Libros que recomiendo (I)

Noticia triste (o no): no voy a poder volver a actualizar el blog con normalidad hasta mediados de julio por motivos laborales, aunque haré lo posible por escribir y colgar alguna entrada que me hace especial ilusión estos días.

Teniendo en cuenta que algunas veces me pedís que os recomiende libros de divulgación, he pensado que podría compensar la falta de contenido del blog recomendando algunos libros que me han llegado a la patata durante los últimos años para que, si os apetece, invirtáis en ellos el tiempo que ibais a pasar leyendo Ciencia de Sofá.

  1. «El fin de la Eternidad», de Isaac Asimov.

El único de ciencia-ficción que voy a incluir en esta lista (porque me encantó la historia y cómo está perfectamente hilada, vaya). La Eternidad es una institución que se dedica a mantener el orden en el tiempo, interviniendo directamente en los acontecimientos de distintas épocas para borrar de la historia de la humanidad los acontecimientos más violentos y asegurarse de que nuestra especie siga el camino más pacífico posible… Intentando a su vez no alterar la historia demasiado, claro. Pero manipular el tiempo a esta escala puede tener efectos inesperados.

2. «Física de lo imposible», de Michio Kaku.

Leí este libro en en 2010, mucho antes de empezar el blog, pero de él me sorprendió la facilidad con la que Michio Kaku explica conceptos básicos sobre física mientras evalúa la viabilidad de distintas tecnologías futuristas (como los viajes en el tiempo, el teletransporte, la invisibilidad, los campos de fuerza y un largo etcétera). Creo que es una buena mezcla para los amantes tanto de la ciencia como de la ciencia-ficción.

3. «El hombre que confundió a su mujer con un sombrero», de Oliver Sacks.

No sé si encaja estrictamente en la casilla de “divulgación”, pero me pareció especialmente curioso. El psicólogo Oliver Sacks expone el desarrollo de algunos de los casos más impactantes que encontró durante su carrera (como del hombre no era capaz de distinguir las formas de las cosas o la mujer que perdió el sentido de la propiocepción) y sirve como muestra de lo complejo puede llegar a ser el cerebro humano.

4. «Superinteligencia: caminos, peligros, estrategias», de Nick Bostrom.

Lo estoy terminando ahora, pero me ha parecido de lo mejor que he leído en mucho tiempo por la profundidad con la que trata el tema y la nueva perspectiva que te ofrece. El filósofo Nick Bostrom habla sobre cómo la inteligencia artificial puede salvar a la humanidad o destruirla por completo, así que explica los escenarios que podría producir esta tecnología que nos podría dejar obsoletos a los seres humanos y de qué maneras podríamos controlar su inmenso poder para evitar que se volviera contra nosotros.

5. «El universo en una taza de café», de Ciencia de Sofá.

En este caso no os fiéis de mi opinión, porque está bastante sesgada. Si os gusta Ciencia de Sofá, puede interesaros este libro en el que hablo sobre cómo los seres humanos hemos pasado de ver unos cuantos puntos brillantes en el cielo a conocer todo lo que sabemos hoy en día sobre el universo: que existen miles de millones de galaxias que contienen miles de millones de estrellas de muchos tipos, agujeros negros, planetas más allá de nuestro sistema solar.

¡Por cierto, si habéis comprado el libro a través de Amazon, estaré encantado si dejáis vuestra opinión (buena  o mala) para poder mejorar!

Si queréis comentar cualquier cosa sobre los libros que he recomendado o queréis recomendar algún otro que os haya parecido interesante, no dudéis en hacerlo en los comentarios.

Muchas gracias por seguir Ciencia de Sofá 🙂

 

¿Hasta qué altura puede saltar un astronauta en la Luna?

Cada vez que comparto la entrada en la que hablo sobre por qué sabemos que el ser humano ha llegado a la Lunaaparece un lector (o, al menos, alguien que comenta la página de Facebook) en la sección de comentarios que me reta a desmentir lo que, según él, es la prueba que demuestra de una vez por todas que la llegada a la Luna fue un montaje.

Por desgracia, no pude leer su argumento hasta que, unas semanas más tarde, me mencionó en un comentario en el que anunciaba al mundo que hacía tiempo que me había enviado el reto, pero que yo no había tenido suficiente queso en mis enchiladas como para plantar cara a su teoría.

