Respuestas (LIX): ¿Por qué son tan fuertes las hormigas? ¿Es realista Ant-Man, de Marvel?

Alberto Sedano ha visto el tráiler de una nueva película de Marvel llamada Ant-Man (os juro por los dioses nuevos y los viejos que no os estoy colando una entrada patrocinada), un superhéroe que tiene un traje que le permite reducir su tamaño al de una hormiga. La película juega con ese concepto que nos suena a todos de “una hormiga puede levantar tropecientas veces propio su peso” para dotar a Ant-Man de una fuerza sobrehumana o, mejor dicho, humana.

Viendo el panorama, a Alberto le ha surgido la siguiente duda: ¿Qué hay de verdad en eso de que si nos hiciéramos pequeños seríamos más fuertes?

Hablemos primero hablaremos de biología para responder a esta pregunta y luego ya veremos si Marvel ha dotado a Ant-Man de unos superpoderes proporcionados.

Si doblamos el tamaño de un objeto cualquiera, su masa no se duplicará como cabría esperar si no le diéramos muchas vueltas al asunto. En realidad, la masa de un objeto aumenta en la misma proporción que su volumen, lo que significa que crece siguiendo una progresión cúbica (una potencia de 3, vaya).

Si esto os suena raro, es muy fácil de ver en el caso de un cubo. Al duplicar el tamaño de cada una de sus tres dimensiones espaciales, el cubo aumentado tendrá un volumen 8 veces mayor  que el original y, por tanto, será 8 veces más masivo.

¿Cómo datamos las cosas? El método del carbono-14 y otros elementos radiactivos.

Aprovechando que en la última entrada estuve hablando sobre por qué los átomos de algunos elementos se transforman en otros porque son inestables, voy a aprovechar que tenemos el tema fresco para hablar sobre cómo somos capaces de conocer la antigüedad de las cosas que nos rodean. Cosas como… Yo que sé… Un hueso encontrado en un yacimiento prehistórico, un fósil de una criatura que vivió en los albores de los tiempos o el propio planeta Tierra.

Así que, en primer lugar, vamos a hablar de una técnica que seguramente nos sonará a todos: la datación por carbono-14.

Como había comentado en la entrada anterior, los átomos están compuestos por protones, neutrones y electrones y el número de protones que contiene el núcleo de un átomo determina a qué elemento corresponde.

El carbono, en concreto, es el elemento que contiene 6 protones en su núcleo. La vida en la Tierra depende de él: los seres vivos lo toman de su entorno para dar forma a las proteínas, aminoácidos y todas las moléculas que componen sus cuerpos. Ese de su entorno es importante para entender el tema de la datación.

La forma más estable del carbono es la que contiene 6 protones y 6 neutrones y, por tanto, tiene 12 partículas en su núcleo. De ahí a que le llamemos carbono-12. Este isótopo representa el 99% del carbono presente en nuestro planeta, así que cuando hablamos de carbono a secas se sobreentiende que hablamos del carbono-12.
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¿Podría existir un número infinito de elementos químicos sin descubrir?

Carbon Cronudo (sospecho que este podría no ser su nombre real) me preguntó hace un tiempo cuántos elementos habrían en la tabla periódica que aún no hemos descubierto y si potencialmente podría existir un número infinito de elementos sin descubrir.

Sin más dilación, vamos a ponernos en contexto.

¿Os habéis preguntado por qué el hierro es hierro y el oro es oro? ¿O por qué el oxígeno es un gas y el mercurio es un líquido? O sea, en el fondo, ¿Qué es lo que hace que un elemento químico presente un color, densidad o, yo que sé, una conductividad eléctrica concretas que lo diferencia de los demás?

Pues, como ya sabréis, resulta que los átomos están compuestos por partículas más pequeñas llamadas protones, neutrones y electrones. Los protones tienen carga positiva y se encuentran en el núcleo del átomo y los electrones, con carga negativa, dan vueltas a su alrededor. Un átomo está en equilibrio eléctrico cuando tiene el mismo número de cargas positivas en su núcleo que negativas dando vueltas a su alrededor o, lo que es lo mismo, cuando contiene el mismo número de protones y electrones.

¿Y entonces para qué sirven los neutrones?
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¿Qué nos pasaría si la rotación de la Tierra se detuviera en seco?

Una pregunta que recibo muy a menudo es “¿Qué pasaría si la Tierra dejara de girar?“. Por el contexto de muchos de los e-mails, deduzco que la mayoría estáis preguntando “¿Qué pasaría si la Tierra dejara de rotar?“, aunque también podríais querer decir “¿Qué pasaría si la Tierra se parara en seco en su órbita alrededor del sol?“.

