 años, la cara este del volcán de otra isla cercana, el llamado Pico do Fogo, a 55 kilómetros de la isla de Santiago, se desprendió y la avalancha de roca se precipitó al mar. Y, cuando una cantidad considerable de roca cae al agua, produce unas olas respetables:

Por otro lado, los investigadores pudieron estimar la época en la que las piedras habían sido depositadas sobre la meseta analizando la concentración de helio-3 de la roca, un isótopo generado por los rayos cósmicos (de los que hablaba aquí y aquí). Como la frecuencia con la que los rayos cósmicos inciden sobre nuestro planeta es constante, los científicos pudieron calcular cuánto tiempo llevaban las piedras expuestas al aire libre, concluyendo que fueron colocadas en su posición actual hace unos 73.000 años.

Y, curiosamente, esta fecha ronda en la época en la que parte del Pico do Fogo se desplomó sobre el mar. Por este motivo, se cree que la caída al mar de la cara este del volcán produjo olas de 170 metros de altura que chocaron contra la isla de Santiago, arrastrando las enormes piedras hechas de material más viejo desde la base de la isla hasta la cima de la meseta, donde las rocas son más jóvenes. Y, de paso, se ha estimado que las olas inundaron zonas de la isla que se encontraban a hasta 500 metros de altura.

Aaaah, vale. ¿Y qué hay de los otros megatsunamis del vídeo, como la supuesta ola de 5 kilómetros de altura que provocó el meteorito que extinguió a los dinosaurios hace 66 millones de años?

Pues resulta que los tsunamis dejan otras señales evidentes de su paso cuando azotan tierra firme. Básicamente, como se trata de fenómenos muy energéticos, el material que depositan sobre el suelo tiene unos rasgos muy característicos.

Por ejemplo, en Texas (EEUU) se puede encontrar una capa de arena 1.000 kilómetros tierra adentro que está rodeada de rocas hechas de arcilla, señal de que la arena irrumpió bruscamente en una zona en la que otros procesos más tranquilos depositaban sedimentos más finos en el lugar. Y, como la edad la arena ronda la del límite del Cretácico-Terciario (otra capa sedimentaria de la que hablaba en esta otra entrada), se sospecha que el impacto que extinguió a los dinosaurios también generó olas gigantes que arrasaron la costa del actual golfo de México.

Vale, me alegra saber que los científicos no se están sacando historietas de la manga cuando hablan de olas gigantes que nadie ha visto nunca porque ocurrieron en el pasado.

No, claro que no. De hecho, también se conocen casos modernos como el megatsunami de la bahía de Latuya, en Alaska, en 1958. En este caso, un terremoto detonó un desprendimiento de tierra y las rocas que cayeron al agua desde una altura de hasta 900 metros crearon una ola tan grande que destruyó la vegetación de la bahía hasta alturas de 524 metros. En este texto enlazo un artículo muy completo sobre el acontecimiento, con imágenes de las consecuencias.

En cualquier caso, aunque los megatsunamis parezcan desastres sacados de las novelas de ciencia-ficción, sabemos qué marcas dejan en su entorno y cómo reconocerlas en el registro sedimentario incluso cuando han pasado millones de años… Así que he querido hacer esta entrada porque creo que a veces también es interesante saber por qué sabemos las cosas y no quedarnos sólo con los datos que nos impactan.

Y, hablando de explicar el por qué de las cosas…

El libro sobre historia de astronomía de Ciencia de Sofá, “El universo en una taza de café“, está disponible en librerías tanto en España como en México y a través de internet por todo el mundo así que, si os apetece saber cómo hemos llegado a conocer todo lo que sabemos hoy en día sobre el universo, podéis hacer click en la siguiente imagen del libro para ir a la entrada donde hablo sobre él con más detalle (o sobre este texto verde para ir directamente a la página de Amazon):

5 pensamientos en “¿Cómo sabemos si un lugar fue azotado por un megatsunami en el pasado?”

  1. Hola, sabes, tengo una duda que me carcome la cabeza hace mucho tiempo, y creo que tu podrías responderla:

    Si la vida es capaz de adaptarse a las condiciones en que esta se encuentra, ¿entonces podría haber vida en cualquier planeta sin importar sus condiciones ambientales? (infernales por ejemplo)

    PD: Cuando digo “vida”, no me refiero solamente a una civilización avanzada tecnológicamente con cultura y todo, sino también a algo tan simple como un microorganismo.

    Gracias.

    1. Bueno! excelente informe.
      En estos temas en donde se trata, el azote del agua en el pasado y sus consecuencias sobre el suelo, no puedo dejar de pensar en el relato bíblico del diluvio universal.
      Una tierra inundada a tal punto de haber sido cubiertas las montañas más altas del planeta por cinco metros sobre ellas, no es un dato menor a tener en cuenta, si se considera las pruebas fehacientes del hallazgo de moluscos marinos encontrados en la altura de ciertas regiones montañosas. La conformación violenta de las montañas, las altas cordilleras, como si de tierra barrida y amontonada por presión, hace suponer, un cataclismo sin precedente en la historia. Regiones en Siberia, con cuerpos de mamuts congelados, enteros, y con vegetación aún en su boca, recientemente desenterrados, hablan de una catástrofe repentina y total.
      Me gustó, lo de dejar sin efecto la hipótesis de los extraterrestres, ya que es cierto que de ” si por cada cosa que no se encuentra explicación razonable se hablaría de extraterrestres, la ciencia no avanzaría más”.
      Para mí, es bien cierto tanto el diluvio universal del que habla el libro de génesis, que dejó grandes cambios en la superficie terrestre, como también por supuesto, los posibles Tsunamis tanto del pasado como del presente, que fueron y van tallando el suelo del planeta.
      Si se me permite ya que mencioné el relato bíblico del diluvio, la biblia si bien no es un libro científico, a la hora de arrojar luz sobre hechos científicos, es científicamente exacta.
      Me encantó este informe, he aprendido mucho!
      Un saludo cordial a todos !

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