¿Cómo se ve el sol desde la superficie del planeta Mercurio?

Jossel SC me envió un e-mail (a jordipereyra@cienciadesofa.com) en el que preguntaba qué tamaño tendría el sol en el cielo si lo viéramos desde la superficie del planeta Mercurio. La cuestión le vino a la cabeza a principios de este mes después de ver fotos del tránsito de este planeta por delante del sol. Como esta, por ejemplo:

Mercurio es ese círculo diminuto de la izquierda. (Fuente)

Y es verdad que en este tipo de imágenes puede dar la impresión de que el sol se debería ver tremendamente grande desde la superficie de Mercurio… Pero hay que tener en cuenta que las fotos son representaciones en dos dimensiones de un espacio tridimensional, así que la mayoría de ellas no reflejan con fidelidad las distancias que separan a los cuerpos celestes y, por tanto, tampoco sus tamaños relativos (de hecho, Mercurio es incluso más pequeño en relación al sol de lo que la imagen sugiere).

A efectos prácticos, el cielo es como una gran pantalla bidimensional en la que aparecen proyectadas las imágenes de los cuerpos celestes que nos rodean y, como sabréis, el tamaño aparente de las cosas cambia según lo lejos que estén de nosotros. Es por eso que la Luna es capaz de tapar el sol durante un eclipse: aunque nuestro satélite tiene un diámetro 400 veces menor que el sol (3.474 km contra 1.400.000 km), se encuentra unas 400 veces más cerca (382.000 km contra 150.000.000 km) y, en consecuencia, presenta más o menos el mismo tamaño en el cielo.
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¿Cómo sabemos que la Luna estaba mucho más cerca en el pasado?

La semana pasada compartí en Facebook un artículo corto que escribí para Muy Interesante en el que hablaba sobre cómo ha variado la distancia que separa la Tierra de la Luna a lo largo del tiempo.

En él comentaba que cree que hace unos 4.600 millones de años, en el momento de su formación, la Luna se encontraba a entre 19.000 y 30.000 kilómetros de la superficie de la Tierra, 10 veces más cerca que en la actualidad. Si hoy en día se encontrara a la misma distancia, entonces nuestro satélite aparecería más o menos así en el cielo:

Es una aproximación burda hecha en base al ángulo que abarca mi cámara, tenedlo en cuenta.

El dato suena muy impresionante y, en cierta manera, difícil de creer. Y es normal: hace 4.600 millones de años no había nadie en la Tierra que pudiera comprobar en sus propias carnes si la luna estaba más cerca y, a primera vista, nuestro satélite no deja ninguna marca física sobre nuestro planeta que nos pueda indicar si su posición ha cambiado con el tiempo. Entonces, ¿cómo podemos estar seguros de que la Luna se encontraba tan cerca en el momento de su formación? 

Eso es precisamente lo que preguntó un usuario de Facebook en los comentarios de la publicación y me pareció una cuestión muy interesante, porque así puedo explicar cómo este tipo de datos, que a primera vista parecen sacados de un libro de ciencia-ficción, en realidad están basados en evidencias y no se los sacan los científicos de la manga.

Sin más preámbulos, zambullámonos en la piscina.

Como comentaba en esta entrada en la que explicaba por qué siempre vemos la misma cara de la Luna, la Luna no da vueltas en círculos alrededor de la Tierra sin que ésta se mueva, sino que ambos dan vueltas alrededor de un centro de gravedad común.
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Desde el punto de vista evolutivo, ¿podrían existir los dragones?

A principios del año pasado respondí a una pregunta que le vino a la cabeza a un lector a raíz del infame documental sobre sirenas que Discovery Channel emite de vez en cuando y en el que, después de 80 minutos comiéndote el tarro intentando convencerte de que las sirenas existen, en los últimos 10 segundos de los créditos se toman la gran molestia de añadir un pequeño texto que te advierte de que, bueno, a lo mejor algún detalle del documental podría ser pura ficción.

Discovery Channel siguiendo los pasos de Canal Histeria (no, no es una errata). En esta entrada explico por qué las sirenas no podrían existir, desde el punto de vista evolutivo.