En la entrada de hoy hablaré de detener de golpe la rotación de la Tierra y tal vez más adelante aborde el escenario de un parón en seco en medio del espacio (por desgracia no tengo mucho tiempo últimamente y no puedo escribir entradas muy largas).

Así que empecemos.

Tanto si la Tierra deja de dar vueltas sobre su eje como si se para en seco en su camino alrededor del sol, el culpable de los cataclismos que se desatarán por toda la superficie terrestre será el mismo: la inercia, que es la tendencia que tienen las cosas que están en movimiento a seguir moviéndose a menos que una fuerza actúe sobre ellas.

Esta es la misma fuerza que resulta mortífera en los accidentes de tráfico. Un vehículo se detiene en seco cuando impacta contra algo, pero sus ocupantes no notan el frenazo al instante y siguen moviéndose respecto al suelo a la misma velocidad que llevaba el coche.

No habrá 4 días de oscuridad el 26 de agosto de 2015 (ni en ninguna otra fecha)

Bueno, bueno, parece que a los autores de las páginas web de conspiraciones no les sentó bien que el día 21 de diciembre de 2012 no se acabara el mundo (luego se escudaron que no se trataba de un fin del mundo real, sino espiritual y entendido cambio de mentalidad global, menuda pataleta), así que ahora se dedican a decir que el 21 de diciembre de este año la Tierra se verá sumida en la oscuridad durante 3 días.

[Actualización: 12/03/2015] Así empecé este mismo artículo el año pasado, cuando las páginas web de conspiraciones anunciaron 3 días de oscuridad para navidades. Como recordaréis todos, no pasó nada.

El mismo bulo ha vuelto a aparecer otra vez, esta vez afirmando que los días de oscuridad ocurrirán a finales de agosto. Por suerte, este tipo de páginas son tan cutres que simplemente se limitan a copiar y pegar los bulos una y otra vez, cambiando un poco las fechas de las predicciones, así que todo lo que expliqué en su día sigue siendo válido para este mismo bulo.

En este artículo explicaré por qué no pueden ocurrir ningún número de días de oscuridad. Así podréis enseñárselo a vuestro amigo que no deja de dar la lata con el tema y dejará de preocuparse por finales del mundo imaginarios de una vez por todas.

Todos los bulos que he encontrado utilizan fenómenos diferentes para explicar estos tres días de oscuridad porque la blogosfera conspiranoica es como una partida gigantesca del juego del teléfono roto. Sin embargo, todos ellos parecen compartir un punto en común: dicen que esta declaración fue hecha por el mismo director de la NASA, Charles Bolden.

Por supuesto, ninguno de los “artículos” muestra un comunicado en el que el director de la NASA haga estas declaraciones, lo que de por sí ya debería hacernos sospechar que se trata de un fraude.

He estado buscando alguna prueba de que Charles Bolden afirmara algo sobre estos tres días de oscuridad y al final he dado con una página esotérica en inglés que habla sobre este mismo tema y que adjunta el siguiente vídeo en el que sí aparece el director de la NASA… Y, cómo no, no dice absolutamente nada al respecto.

Respuestas (LVIII): Respuestas rápidas a varias preguntas que os intrigan

Últimamente voy un poco liado con un proyecto paralelo súpersecreto y no tengo mucho tiempo que invertir en el blog, así que hoy os traigo un recopilatorio de preguntas que me habéis mandado y que tienen respuestas cortas. Además, con el tiempo me he vuelto bastante loco publicando sólo respuestas a preguntas que dan para entradas kilométricas y me sabe mal no estar escribiendo sobre otros temas interesantes sólo porque tienen una explicación rápida.

Pongámonos manos a la obra.

En primer lugar, Bertus Pe preguntaba: ¿Por qué podemos oír el mar en una concha marina?

Y la respuesta es que lo que oyes al llevarte una concha al oído no es el mar.

En realidad, el sonido que se escucha es el ruido de fondo que hay a tu alrededor, amplificado por la estructura interna de la concha. Puedes conseguir el mismo efecto a una escala mucho menor y de una manera muchísimo más romántica cubriéndote las orejas con un vaso.

Josué Nicolás preguntó: ¿Son la atmósfera y la capa de ozono lo mismo?
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Sobre el autor

Jordi Pereyra Marí (Ibiza, 1990). Graduado en Ingeniería Mecánica por la Universidad Politécnica de Catalunya e interesado en… Bueno, casi cualquier cosa.

En 2013 empezó Ciencia de Sofá con la intención de despertar el interés por la ciencia entre el público que está menos familiarizado con ella usando el humor y un lenguaje cercano, una fórmula que lo ha colocado entre los blogs de ciencia en castellano más populares.