Hoy toca volver a hablar de seres mitológicos, ya que Enrique Raymond me preguntó si existiría alguna posibilidad de que la evolución de alguna especie hubiera producido algo parecido a los dragones. Como cada cultura ha descrito la figura del dragón a su manera a lo largo de la historia, vamos a definir primero de qué tipo de animal estaríamos hablando.
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Respuestas (LXVIII): ¿Qué pasaría si todos los océanos se secaran?

Agustín Lara me mandó un correo electrónico (a jordipereyra@cienciadesofa.com) en el que preguntaba qué pasaría si todos los océanos se secaran. 

Para añadir un poco de realismo este tema tan interesante, primero habrá que aclarar por qué se han secado los océanos en el mundo de Agustín. Por ejemplo, un aumento brutal de la temperatura de la Tierra los podría haber evaporado.

A ver, Ciencia de Sofá, precisamente eso no podría ocurrir nunca. Seamos Sé un poco realista.

Al contrario, voz cursiva. Por mucho cariño que les hayamos pillado a los océanos a lo largo de la historia, en realidad son un bien pasajero que está condenado a desaparecer en algún momento del futuro lejano. El culpable es el sol: la misma estrella que ha posibilitado la vida en la Tierra durante unos 3.500 millones de años  convertirá nuestro mundo en un infierno a medida que vaya envejeciendo, hinchándose y emitiendo cada vez más energía.

Aunque se suele prestar mucha atención a la posibilidad de que el sol se trague la Tierra durante este proceso (en unos 7.600 millones de años), la verdad es que nuestro planeta habrá dejado de ser habitable mucho antes. Dentro de “sólo” 1.000 millones de años, la temperatura media de nuestra atmósfera habrá alcanzado los 70ºC y los océanos se empezarán a evaporar.

El vapor de agua también es un gas de efecto invernadero, así que es posible que la evaporación de toda el agua del planeta haga que la Tierra se precipite en una espiral térmica descontrolada que termine convirtiendo nuestro mundo en algo más parecido a Venus.

Bienvenidos a Venus, espero que os gusten las lluvias de ácido sulfúrico y temperaturas de 465ºC.

Así que ahí tienes tu respuesta, Agustín. Os vuelvo a ver en la próxima entrada que, como siempre, será en algún momento indetermin…

¡Ah, no, no! Mira, sé que tienes sueño y que mañana tienes que ir pronto a hacer cola para renovar el DNI porque perdiste la cita que llevabas un mes esperando, pero tengo la certeza de que la pregunta de Agustín iba más en la línea de “¿y si los océanos desaparecieran mágicamente sin dejar rastro?” y que ahora mismo se siente muy estafado.

Gracias, voz cursiva, debo admitir que a mí también me estaba dejando a medias mi propia respuesta. La buena noticia es que no hace falta recurrir a la magia para que los océanos desaparezcan sin evaporarse.
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¿Cómo sabemos el tamaño del sistema solar?

En este nuevo vídeo quería explicar cómo en el siglo XVIII descubrimos que el sistema solar es un lugar mucho más grande de lo que esperábamos, pese a que no contáramos con tecnologías sofisticadas. En los siguientes vídeos hablaré sobre cómo este descubrimiento nos sirvió de base para seguir escalando el resto del universo.

Por cierto, ahora tengo un micro decente, así que espero que el audio sea de vuestro agrado a partir de ahora (lo digo de verdad, no en plan pasivo-agresivo).

Os dejo con mi clon miniaturizado:

 

Los dinosaurios también tenían cáncer

Eh, Ciencia de Sofá, ¿sabes qué?

No, voz cursiva, dime.

El cáncer es una enfermedad moderna creada por el hombre y nunca antes había existido en este planeta.

El escepticómetro se acaba de explotar, pero te voy a dar el beneficio de la duda: ¿de dónde has sacado esta idea?

No me acuerdo bien… Diría que en algún blog con el fondo negro, las letras blancas y el 80% del texto escrito en mayúsculas que repetía mucho la palabra “verdad”.

Entonces creo que me veré obligado a discrepar.

En internet se pueden encontrar todo tipo de historias conspiranoicas sin fundamento que giran alrededor de cualquier tema relacionado con la salud. Este tipo de información es peligrosa porque es capaz de hacer que la gente tome decisiones terribles, como dejar de vacunar a sus hijos… Algo que puede tener consecuencias trágicas.

Pero hay una clase de charlatanes especialmente despreciable:  los que se dedican a inventar conspiraciones con las que asustan a los pacientes de cáncer que están desesperados, con el objetivo de alejarlos de la medicina y venderles sus “remedios alternativos” que no tienen fundamento alguno. ¿Cómo iban a vender un producto que no funciona, si no es con engaños?

Un tema que se repite con frecuencia en este tipo de conspiraciones es la idea de que el cáncer es un invento moderno o una enfermedad creada por el hombre así que hoy quería desmentir estas ideas y, de paso, hablar de algunas cosas que me han parecido interesantes.

En primer lugar, “cáncer” es el nombre genérico que se le da a un conjunto de más de 200 enfermedades que provocan la proliferación descontrolada de las células a las que afectan. 

Las células que nos componen no son inmortales, de modo que se tienen que reproducir por mitosis de manera constante para que nuestros cuerpos no se queden sin ellas. La mitosis es el proceso mediante el cual una célula hace una copia de sí misma, como podéis ver en este vídeo.

¿Podemos comunicarnos más rápido que la luz usando el entrelazamiento cuántico?

Hoy toca hablar de uno de esos fenómenos que parecen desafiar toda lógica y que hacen que mi bandeja de entrada (jordipereyra@cienciadesofa.com) termine llena de preguntas imaginativas. No me estoy quejando, me parece estupendo.

El entrelazamiento cuántico es un fenómeno que permite a una partícula influenciar el estado de otra de manera instantánea, por muy grande que sea la distancia que las separa. Las partículas entrelazadas podrían encontrarse en extremos opuestos del universo observable y el efecto de una sobre otra seguiría siendo instantáneo mientras la luz, propagándose a velocidad de caracol por el vacío a casi 300.000 kilómetros por segundo, tardaría 92.000 millones de años en cubrir la misma distancia.

Sabiendo esto, es normal que muchos me hayáis preguntado si podríamos utilizar este principio para comunicarnos de manera instantánea desde cualquier punto del universo. Ya he recibido demasiados e-mails sobre este tema como para continuar respondiendo “sí, no te preocupes, tengo esa entrada pendiente” y seguir durmiendo tranquilo por las noches, así que ahí va mi intento.

El entrelazamiento cuántico es una de tantas propiedades poco intuitivas derivadas de la mecánica cuántica, el campo de la física que se dedica al estudio del comportamiento estadístico del mundo subatómico. Si eso de que las partículas tienen un comportamiento estadístico no os convence demasiado, introduje la historia del desarrollo de esta teoría y la confirmación de su validez en este vídeo:

Pero antes de ver qué tiene que ver todo esto con la comunicación superlumínica, veamos con más detalle en qué consiste eso del entrelazamiento cuántico utilizando como ejemplo una propiedad que tienen las partículas llamada “spin“.
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“Triton”, el invento que NO nos permitirá respirar bajo el agua

El mundo está lleno de personas que tienen muy buenas ideas pero pocos recursos para llevarlas a cabo. Pero ahora, gracias a portales de crowdfunding como Kickstarter o Indiegogo, esta gente tiene más posibilidades de recaudar el dinero que necesitan para sacar sus proyectos adelante. Aunque, claro, en estos mismos portales también se pueden encontrar ideas terribles, pero que están tan bien presentadas que sus autores terminan consiguiendo los fondos que necesitan para llevarlas a cabo.

Pero, por mucho que nos pueda fastidiar ver triunfar una mala idea mientras otras mucho mejores no llegan a recaudar el presupuesto necesario, hay una categoría de proyectos que hacen que la sangre te hierva con un vigor especial: los farsantes que presentan ideas muy atractivas en las que la gente está dispuesta a invertir mucho dinero, pero que no tienen el detalle de informar a sus mecenas de que esas ideas en las que están invirtiendo dinero son conceptos imposibles de realizar.

Y en esa categoría cae Triton, un aparato que, según el proyecto original de 2014, nos permitiría respirar bajo el agua como lo hacen los peces. Lo que están ofreciendo sus creadores son unas “branquias artificiales” que tendrían esta pinta…

Divulgación científica para mentes distraídas.